Según un geológo del Conicet, Mendoza entró en una "ventana de probabilidad" sísmica

El geólogo e investigador del CONICET Andrés Folguera explicó en Radio Post que la provincia puede registrar terremotos de magnitud 7 o más y que los movimientos recientes de Colombia y Venezuela responden a ciclos naturales. Alertó por el crecimiento urbano sobre zonas de riesgo y pidió reforzar las construcciones, especialmente hospitales y escuelas.

Los terremotos que sacudieron recientemente a Colombia y Venezuela volvieron a poner bajo la lupa el riesgo sísmico en Mendoza. Sin embargo, para el geólogo e investigador del CONICET Andrés Folguera, esos movimientos no están provocando un efecto directo sobre la Cordillera de los Andes ni significan que exista actualmente un fenómeno extraordinario en la Tierra.

Lo que sí hacen, según explicó en una entrevista con el programa "A pesar las llamas" por Radio Post, es mostrar una situación que también puede darse en Mendoza: una región con numerosas fallas activas, algunas de ellas capaces de generar terremotos de magnitud 7 o superior, y una población que se ha expandido sobre zonas que presentan distintos niveles de riesgo.

"Lo que se ve en Colombia es una fotografía de algo que puede suceder en un futuro cercano a la Argentina", afirmó.

Folguera explicó que Mendoza comparte con las regiones afectadas de Colombia y Venezuela una condición geológica fundamental.

"La zona de Mendoza tiene exactamente las mismas condiciones, tienen fallas activas, que han sido destructivas, que producen terremotos de magnitud 7, perfectamente 6,5, 7,5", señaló.

Pero aclaró que los terremotos ocurridos en esos países no tienen una relación directa con lo que pueda suceder en la Cordillera.

Mendoza, rodeada de fallas activas

Una de las principales advertencias del especialista fue que el riesgo sísmico no está asociado únicamente a zonas alejadas de la capital provincial. La propia ciudad de Mendoza está atravesada o rodeada por estructuras geológicas activas.

"La ciudad de Mendoza, para no ir tan lejos, está rodeada de fallas activas. La falla de la Cal pasa por abajo de la ciudad de Mendoza. La falla del Cerro de la Gloria pasa por la Cordillera Occidental", explicó.

Hacia el sur de la provincia, además, existen sectores que continúan elevándose y deformándose activamente, como el anticlinal Borbollón y el anticlinal Barrancas.

Para Folguera, el problema se agrava porque la expansión urbana no siempre tuvo en cuenta esa realidad geológica.

"La ciudad se ha expandido en forma desordenada y construyendo sobre zonas que no debiera construir, que tiene un alto riesgo sísmico", advirtió.

En ese punto, el especialista consideró especialmente preocupante el dato mencionado durante la entrevista sobre el relevamiento del Colegio de Ingenieros, según el cual el 30% de las construcciones de Mendoza serían clandestinas.

"Ese dato que dijo el Colegio de Ingenieros, que yo no lo sabía, es la revelación más directa", sostuvo.

La información, además, contradice en parte la imagen tradicional de Mendoza como una provincia particularmente preparada para los terremotos.

"Estos días me preguntaron qué porcentaje tenía Mendoza siendo lugar con una cultura sísmica y que siempre se da como un ejemplo dentro de la Argentina de preparación sismorresistente, pero bueno, evidentemente es lo que sospechaba. Que no es tal", señaló.

Qué se puede hacer con las construcciones que ya existen

Folguera planteó que una parte del problema ya no puede resolverse modificando el pasado.

"No hay forma de corregirlo eso, porque las construcciones están. Ya está, ya se hicieron", afirmó.

Pero consideró que sí existen herramientas para reducir el riesgo futuro.

"Hay que empezar de aquí en adelante en evaluar, controlar mejor y construir como corresponde", sostuvo.

Además, explicó que existen técnicas de ingeniería para reforzar estructuras existentes, especialmente aquellas que cumplen funciones esenciales.

"Hay técnicas de poder reforzar estructuras", indicó.

Y remarcó que esa tarea debería comenzar especialmente en edificios antiguos, hospitales y escuelas, mientras que las nuevas construcciones públicas deben cumplir estrictamente con las normas sismorresistentes.

Por qué habla de una "ventana de probabilidad"

Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue el de la "ventana" de probabilidad sísmica.

Folguera explicó que las fallas activas son fracturas que permanecen trabadas mientras las placas tectónicas continúan moviéndose. Esa dinámica hace que la tensión se acumule hasta que la estructura finalmente se rompe y libera la energía acumulada.

"Las fallas son fracturas que están en general trabadas. Las placas se siguen moviendo, pero esas fracturas son como cicatrices que tiene el continente que están trabadas. Van recuperando tensiones hasta que en un momento no aguantan más y se liberan", describió.

Ese mecanismo genera períodos de acumulación y liberación de energía.

"Eso hace que las fallas tengan ciclos de trabado y liberación", explicó.

Pero esos ciclos no son iguales para todas las estructuras. Algunas fallas pueden tener ciclos de 50 años, otras de 100 o 150 años, dependiendo de sus características.

Por eso, el especialista aclaró que no se puede establecer una fecha exacta para el próximo terremoto. La información disponible permite trabajar con probabilidades y registros históricos.

"Cuándo se va a romper y dónde se va a romper es estadístico", señaló.

Según su análisis del registro histórico, Argentina viene registrando terremotos destructivos con una recurrencia aproximada de 25 o 30 años.

Mencionó, entre otros antecedentes, los terremotos de Mendoza de 1861 y 1929 y los de San Juan de 1944 y 1977.

"Lo que estamos viendo es que cada 25 o 30 años hay un terremoto destructivo en la Argentina. Sí, eso quiere decir que ya estamos en una ventana de probabilidad", afirmó.

Argentina tuvo suerte por su baja densidad poblacional

Folguera explicó que el impacto histórico de los terremotos en Argentina también estuvo condicionado por una cuestión demográfica.

"En la gran mayoría de los casos venimos teniendo suerte. ¿Por qué? Porque tenemos un país muy grande que está relativamente despoblado todavía, no comparable con Colombia que tiene mucha más densidad de población o Venezuela. Entonces, muchos de esos sismos caen en lugares con baja densidad de población", explicó.

Pero ese factor de protección se está reduciendo.

El crecimiento de las ciudades y la expansión de la población hacen que aumente la posibilidad de que una falla activa se rompa cerca de un centro urbano.

"Cada vez estamos en una situación demográfica más compleja y hay más posibilidades de que esos sismos destruyan una ciudad", advirtió.

Por eso, según el geólogo, un terremoto de magnitud 6,5 que ocurra cerca de una ciudad tendría consecuencias muy diferentes de otro movimiento de igual intensidad registrado en una zona prácticamente despoblada.

"El día que un sismo de magnitud 6,5 se acerque a una ciudad va a pasar lo que pasó en Mendoza en 1801 o en San Juan en 1944", afirmó.

Colombia y Venezuela: no hay un fenómeno extraordinario

Otro de los puntos de la entrevista fue la posibilidad de que los terremotos recientes de Colombia y Venezuela respondan a un cambio excepcional en la dinámica del planeta.

Folguera descartó esa hipótesis.

"La segunda, definitivamente", respondió cuando se le planteó que estos movimientos podían formar parte simplemente de los ciclos naturales de la Tierra.

Como ejemplo, recordó que Colombia registró terremotos de magnitud similar en 2004 y 2012, además de movimientos de mayor magnitud en 1979 y 1998-1999.

"Por eso se descartó de plano esa mirada de que, bueno, que la Tierra se está moviendo de otra manera ahora", explicó.

Para el investigador, aceptar que estos fenómenos forman parte de la dinámica natural del planeta es incluso una manera más útil de enfrentar el riesgo.

"Nos conviene pensar que no son procesos naturales que van a suceder", afirmó, en referencia a la necesidad de asumir que los terremotos ocurrirán y prepararse para sus consecuencias.

La conclusión, según Folguera, es que no se puede evitar el movimiento sísmico, pero sí reducir sus efectos.

"La única posibilidad es adelantarse y cuidarse, exigirle a las autoridades estar al loro", sostuvo.

El riesgo para el dique Potrerillos

Durante la entrevista también fue consultado por el riesgo que podría representar un terremoto de gran magnitud para el dique Potrerillos y por la posibilidad de que exista en Mendoza un terremoto extremadamente violento con una recurrencia de miles de años.

Folguera fue prudente frente a las afirmaciones sobre supuestos terremotos "decamilenarios".

"De cada diez mil años no tiene sentido, nadie lo sabe eso, porque como decimos, los comportamientos de las fallas son difíciles de determinar. Muy raramente se sabe cada cuánto una falla se activa. Eso requiere estudio y enfocarse en una falla durante mucho tiempo", explicó.

Sin embargo, fue categórico respecto de la posibilidad de terremotos importantes en Mendoza.

"Ahora en Mendoza definitivamente van a tener terremotos todos los siglos de magnitud siete o más", aseguró.

Sobre el comportamiento del dique frente a un evento de esas características, aclaró que no podía determinarlo porque se trata de una cuestión de ingeniería.

"¿Cuánto eso puede desestabilizar la pared del dique Potrerillos? No podría decirlo yo porque es un problema ingenieril", explicó.

Pero inmediatamente agregó:

"Si hay dudas acerca de si esa estructura sostiene un terremoto de magnitud siete o más, la respuesta es seguro va a haber terremotos de magnitud 7 o más. Eso es una realidad, no es una especulación".

Y fue todavía más contundente: "Van a ocurrir varios en el siglo".

Lo que no puede determinarse es si alguno de esos terremotos tendrá una ubicación suficientemente cercana como para afectar al dique.

Las fallas que atraviesan Mendoza

Folguera detalló además algunas de las principales estructuras geológicas que deberían ser consideradas en la planificación territorial de Mendoza.

Explicó que la falla de la Cal pasa por debajo de la avenida San Martín y recordó su relación con el terremoto que destruyó la ciudad en 1861.

"La falla de la Cal pasa por la avenida San Martín, por abajo de la avenida San Martín", señaló.

"Esa falla destruyó la ciudad de Mendoza en 1861", agregó.

También mencionó una falla ubicada al pie del Cerro de la Gloria, que se extiende hacia el sur, y explicó que ese sistema continúa hacia estructuras relacionadas con la falla de Las Peñas.

Hacia el sur de la provincia aparecen además las zonas tectónicamente activas de Barrancas y Borbollón.

"Ustedes están absolutamente rodeados de fallas activas", resumió.

Según explicó, se trata de estructuras de decenas de kilómetros de extensión y algunas de ellas tienen una importancia geológica comparable, por su capacidad destructiva, a grandes sistemas de fallas conocidos internacionalmente.

"Son fallas de primer orden. O sea, cuando ustedes hablan de la falla de San Andrés, son grandes fallas que pueden producir terremotos de magnitud 7 o más", afirmó.

Por esa razón, dijo que son estudiadas por investigadores internacionales.

"Son estudiadas por consorcios de investigadores internacionales. Vienen los americanos, vienen los españoles, vienen a verlas, vienen a estudiarlas", explicó.

Una agenda de largo plazo

En el cierre de la entrevista, Folguera trasladó la discusión desde la geología hacia la responsabilidad política y social.

Consideró que Mendoza tiene condiciones favorables para enfrentar el problema porque posee una sociedad con una fuerte cultura cívica y capacidad para exigir respuestas.

"Mendoza tiene muchos puntos a favor, tiene cultura cívica, tiene una sociedad culta que es demandante porque los mendocinos son bravos, igual que los cordobeses", sostuvo.

Y reclamó que las discusiones políticas no pierdan de vista los problemas estructurales que pueden afectar a la provincia durante décadas.

"Nosotros como sociedad estamos en el largo plazo. Vivimos en el lugar donde viven nuestros hijos y probablemente los nietos. Entonces, miramos un largo plazo", afirmó.

Por eso, llamó a poner el desarrollo urbano, la prevención sísmica y la planificación territorial en el centro de la agenda.

"Tenemos que decir: bueno, basta, concéntrense en una agenda que tiene que ver con el desarrollo, con el largo plazo, con las dramáticas reales", concluyó.

Para Folguera, el debate no pasa por saber si Mendoza volverá a sufrir un terremoto importante, sino por cuánto estará preparada la provincia cuando ocurra.

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