Super Niño: qué puede hacer Mendoza para aprovechar el agua y prepararse para futuras sequías

El ingeniero hidráulico Marcelo Toledo, coordinador del Plan Hídrico de Mendoza, explicó que la abundante nieve prevista para esta temporada puede convertirse en una oportunidad para recargar los acuíferos. Propuso intervenir sectores del río Mendoza para favorecer la infiltración y advirtió que, más allá de las grandes obras, el desafío pasa por optimizar el uso del agua y planificar pensando en las próximas décadas.

La abundancia de nieve que dejó el invierno y el escenario asociado al fenómeno de El Niño anticipan una temporada con mayor disponibilidad de agua para Mendoza. Sin embargo, para el ingeniero hidráulico Marcelo Toledo, profesor titular de Hidrología y Obras Hidráulicas de la UTN y coordinador del Plan Hídrico provincial, el desafío no debería limitarse a administrar el caudal que llegará a los embalses, sino a aprovechar este escenario para fortalecer las reservas de agua de la provincia.

En diálogo con el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post, Toledo diferenció el fenómeno de El Niño de un proceso de mayor alcance: el cambio climático. Mientras el primero puede generar temporalmente condiciones más favorables de humedad y nieve en la región, los modelos de largo plazo anticipan una tendencia a una menor disponibilidad de agua en los ríos de Mendoza y otras provincias de la región.

"El cambio climático nos está diciendo, a previsiones más a largo plazo, como un escenario 2100, que la tendencia de los ríos, sobre todo en las zonas nuestras, Mendoza y hacia el norte, San Juan, Catamarca, La Rioja, es a tener cada vez menos disponibilidad a nivel medio", explicó.

La oportunidad de recargar los acuíferos

Toledo señaló que el actual escenario de abundante nieve puede generar una oportunidad para reforzar una reserva estratégica que muchas veces queda en segundo plano: el agua subterránea.

"¿Cuál es nuestra gran reserva normalmente y natural? El agua subterránea", sostuvo, y agregó que también deben considerarse los glaciares como otra reserva de agua de la provincia.

El especialista recordó que durante la gran sequía registrada entre fines de la década de 1960 y comienzos de los 70, Mendoza y San Juan debieron recurrir con mayor intensidad a los acuíferos. Por eso, consideró que incrementar ahora su nivel de recarga permitiría contar con un respaldo mayor frente a futuros períodos secos.

"El agua subterránea es un recurso sumamente estratégico", afirmó. "Es justamente el pulmón cuando uno tiene necesidad de agua".

La propuesta apunta especialmente a aprovechar el agua que no pueda ser almacenada en Potrerillos, debido a la capacidad limitada del embalse. Según explicó Toledo, una parte del excedente continuará su recorrido por el sistema, mientras que otra podría infiltrarse naturalmente hacia los acuíferos si se generan mejores condiciones.

El sector que identificó como particularmente importante está ubicado sobre el río Mendoza, aguas abajo de Potrerillos y hasta el dique Cipolletti, donde se concentra una de las principales zonas de recarga de los acuíferos.

Allí, planteó la posibilidad de realizar trabajos con maquinaria para remover sedimentos y materiales finos que dificultan la infiltración del agua.

"Tal vez habría que planificar rápidamente una acción con maquinarias para que, si hay lugares que tengan muchos sedimentos, que serían elementos finos, suelo fino que no permiten la infiltración, tratar de poner máquinas, hacer como una especie de 'peinado', cosa que el agua se pueda infiltrar", explicó.

Según Toledo, no se trataría de una megaobra de infraestructura, sino de intervenciones concretas sobre el cauce que permitirían que parte del agua disponible ingrese al subsuelo y fortalezca las reservas para los próximos años.

Potrerillos no alcanza para almacenar todo el excedente

El especialista también puso en perspectiva la capacidad de Potrerillos. Señaló que el embalse tiene una capacidad útil cercana a los 300 hectómetros cúbicos, mientras que aproximadamente otros 100 corresponden al denominado embalse muerto, espacio que se va ocupando con sedimentos.

"Nosotros no podemos contener todo el agua que venga en el embalse Potrerillos porque tiene una capacidad chica, es una capacidad limitada", indicó.

Por eso, consideró que el debate sobre nuevas obras de regulación continúa siendo válido, aunque debe analizarse teniendo en cuenta la disponibilidad futura de los ríos.

Entre las alternativas que mencionó aparecen la presa Uspallata y un posible aprovechamiento en el río Tupungato. También señaló que la presa Uspallata quedó planteada como una idea de proyecto, pero aclaró que no existe actualmente una instancia de licitación o construcción.

"Son proyectos que han pasado 20, 30, 50 años de estudio de análisis", explicó Toledo. En el caso de Uspallata, señaló que se trata de un nivel de "factibilidad" y no de una obra que esté próxima a ejecutarse.

El especialista también advirtió sobre otro problema que afecta a los embalses existentes: la acumulación de sedimentos.

"Lo más importante, el recurso de riesgo, más que tratar de ahora ir a una presa nueva, sería tal vez conveniente, el problema que tenemos en la presa embalse Potrerillos, como lo tenemos también en el Carrizal es el arrastre sólido", señaló.

En ese sentido, propuso evaluar medidas para contener sedimentos en distintos torrentes que desembocan en los ríos, con el objetivo de extender la vida útil de los embalses.

El desafío también está en cómo se utiliza el agua

Más allá de las presas y de la infraestructura para almacenar agua, Toledo puso el foco en un aspecto que considera determinante: la eficiencia en el uso del recurso.

Según explicó, el sistema hídrico puede mejorar su eficiencia si se trabaja directamente sobre los usuarios, tanto en las fincas como en los hogares.

"El mayor demandante es el usuario", afirmó. Y agregó: "El que gasta el agua somos los usuarios, tanto los que estamos dentro las casas o los que están adentro de la finca".

Para el especialista, avanzar en sistemas de riego más eficientes puede generar un impacto mayor que concentrar todos los esfuerzos en nuevas obras destinadas a aumentar la oferta.

"Ahí se ha demostrado que si se toca esa variable dentro de todo este ciclo hidrológico, la optimización del agua es muchísimo más efectiva que generar una gran obra para la oferta", sostuvo.

En ese punto también reconoció las dificultades económicas que enfrentan muchos productores para incorporar tecnologías de riego presurizado o automatizado.

"El productor si podía tener un sistema automatizado y que todo funcione presurizado con regulación, imaginate que yo creo que va a ir por ese lado", explicó.

Una planificación que exceda a Irrigación

Toledo también planteó que la gestión del agua no puede quedar exclusivamente en manos de los organismos vinculados al recurso hídrico. A su entender, los municipios tienen un papel central porque las decisiones sobre desarrollo territorial están directamente relacionadas con la disponibilidad de agua.

"El gran actor territorial es el municipio", afirmó. Y cuestionó la idea instalada de que el agua es un asunto que corresponde únicamente a Irrigación.

"El mendocino se desentiende y dice: 'Bueno, esto lo maneja Irrigación'. Pero ese agua está vinculada a un desarrollo territorial", sostuvo.

En ese sentido, consideró necesario que los organismos provinciales, municipios, universidades, especialistas y usuarios trabajen bajo una estrategia común.

"Tenemos que confluir todos los actores, estatales y también el privado", señaló.

Para Toledo, Mendoza debería utilizar el horizonte de 2030 como una primera meta para ordenar estas políticas y llegar a 2050 con una planificación hídrica más integrada.

"El mendocino se tiene que poner las pilas y pensar que al 2030 tenemos que estar ordenados en estos conceptos", planteó.

Y resumió el desafío de las próximas décadas con una definición: Mendoza probablemente tendrá que convivir con una disponibilidad hídrica más ajustada, pero puede prepararse mejor mediante una combinación de obras, eficiencia y planificación.

"Tal vez un poquito más seca, pero con un poquito más de optimización", afirmó. "No vamos a ser Israel, digamos, pero tenemos que tratar de llegar a algo".

Para el ingeniero, la discusión actual también obliga a revisar las herramientas con las que la provincia administra el recurso. La Ley de Aguas de 1884 fue concebida para otra realidad social y tecnológica, por lo que consideró necesario actualizar conceptos y normas.

"Sí tenemos que prestar atención, actualizar esa ley, actualizar los conceptos y empezar a mejorar nosotros mismos", sostuvo.

Porque, advirtió, las decisiones que se tomen ahora tendrán consecuencias mucho más allá de la temporada de abundante nieve que se avecina: "El efecto no lo vamos a dar, pero las generaciones futuras sí lo van a sufrir".


Editó Carina Pérez

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