Exaltación del Cuchareo:Guisos, amigos y esa mansa pasión por la cocina mendocina

No hay termómetro que valga cuando el calor del encuentro se enciende alrededor de una mesa mendocina. En una nueva reunión de amigos, donde la gastronomía es la excusa perfecta para esos encuentros periódicos que nos salvan el alma, la charla transcurrió entre anécdotas, actualidad, economía, política, viajes y familia.

Como siempre decimos, habitar Mendoza es sumergirse en una experiencia sensorial donde el vino y la cocina de identidad son el hilo conductor de nuestra mística.

Esta vez, el epicentro de la velada fue un ritual que nos conecta con nuestras raíces más profundas: el guiso mendocino como emblema de camaradería de un grupo de amigos de la vida.

La estrella absoluta de la noche fue el guiso de lentejas, uno de esos platos tradicionales andinos que nuestra tierra sabe cultivar con excelencia. Santiago, nuestro "chef en ocasión", nos deleitó con una versión magistral que seguía esa línea de la cocina regional y de montaña que tanto nos identifica. Con las lentejas en su punto justo, el plato lucía una untuosidad que invitaba a los comensales a repetirse sin culpas, demostrando que nuestra gastronomía es una fusión perfecta entre el legado de los inmigrantes y los productos andinos de nuestros oasis.

Para lograr esa conjunción de sabor, la receta no escatimó en detalles: la panceta ahumada dorada en aceite de oliva, el chorizo colorado y esos típicos "huesitos" para comer con la mano y "chuparse los dedos" y que aportan la estructura necesaria para enfrentar cualquier noche fría mendocina. Como bien indica nuestro recetario provincial ancestral, el secreto está en esa cocción lenta, revolviendo con cuchara de madera hasta que el guiso espese y los aromas invadan cada rincón, coronando todo con un toque de hierbas para resaltar los sabores. 

Exaltación del Cuchareo:Guisos, amigos y esa mansa pasión por la cocina mendocina

Es la "cocina del corazón" que tanto promovemos, valorando siempre el esfuerzo de los productores locales y los tesoros del perfecto vínculo de nuestra tierra y el agua que debemos cuidar y preservar.

La previa tuvo el sello de la innovación con el vermut Paradoja, de uvas criollas con jarilla, ajenjo, lavanda, rosa mosqueta y un toque de jengibre, una propuesta que nos recuerda la revolución del "vermú" que atraviesa nuestra Capital Internacional del Vino. Este aperitivo fue el preludio ideal, refrescando el paladar y preparando los sentidos para lo que vendría. Es que en Mendoza, cada brindis es un homenaje a nuestra historia y una invitación a explorar nuevas posibilidades sensoriales en uno de los mejores rituales argentinos: nuestras juntadas.

Al llegar los platos humeantes, descorchamos el primer tinto de la noche: El Peñón Cabernet Franc de Lamadrid, aportado por uno de los cultores del grupo el experto Diego. Este varietal, que hoy vive un presente brillante en nuestra provincia, aportó esa frescura y elegancia que marida a la perfección con la intensidad de los guisos. Su estructura y notas especiadas fueron el compañero ideal para las lentejas,  reafirmando que el Cabernet Franc ha encontrado en Mendoza un refugio de altura inigualable.

La travesía líquida continuó con el Ala Colorada Ancellotta de Las Perdices, un vino robusto que sorprendió por su color profundo y su personalidad arrolladora. Acto seguido, le rendimos honores al Este mendocino con un rico Bonarda de Tierras del General, recordándonos que esta cepa es el corazón de nuestra identidad cultural y una bandera que defendemos con orgullo en cada copa. El Bonarda, con su amabilidad y fruta, logró un equilibrio asombroso con el picante sutil del chorizo colorado del guiso.

Como broche de oro de la degustación, compartimos un Landelia Corte Singular 2022, un blend que refleja la madurez enogastronómica que atraviesa Mendoza, capaz de competir con las regiones más prestigiosas del mundo. Este tipo de cortes singulares que armonizan tan bien con nuestros platos típicos, son los que ponen a nuestra provincia en el firmamento gastronómico, demostrando que la diversidad de nuestros terruños es nuestro mayor activo. Cada sorbo era un relato de personas apasionadas que, como nosotros en esa mesa, habitan el paisaje a través de sus creaciones.

 Y como no podía faltar antes del café final llegó el típico dulce de membrillo con queso cremoso, nuestro tradicional "vigilante", que lógicamente originó un breve intercambio de ideas sobre la calidad del membrillo mendocino.

Este encuentro de amigos, platos típicos y ricos vinos nos recuerda que los guisos mendocinos - con su aportes andinos - ya sea de lentejas, locro o una buena carbonada - son mucho más que una comida; son platos de identidad que nos definen como pueblo y fortalecen nuestra marca gastronómica local. Forman parte de nuestra historia, donde la tradición y la vanguardia brindan en la misma copa. Sentarse a compartir un plato de cuchara es habitar una mística que suma años de identidad culinaria y buen gusto en nuestra tierra. Porque como siempre decimos "nada mejor que un buen vino para contar una buena historia". Confirmando que Mendoza es un escenario vibrante donde la amistad es el mejor maridaje para cualquier receta. Alzar la copa hoy es brindar por esos encuentros que nos permiten redescubrir lo que nos hace únicos bajo nuestro sol mendocino

¡Salud por los recuerdos, los deseos y los sueños que seguiremos descorchando juntos en cada mesa de amigos!.

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