Mendocina en Israel: "Los seguros sociales compiten para ver cuál es el que pone más vacunas"

"Es una competencia hermosa esa. Nos beneficiamos todos", cuenta a Memo Alicia Schuster. Hasta sus 20 años vivió en Mendoza pero ya hace 48 que radica en Israel, el lugar que hoy todo el mundo está mirando porque tiene al 64% de su población vacunada.

Si bien nació en Buenos Aires, desde pequeña vivió con su familia en Mendoza. A los 20 años, junto al que hoy es su marido, decidieron irse a vivir a Israel. Corrían los años 70' en Argentina y por su religión e ideología (de Izquierda) eran perseguidos en el país. Incluso, varios amigos de ellos tristemente forman hoy parte de los 30 mil desaparecidos por la última dictadura militar.

Su nombre es Alicia Schuster y junto a su esposo, Sergio Marchevsky, hoy ya hace 48 años que viven en el país que está mirando el mundo. Es que allá, en Israel, si bien hay muchas cosas que aún no están bien (sobre todo en la política, remarca Alicia) en el manejo de la pandemia se convirtieron indudablemente en un ejemplo a seguir.

Actualmente, Israel, con 9.051.000 millones de habitantes, tiene ya al 64% de su población vacunada con las dos dosis. El coronavirus se llevó la vida de 6.362 israelíes. Claro que el número no es menor porque todas las muertes importan. Pero, si se piensa en Argentina (aunque por supuesto los hay mucho peores en cuanto a cifras), en donde ya más de 63 mil personas fallecieron por covid-19, la cifra cobra otra relevancia.

Además, en dos semanas comenzará allá la vacunación a los adolescentes. "Mi nieto de 15 años ya tiene turno y en dos semanas lo vacunan", cuenta Alicia que, junto a Sergio, tienen tres hijos de 45, 41 y 36 años y seis nietos. A su hija, la de 36 años, ya la vacunaron también. Es que, según el relato de la mendocina israelí, al principio las vacunas sobraban en las ciudades árabes de aquel país de Oriente.

"Cuando empezó todo, que vacunaban a los de más de 65, a mi hija no le tocaba por la edad. Así que se fue a las ciudades árabes en donde la gente no se quería vacunar, preguntó si se la podían colocar y le dijeron que sí porque les sobraban vacunas. Venían seis en una. Había lugares que vacunaban toda la noche. Si ibas con la tarjeta, sin importar de qué seguro social eras, te vacunaban", recuerda Schuster.

Y cuenta la experiencia de cuando ella se puso la vacuna: "Yo me vacuné en un teatro que habían acondicionado para eso. Había 20 mesas que vacunaban 24 horas, los siete días de la semana. Sigue abierto. La primera me la coloqué y la segunda no me gustó el turno porque me lo habían dado para más de 21 días después de la primera. Así que fui antes y les dije que tenía el turno para cinco días después e igual me la colocaron en el momento".

La primera vez que Alicia, ya vacunada con las dos dosis, pudo volver a salir a tomar un cafecito.

Ella está jubilada así que, simpática, cuando le preguntamos a qué se dedica responde bajito: a la buena vida. Es enfermera universitaria de profesión y durante 30 años ejerció en el área de psiquiatría (su especialidad) como jefa de un sector en donde los pacientes eran adolescentes. A los 62 años se jubiló pero ahora, a punto de cumplir 68, se ofreció como voluntaria para colocar vacunas.

"Yo, como enfermera, la primera semana que empezó la vacunación mandé un mail para ofrecerme de voluntaria pero todavía no logré que me llamen a pesar de que insistí. Lo cual significa que no necesitan. Metieron al ejército a poner vacunas, a todo tipo de técnicos de los hospitales. Los capacitaron rápidamente a los que no sabían y se pusieron todos a vacunar", comenta.

Así que además de dedicarse a disfrutar de la vida y de sus nietos, Alicia ayuda mucho a su marido. "Él es psiquiatra y también está jubilado del hospital pero tenemos dos proyectos grandes, son clínicas en las que se trabaja con un medicamento para adicciones que él trajo al país hace 15 años. Yo de ahí también tengo un sueldo. Soy jubilada en forma porque voy a un gimnasio muy lindo y tengo un grupo de amigas allí", agrega con alegría.

-¿Cómo es vivir en pandemia en Israel?

-Cómo Israel logró avanzar tanto y hacerlo tan bien, no sabemos. Pero la cuestión es que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, hizo un acuerdo con Pfizer cuando nadie lo había hecho. Creo que estamos endeudados por 100 años (risas). En este país es muy como en Argentina, el primer ministro está en el gobierno hace como 20 años y no lo podemos sacar pero lo único bueno que hizo fue eso.

Su militancia política le nace por los poros, así es que todo el tiempo va mezclando en sus respuestas sobre "la corona" (así le dice al coronavirus, si bien habla perfecto español al no practicarlo diariamente hay palabras que modifica. El hebreo y el inglés son sus idiomas diarios) con su postura ideológica.

"Israel tiene un sistema de Salud que es lo mejor que hay. El país está dividido en cuatro seguros sociales y cualquier persona que esté en la calle va, entra al hospital, lo atienden y le ponen la vacuna. Eso es porque está la ley de Salud Pública Mundial de Israel, que toda persona tiene derecho a recibir atención. Aquí cada persona tiene derecho a ir y ponerse la vacuna incluso sin turno. El ministro compró las primeras dosis en diciembre y ahí empezaron a vacunar a las personas de más de 65 años", trasmite Alicia.

Luego de las elecciones, Alicia y Sergio se tomaron esa foto. El cartel dice "vete" y el mensaje es para el primer ministro. Además, todos los sábados se manifiestan para que Netanyahu se vaya del Gobierno. 

Y cuenta como ejemplo: "En el caso de mi hijo de 41 años que tiene algunos problemas de salud yo hablé por teléfono y me dijeron que lo llevara. Lo llevé, le pusieron la vacuna y a las tres semanas lo mismo".

También, relata que ahora el primer ministro pagó otros 9 millones de vacunas tras hacer un nuevo acuerdo con Pfizer. "Hay un 64% del país que ya está vacunado con las dos dosis. No es un sueño de país en otros sentidos pero en ese sí", destaca.

Profundizando en el tema vacunas y con el tinte volcado a la acción social que la caracteriza, Alicia recuerda que Israel está dividido, por la Franja de Gaza, entre palestinos y judíos. "Nosotros, a quienes nos importa, estamos luchando porque las vacunas lleguen allá también, a esos territorios ocupados, y llegaron", narra feliz.

La competencia para ver quién coloca más vacunas

Schuster, cuenta que luego de recibir las dos dosis le dieron una tarjeta verde para circular. Y a otro grupo de vacunados les dieron pulseras. "Eso es porque hay competencia entre los seguros sociales y cada uno quería ser el que más vacunas había puesto. Es una competencia hermosa esa. Por lo menos en eso, nos beneficiamos todos", desliza.

-¿Cómo es un día cotidiano en Israel?

-Todas las semanas abren más cosas. Yo voy a un gimnasio muy lindo que tiene una pileta grande. Por ahora se puede ingresar sólo si estás vacunado y mostrás el pasaporte verde desde tu aplicación. Podemos salir sin mascarillas (tapabocas) a los espacios públicos pero si queremos entrar a un lugar sí hay que colocársela. Ya no toman la fiebre en los lugares.

En cuanto al transporte, el domingo que viene trenes y ómnibus empiezan a trabajar con normalidad. Es decir, no hay que anotarse previamente. Hasta ahora sí había que anotarse en la app o mostrar el pasaporte verde, que indica que te pusieron las dos vacunas. Para quienes no pueden o no saben cómo descargar la aplicación, los seguros sociales se ocupan y les dan impreso el pasaporte que te permite entrar a cualquier lado.

Pasaporte verde de circulación que le otorgan o se descargan de la aplicación quienes ya tienen las dos dosis de la vacua Pfizer. 

-Del 1 al 10, ¿cuánto considerás que volvieron a la normalidad?

-Un 8 diría. Un día en la calle para mí es entrar adonde quiera. Con barbijo en los espacios cerrados y sin barbijo en los abiertos. Yo me manejo en auto, voy al gimnasio, a los negocios, los cafés y restaurantes están abiertos pero si vas con chicos tenés que estar afuera y te piden el pasaporte verde.

-¿Los ciudadanos respetan el uso de barbijo y demás reglas?

-Sí, respetan mucho el uso de las mascarillas. Te ponen multas si no y la gente tenía miedo de las multas. El problema nuestro fue más que nada en los barrios muy religiosos en donde las familias viven 12 personas en un espacio muy reducido. Ahí se fueron enfermando todos. Los aislaban y les llevaban comida.

Pero ahora, por ejemplo, yo salgo de casa con la mascarilla, en el ascensor voy sola igual y tengo un poco de miedo porque ampliaron los aforos de algunos lugares y va más gente. Pero sé que en el gimnasio son todas viejas como yo y todas están vacunadas (risas). Y además no se puede entrar si no tenés las vacunas. 

Finalmente, y en la parte que tiene que ver con lo que a Alicia no le gusta de Israel (que claramente está vinculado a lo político) confiesa que allá también hay pobreza y "el coronavirus afectó más. Pero el Estado ayudó a los independientes. El país se organizó muy bien, la gente se organizó para ayudar".

Para concluir, Schuster recuerda que hubo confinamiento varias veces y ahí "te podías mover a 1 km. de tu casa nada más. Vivo en una ciudad que se llama Kfar Saba y tiene 1.200 habitantes. Me anoté como voluntaria en el municipio. En mi edificio había enfermos de covid así que los asistíamos, yo les iba a llevar remedios, comida y a sacarles la basura", concluye contando desde aquel pedazo de tierra, la prometida, en donde el mundo parece un lugar un poco mejor en el cual vivir con la pandemia. 

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