¿Choro o chorro?

Cuando oímos hablar en forma coloquial a la gente de nuestro entorno, escuchamos que algunos dicen "Me atacó un choro" y otros, en cambio, sostienen "Lo hicieron esos chorros"; entonces, me pregunto cuál es la forma correcta, con la vibrante simple o con la doble.

Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

Una visita al Diccionario de americanismos nos confirma la coexistencia de las dos formas; veámoslas. Al encontrar ‘choro, chora', podemos saber que su valor significativo es, para Venezuela, Ecuador, Chile, Bolivia, Perú y Argentina, "ladrón, especialmente el de poca categoría". En Cuba, como sustantivo y adjetivo y en el ámbito delincuencial, es sinónimo de "carterista"; en ese caso, puede también aparecer como ‘chorito'. En Chile, con ese doble valor sustantivo-adjetivo, puede equivaler, referido a persona, a "audaz, resuelta". En ese país, existe la locución ‘botarse a choro', cuyo significado es "enfrentarse una persona a alguien".

Del primer valor anotado, surge el verbo ‘chorear', que puede tomarse también como pronominal, ‘chorearse', con el sentido de "robar algo"; es propio del habla vulgar y espontánea: "Me chorearon al ingresar a ese predio semiabandonado".

Por su parte, nuestro diccionario académico registra también ‘choro'; lo asocia al caló "choro" y al indio medio "?oro", con el significado de "ladrón"; da como sinónimos "ladronzuelo, ratero, chorizo (en su segunda entrada en el diccionario), caco, chorro".

En lunfardo, suele usarse ‘chorizo, choriza', vocablo que, como dijimos, registra como acepción "ratero, ladronzuelo, descuidero". El término nos remite al verbo ‘choricear' que se explica como "robar, tomar para sí o hurtar".

Pero planteamos que la otra forma escuchada es ‘chorro', que posee como femenino ‘chorra' y que aparece en Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, con el significado de "ladrón, estafador": "Debe cuidarse del rápido accionar de los chorros". En este mismo sentido, aparece en el Diccionario de americanismos y se consigna que en Paraguay, Argentina y Uruguay puede ser sustantivo y adjetivo y que su significado es el mismo consignado por el diccionario académico. En cuanto a una forma verbal derivada de este vocablo, se registra ‘chorrear' con una única acepción en Uruguay como "adueñarse ilícitamente de algo ajeno".

En el vocabulario lunfardo, ‘chorro' se aplica al malhechor; es famoso el tango de Discépolo, "Chorra", en que la protagonista roba todo: "Por ser bueno, / Me pusiste a la miseria, / Me dejaste en la palmera, / Me afanaste hasta el color. / En seis meses me comiste el mercadito, / La casilla de la feria, / La ganchera, el mostrador... / Chorra, me robaste hasta el amor...". El mismo autor, con una filosofía pesimista, en "Cambalache", va a cantar: "Hoy resulta que es lo mismo / Ser derecho que traidor, / Ignorante, sabio, chorro, /Generoso, estafador".

Un sinónimo, quizás con un significado un tanto más amplio que el de ‘choro' o ‘chorro', es ‘malandra'. Este vocablo deriva del italiano dialectal "malandro" y puede usarse, en masculino y femenino, en sentido despectivo, para significar "persona de costumbres reprobables y delictivas": "Fue engañado por unos malandras". Se utiliza en Argentina, Chile y Uruguay.

Parecido resulta ‘malandrín, malandrina' derivado del italiano "malandrino", equivalente a "salteador". Este adjetivo es sinónimo de "ratero" y "persona de mal vivir". También, todos hemos escuchado el vocablo ‘punga' que, según el Diccionario de americanismos, en Uruguay, Chile y Argentina, se define como "ladrón, especialmente el que roba carteras o dinero de bolsillos o bolsos en el transporte público o en lugares en los que hay mucha gente". Siempre es usado coloquialmente. Esta misma fuente detalla también el término ‘punguista', con el mismo valor y en los mismos países. Como equivalentes, se dan los vocablos ‘bolsista' (en su segunda entrada en el diccionario) y ‘bolseador'.

Al entrar en el mundo oscuro de los choros o chorros, se presenta para nombrar su principal acción el verbo ‘afanar': de sus acepciones, la primera nos dice "robar, hurtar, estafar": "Al viajar en esos colectivos tan repletos de gente, debés cuidar que no te afanen". Nuevamente, citamos el vocablo usado por Discépolo en su tango "Cambalache": "El que no afana es un gil", como crítica social a la falta absoluta de valores. Sin embargo, a esa acepción negativa, el verbo le suma otras, que se presentan como positivas:

"Entregarse al trabajo con solicitud congojosa", como en "Hay que ver cómo se afanan para ir mejorando de a poco". También, "hacer diligencias con vehemente anhelo para conseguir algo", como en "Los jugadores se afanaban para conseguir la victoria".

El sustantivo de la misma familia léxica es ‘afano', válido en nuestro país, con uso coloquial, cuyo significado será "robo, rapacería": "En ese sitio, hay un afano tras otro, es muy peligroso".

Otro modo de referirse al accionar de los choros o chorros es a través del verbo ‘birlar' cuyo significado es "hurtar algo sin intimidación y con disimulo": "En un santiamén, le birlaron la cartera con toda la documentación". Se puede usar también el verbo ‘soplar', una de cuyas acepciones es "hurtar o quitar algo a escondidas": "Al salir de la sucursal bancaria, le soplaron el sueldo recién cobrado". Otra posibilidad es el verbo ‘limpiar': "Cuando me di vuelta, advertí que me habían limpiado el reloj". Y, además, el diccionario nos dice que, con valor jergal, se puede usar ‘bailar' como sinónimo de "hurtar, tomar bienes ajenos": "Ingenuamente, entró al sitio y unos forajidos lo bailaron".

Como los anteriores, se presenta ‘desplumar' definido como "quitar con engaño, arte o violencia el dinero o los bienes a alguien": "Unos chorros, con rapidez y habilidad, desplumaron a los turistas".

Menos conocido es ‘apandar': este verbo, en su primera entrada en el diccionario, es usado coloquialmente y su significado es "pillar, atrapar, guardar algo con ánimo de apropiárselo": "Fueron apresados cuando estaban apandando artículos pequeños".

Y, dejando de lado todo este vocabulario relacionado con los agentes y las acciones inherentes al robo, acudimos a una paremia incluida por el Centro Virtual Cervantes en su Refranero multilingüe: "Más vale pedir que hurtar".

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