Súper Niño: Mendoza tendría más lluvias, pero sin una señal destructiva
El investigador el Conicet, Juan Rivera señaló en Radio Post que el mayor impacto del fenómeno en Mendoza ya se produjo durante el invierno, asociado a las nevadas en cordillera. Para los meses cálidos, los pronósticos muestran una señal de lluvias por encima de lo normal, aunque mucho más débil que en otras regiones argentinas. También explicó por qué el cambio climático puede agravar sus efectos.
La posibilidad de que el fenómeno de El Niño genere eventos climáticos de mayor intensidad durante los próximos meses llevó al Gobierno de Mendoza a reunir a distintos organismos y especialistas para analizar escenarios y anticiparse a eventuales emergencias. Sin embargo, desde el ámbito científico advierten que, por ahora, los pronósticos no muestran para Mendoza una señal que permita anticipar un escenario destructivo durante el verano.
Así lo explicó en diálogo con el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post el climatólogo Juan Rivera, doctor en Ciencias de la Atmósfera e investigador del Conicet, quien además puso el foco en una diferencia central: el comportamiento de El Niño no es igual en toda la Argentina ni tiene el mismo impacto en Mendoza durante el invierno que durante los meses cálidos.
Rivera aclaró, en primer lugar, que no participó de la reunión realizada por el Gobierno provincial y que desconoce si hubo representantes del Conicet en ese encuentro.
El mayor impacto de El Niño en Mendoza se da durante el invierno
Según explicó el especialista, Mendoza ya atravesó el período en el que históricamente la influencia de El Niño resulta más significativa para la provincia.
"Por lo general, lo que hemos venido explicando en las últimas semanas es que el impacto mayor de El Niño en Mendoza es invernal", señaló Rivera.
Ese impacto está particularmente relacionado con la cordillera de los Andes y las nevadas. De hecho, los pronósticos que se habían elaborado previamente habían anticipado una elevada probabilidad de acumulados de nieve superiores a los normales, escenario que finalmente se concretó.
"Se asocia a las nevadas de invierno en la cordillera de los Andes", explicó el climatólogo.
La situación cambia cuando comienza la temporada cálida. En ese período, la influencia de El Niño se desplaza hacia otras regiones del continente.
"Después, cuando comienzan los meses cálidos, la señal de El Niño tiende a moverse hacia la región pampeana, hacia el centro-este de Argentina, sur de Brasil, Uruguay y Paraguay", detalló Rivera.
Es justamente en esa zona donde actualmente aparece la señal más marcada en los pronósticos internacionales.
"Ahí está el núcleo mayor de la señal, donde sí se esperan fenómenos significativos vinculados a precipitaciones abundantes", explicó.
Mendoza queda en una zona de transición
La situación de Mendoza es diferente. El territorio provincial, particularmente el área de llanura, queda fuera del núcleo donde se espera la mayor influencia de las lluvias asociadas al fenómeno.
"La zona de llano de Mendoza queda en una zona transicional, marginal", sostuvo Rivera.
De acuerdo con los pronósticos disponibles actualmente, existe una probabilidad algo mayor a la normal de que Mendoza registre precipitaciones superiores a los valores habituales, pero el especialista remarcó que esa señal está lejos de tener la intensidad que se observa en otras regiones del país.
"Las probabilidades de registrar, según lo que nos muestran los pronósticos ahora de los principales centros de pronóstico del mundo, es que estamos levemente por encima de registrar precipitaciones por encima de lo normal", indicó.
Por eso, Rivera pidió diferenciar el escenario actual del que se había observado para las nevadas cordilleranas.
"No es como la señal que vimos en los pronósticos que daban 70 u 80% de probabilidad de registrar mayores acumulados de nieve, que es una probabilidad muy alta y es lo que sucedió", recordó.
Para el verano, en cambio, el panorama es bastante menos definido.
"Para el verano es bastante difuso el panorama por las lluvias en la región", afirmó.
Y agregó: "Sí va a llover un poco más, pero no va a llover, por ejemplo, en la magnitud que esperan otras zonas del país como La Pampa o el Litoral".
"Estamos en agosto, estamos haciendo un pronóstico para enero"
Uno de los principales llamados de atención del climatólogo estuvo relacionado con la necesidad de interpretar correctamente los pronósticos de largo plazo.
Rivera utilizó un ejemplo para explicar por qué una determinada probabilidad no equivale a una certeza sobre lo que finalmente ocurrirá.
"Son probabilidades, estamos en agosto, estamos haciendo un pronóstico para enero, diciembre, falta un montón", señaló.
Por ese motivo, consideró que todavía es demasiado pronto para establecer conclusiones definitivas sobre la magnitud que podrían tener las precipitaciones en Mendoza durante el verano.
"Entonces todavía el panorama está difuso como para poner certeza en el asunto", sostuvo.
El especialista, sin embargo, no cuestionó las medidas preventivas que pueda adoptar el Gobierno. Por el contrario, consideró que mejorar la infraestructura y prepararse para distintos escenarios es conveniente más allá de que finalmente se produzca o no un evento extremo.
"Si quieren hacer, a ver, toda infraestructura es bienvenida porque si no pasa con este Niño va a pasar con el siguiente o con La Niña o por un evento neutral", afirmó.
Y planteó que, con la información disponible actualmente, no aparece una señal que permita anticipar un escenario de grandes dimensiones para Mendoza.
"El panorama actual no pareciera estar dando una señal destructiva", concluyó.
Primavera: Rivera cuestionó la certeza sobre septiembre y octubre
Durante la entrevista también se mencionó uno de los puntos planteados en la reunión del Gobierno provincial: la posibilidad de que los efectos más importantes del fenómeno se produzcan durante la primavera, especialmente en septiembre y octubre.
Consultado específicamente sobre esa posibilidad, Rivera fue contundente.
"No hay estudios científicos que analicen eso", respondió.
Ante la pregunta sobre cuál sería entonces la información utilizada para sostener ese escenario, agregó: "No te sabría decir de dónde se basan o con qué información están trabajando como para dar esa certeza".
De esta manera, el investigador diferenció entre las señales que actualmente muestran los principales modelos climáticos y aquellas afirmaciones que permiten establecer un período determinado como especialmente crítico para Mendoza.
El cambio climático no provoca El Niño, pero puede intensificar sus efectos
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la relación entre El Niño y el cambio climático.
Rivera explicó que se trata de fenómenos diferentes. El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático y existe desde mucho antes de la actividad humana.
"El fenómeno de El Niño es un fenómeno de variabilidad natural que existe desde antes que existan las actividades humanas", explicó.
Por lo tanto, el calentamiento global no genera El Niño ni determina que el fenómeno aparezca. "Ocurrió y va a seguir ocurriendo", sostuvo.
El problema está en lo que ocurre cuando ese fenómeno natural se desarrolla en una atmósfera que ya está más caliente como consecuencia del aumento de los gases de efecto invernadero.
"El problema es justamente el impacto porque en una atmósfera más caliente como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero, tenés más vapor de agua disponible", explicó Rivera.
Ese mayor contenido de vapor puede traducirse en precipitaciones más intensas cuando se combinan determinadas condiciones atmosféricas.
"Ese vapor de agua es traducible a mayores precipitaciones cuando lleguen los meses donde la señal del fenómeno de El Niño se magnifica", agregó.
Por eso, ante la pregunta de si el cambio climático influye sobre El Niño, el especialista estableció una diferencia precisa: no modifica el fenómeno natural en sí mismo, pero sí puede aumentar la intensidad de sus consecuencias.
"No ejerce influencia sobre el evento, el fenómeno natural en sí, pero sí sobre los impactos que este desencadena", afirmó.
Ante la repregunta sobre si entonces puede agudizar sus efectos, Rivera respondió: "Exacto".
Un escenario que todavía deberá seguirse de cerca
La conclusión del especialista es que Mendoza no aparece actualmente entre las zonas con mayor señal de precipitaciones asociadas a El Niño para los próximos meses. El impacto más claro del fenómeno sobre la provincia estuvo relacionado con las nevadas cordilleranas durante el invierno, mientras que para la temporada cálida la señal sobre el llano mendocino es más débil y permanece dentro de un escenario de incertidumbre.
Esto no implica descartar la prevención. Por el contrario, Rivera consideró positiva cualquier mejora de infraestructura destinada a reducir riesgos frente a futuros eventos climáticos.
Pero, con los pronósticos disponibles a fines de agosto, no existen elementos científicos suficientes para afirmar que Mendoza enfrentará durante septiembre, octubre o el verano un escenario destructivo por efecto del Súper Niño.
Y, como remarcó Rivera, todavía queda tiempo para actualizar los modelos y precisar el panorama: "A medida que nos acerquemos a la fecha seguimos afinando un poquito el pronóstico también".
Editó Carina Pérez