9 de Julio: el nacimiento de una Nación en disputa
El historiador Gabriel Di Meglio explica cómo los nuevos estudios sobre la Revolución y la Independencia cambiaron la forma de entender 1810 y 1816: la Nación no existía como tal, las clases populares fueron protagonistas y el primer proyecto revolucionario no buscaba romper con España, sino lograr autonomía dentro de la monarquía.
Durante mucho tiempo, la historia argentina enseñó la Revolución de Mayo y la Declaración de la Independencia como un camino inevitable hacia la formación de la Nación. Una secuencia ordenada: un pueblo argentino que tomó conciencia de sí mismo en 1810 y que seis años después declaró su separación definitiva de España.
Sin embargo, las nuevas investigaciones historiográficas modificaron profundamente esa mirada. Desde la década de 1980, los estudios sobre el período revolucionario e independentista comenzaron a cuestionar varios de los supuestos instalados por los relatos tradicionales y propusieron una interpretación mucho más compleja sobre cómo se construyó la Argentina.
El historiador Gabriel Di Meglio, en un análisis publicado por el portal educativo del Estado argentino con motivo del 9 de julio, explica que uno de los principales cambios fue comprender que en 1810 no existía todavía una identidad nacional argentina consolidada.
"Es imposible para esa época pensar los inicios de la Argentina como un país independiente, porque ‘Argentina' es una construcción posterior a la Declaración de la Independencia", sostiene Di Meglio.
Según el historiador, quienes protagonizaron aquel proceso no actuaban en nombre de una nación argentina ya formada, sino dentro de un escenario político abierto tras la crisis de la monarquía española.
"Se crea un país: las ‘Provincias Unidas en Sudamérica' o, según otros autores, las ‘Provincias Unidas del Río de la Plata', pero ya la vaguedad de su nombre demuestra que no tiene un límite definido ni evidente sobre quién va a estar y quién no va a estar", explica.
La identidad argentina, entonces, no fue el punto de partida sino el resultado de un proceso posterior. "Para la década de 1830 ya se evidencia una identidad argentina, pero es una consecuencia de este momento revolucionario y no al revés", afirma Di Meglio.
De una historia de próceres a una historia de la sociedad
Otro de los grandes cambios impulsados por la historiografía reciente fue ampliar la mirada más allá de las figuras tradicionales de la independencia.
Durante décadas, la historia patria estuvo centrada principalmente en los grandes protagonistas: Manuel Belgrano, José de San Martín, Mariano Moreno o los congresales de Tucumán. Los nuevos estudios comenzaron a analizar qué ocurría con el resto de la sociedad y qué papel tuvieron los sectores populares en ese proceso.
"Esta historia cambió por estudios que muestran a la sociedad completa en el período de la Independencia, estudios que muestran los modos en que las clases populares fueron actores importantes de estos procesos", señala Di Meglio.
Para el historiador, la Revolución no significó solamente una transformación política frente a España, sino también cambios sociales profundos.
Uno de ellos fue el debilitamiento del sistema de castas heredado del período colonial. La Revolución permitió que sectores antes marginados obtuvieran nuevas formas de reconocimiento al participar en la causa revolucionaria.
"Esto no quiere decir que va a dejar de existir una marcada desigualdad social, pero ya no va a ser jurídica", explica Di Meglio.
También destaca el impacto sobre la esclavitud. La Asamblea del Año XIII estableció la libertad de vientres y prohibió la incorporación de nuevos esclavos, mientras que muchos hombres esclavizados lograron su libertad al incorporarse a los ejércitos revolucionarios.
Para el historiador, estos elementos muestran que no es posible entender la independencia solamente como un conflicto entre dirigentes políticos: fue un proceso que involucró a distintos sectores de la sociedad.
1810 no buscaba la independencia: el proyecto olvidado de la autonomía
Uno de los aportes más importantes de la nueva historiografía fue revisar el significado de la palabra "independencia" y cómo era entendida en los primeros años revolucionarios.
Según Di Meglio, el proyecto original de 1810 no era necesariamente romper definitivamente con España, sino alcanzar una autonomía dentro del Imperio español.
"En 1810, el proyecto de Mayo, el de la Junta, es conseguir autonomía dentro de la monarquía española, es decir que desea construir una monarquía federal. Esto implica dejar de ser colonia para convertirse en una parte igual de España", explica.
Ese proyecto autonomista convivió durante algunos años con sectores más radicalizados que impulsaban una separación definitiva.
Entre 1810 y 1816, entonces, convivieron dos caminos políticos: quienes buscaban una transformación dentro de la estructura imperial y quienes planteaban avanzar hacia la independencia absoluta.
La situación cambió definitivamente con el regreso al trono español de Fernando VII en 1814. El monarca rechazó cualquier negociación con los revolucionarios americanos y cerró la posibilidad de una solución autonomista.
"Las opciones que quedan son: rendirse o declarar la Independencia", resume Di Meglio.
En ese contexto, el Congreso reunido en Tucumán tomó la decisión del 9 de julio de 1816.
Una revolución americana, no sólo argentina
Otro de los cambios centrales en la mirada histórica fue abandonar una interpretación exclusivamente nacional del proceso.
Para Di Meglio, la independencia argentina debe analizarse dentro de una transformación continental: la crisis del Imperio español que atravesó a toda América.
"No se puede estudiar Argentina sin tener en cuenta lo que está pasando en Venezuela, Colombia, México y viceversa, porque es un proceso general que se da al mismo tiempo y por las mismas razones: el desmoronamiento de todo el Imperio Español", sostiene.
A 210 años de la Declaración de la Independencia, la historiografía no busca restar importancia a aquella fecha, sino comprenderla desde nuevas preguntas.
Como plantea Di Meglio, cada aniversario permite volver sobre el acontecimiento y descubrir nuevas perspectivas: "siempre aparecen nuevas maneras de mirarlo y surgen nuevas preguntas a un período que siempre tiene algo nuevo para contar".
La independencia dejó de ser solamente una escena protagonizada por héroes y comenzó a ser entendida como un proceso político, social y colectivo en el que todavía estaban en discusión las bases del país que vendría.