1966-1986-2026: la vida es eso que pasa entre los mundiales (parte 2)

Los números 6 y 10 vinculan a Argentina e Inglaterra en partidos históricos. Los contextos y una reflexión sobre el paso del tiempo medido por el juego más popular e impredecible.

Por: Alejandro Cruz
Historiador

 En los Mundiales de fútbol terminados en el número "6", Argentina enfrenta a Inglaterra en partidos que tienen una épica singular. Argentina e Inglaterra parecen haber firmado un extraño pacto con la historia. Cuando se enfrentan, cada encuentro deja una marca distinta, como si el tiempo hubiera decidido contar una misma historia a través de generaciones diferentes.

"La historia universal es la historia de unas pocas metáforas."

Cuesta encontrar una imagen más apropiada para explicar esta sucesión de capítulos que comenzaron con Antonio Rattín y terminaron con Lio Messi. No lo escribí yo, Jorge Luis Borges lo hizo y es una frase tan sensible como fuerte y predispone para escribir lo crónica que me propongo narrar porque es, también, una historia o referencia a "algunas metáforas" también fuertes y sensibles a la vez.

Hay rivalidades que el fútbol programa. Y hay otras que el tiempo parece reservar para determinadas generaciones. Y en cuanto a la numerología, bien podemos decir que el seis deja de ser un número para convertirse en una especie de marca de agua de la historia.

Tres mundiales de fútbol en años terminados en seis, tres capitanes de la Selección argentina con el número diez en la espalda. Números, historias, tiempos distintos, aunque a todos los enlaza un mismo escenario: la cancha de fútbol que es más que eso en estas ocasiones. Con Inglaterra dejó de ser una simple justa deportiva hace mucho tiempo, en 1966 y, sobre todo, después de 1986. Desde entonces, en el césped rueda la pelota y también los recortes de una historia dolorosa, tan dramática como el enfrentamiento mismo en cualquier escenario donde se disponga.

Me refería también a los tres capitanes, tres hombres distintos a los que el destino les puso la 10 en la espalda y se las tuvieron que ver con la pérfida Albión. 

Rattín fue la dignidad. Expulsado sin entender el idioma del árbitro, terminó simbolizando la impotencia de un equipo que sintió que había sido desalojado del partido antes de tiempo. Por el contrario, Diego fue, aunque no se acepte aún en algunos círculos, la revancha. El talento convertido en desquite deportivo de una herida todavía abierta.

Messi, ya no necesitó vengar nada. No cargó con Malvinas ni con la expulsión de Rattín. Llegó sin cuentas pendientes y, sin proponérselo, terminó escribiendo el tercer capítulo de una historia que empezó cuando él ni siquiera había nacido. Argentina volvió a derrotar a Inglaterra por 2-1 para alcanzar otra final mundialista.

Mi nota sobre Rattín y el Diego aquí en Memo, en junio pasado, tuvo por título "La vida es eso que pasa entre los mundiales", creo que hoy se ratifica por sí solo. Son apenas cuatro años. Sin embargo, suceden tantas cosas en ese breve período de tiempo. De un mundial a otro han partido para siempre amigos, padres, familiares, celebridades. El mismo Rattín no pudo disfrutar de éste último triunfo sobre los ingleses. Días antes "colgó los botines" definitivamente. Ni qué decir del Diego que ni siquiera vio cosida la tercera estrella sobre el escudo de la AFA en la camiseta argentina que él amó como pocos.

Sí, son 4 años, y en los años terminados en 6, los capitanes que llevan la 10 instalan inolvidables hitos en esta historia de enfrentamientos con ingleses dentro y fuera de la cancha. Tres capitanes, tres Argentinas distintas. En 1966 un presidente elegido por el voto de la gente despide a la delegación argentina que parte a Inglaterra, y de regreso los recibe como héroes el dictador de turno de la "Revolución argentina". De una frágil democracia a un taconeo de borceguíes militares tomando a la fuerza algo que la soberanía popular había instalado. En 1986, en medio de la primavera alfonsinista, cuando creíamos que la democracia era el remedio para todos los males, los jugadores son invitados a festejar con la copa del mundo en aquel histórico balcón de la Casa Rosada, con un Diego exultante levantándola con fervor ante la multitud en Plaza de Mayo.

2026 aún es una incógnita en este domingo especial. En unas horas Argentina jugará otra final del mundo. El rival será España. Pero antes de mirar hacia adelante conviene girar apenas la cabeza. Hace sesenta años un capitán llamado Antonio Rattín abandonaba un campo de juego convencido de haber sido víctima de una injusticia. Quizá nunca imaginó que aquel gesto inauguraba una historia que otros dos capitanes-Maradona primero y Messi después- terminarían continuando. Los jugadores cambian. Las generaciones también. Lo único que permanece es esa extraña manera que tiene el tiempo de volver, cada año terminado en 6, al mismo lugar.

La historia de este último capítulo aún está por escribirse y no vale realizar ningún comentario al respecto. Lo demás -el resultado de esta tarde- pertenece al territorio de la incertidumbre. Allí donde el periodismo calla y el fútbol empieza a escribir su propia historia.

Historiador y actor mendocino
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