La pulga detrás de la oreja
Al considerar el vocablo ‘oreja', nos encontramos, tal como lo hemos hecho ya con otros términos, con significados de tipo denotativo y con otros, que revisten carácter social por el ámbito en que se usan o por la zona geográfica en que se emplean.
Todos conocemos el primer valor de ‘oreja' como "cartílago que, en el ser humano y en muchos animales, forma la parte exterior del órgano del oído:
El cabello le cubre las orejas. Pero, coloquialmente, ‘oreja' es sinónimo de "audición": "Hay que ver qué oreja musical posee". Y, connotativamente, se usa para aludir a aquella persona que lleva chismes y cuentos y que hace de esto un oficio: "Ese empleado es la oreja principal del jefe".
En relación con esta acepción y en países como El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, el vocablo ‘oreja', usado en masculino o femenino, connota al espía que oye las conversaciones y, luego, las transmite a las autoridades gubernativas: "La desprecio porque ella es la oreja de esa funcionaria municipal". Posee un sinónimo no demasiado escuchado: ‘orellana'.
En diferentes actividades, ‘oreja' posee distintos valores: así, por ejemplo, en algunos instrumentos de cuerda es la parte de la clavija donde se colocan los dedos para dar vueltas al tornillo; en el mobiliario y referido a butacas y sillones, nombra a cada una de las salientes del respaldo que sirven para reclinar la cabeza; en el ámbito vial y en Colombia y Perú, designa la desviación que, por medio de una corta vuelta, las cruza en forma perpendicular aunque en un plano diferente; en la vajilla, las ‘orejas' son las asas o agarraderas de las vasijas y bandejas.
En botánica y zoología, hay varias plantas que llevan el nombre ‘oreja', unido a un complemento preposicional encabezado por "de" o a un adjetivo que acota su valor significativo; así, ‘oreja de fraile' es el ásaro, planta de olor nauseabundo; ‘oreja de negro' es el timbó, árbol corpulento con cuya madera se hacen canoas; ‘oreja de ratón' se llama a la "vellosilla", planta herbácea, amarga y astringente, de uso medicinal; ‘oreja marina' es la denominación de un molusco gasterópodo.
Muchas son las locuciones formadas con ‘oreja': ‘amusgar las orejas' es dar oídos o crédito a lo que se dice o, al menos, escucharlo con cierta aprobación. En cuanto a ‘aguzar las orejas', es una locución verbal semejante que equivale a "prestar mucha atención, poner gran cuidado": "Siempre está amusgando y aguzando las orejas".
Y, si nos vamos a dormir o, por lo menos, nos vamos a guardar reposo, podemos usar las locuciones ‘aplastar/planchar la oreja": "Estaba ideal el clima para irse pronto a planchar la oreja".
En relación con el título de la nota, ‘la pulga detrás de la oreja' connota que hay algo que inquieta y desazona: "Esa maledicencia instalada en el ámbito laboral me molesta como pulga detrás de la oreja".
Cuando deseamos que se nos escuche con atención, podemos instar al público a ‘parar las orejas': "Deben para las orejas para entender las instrucciones". Y, si a alguien se le ‘ponen coloradas las orejas', coloquialmente se está señalando que esa persona está oyendo palabras desagradables o está recibiendo una severa reprensión: "Al oírlo, sentía que se le ponían coloradas las orejas ante semejantes improperios".
Hay ocasiones en que es preciso reconocer los errores; coloquialmente, se dice que ‘alguien baja las orejas' cuando cede, con humildad, en una disputa o réplica: "Tiene que deponer su soberbia y bajar las orejas ya de una vez".
También hay ocasiones en que se descubren las intenciones o defectos a una persona; coloquialmente, en ese caso, se puede decir que ‘enseñó la oreja' o que se le ‘vio la oreja/el plumero': "Con esa conducta, ya pronto enseñó la oreja".
También con el vocablo ‘oreja' se forman algunas locuciones que dan cuenta de conductas humanas: así, ‘tirarse (alguien) de una oreja y no alcanzarse la otra' sirve para explicar el sentido de quien no consiguió lo que deseaba o lo perdió por no haber sido solícito y prudente para lograrlo: "¡Pobre Pedro, ni obtuvo lo que quería ni supo guardar lo que tenía porque se tiró de una oreja y no alcanzó la otra!". Y si alguien ‘ve las orejas al lobo' se da a entender que se halla en grave riesgo o peligro próximo: "Cuidado, que sea prudente y sepa ver las orejas al lobo".
Desagradable en extremo resulta el hecho de tener sojuzgada a una persona: en ese caso, la locución verbal utilizada es ‘tener (a alguien) de la oreja'; ella significa que la tiene a su arbitrio para hacer lo que le mande: "Ella es muy autoritaria y le agrada tener a sus seres cercanos de la oreja".
¿Cuál es el significado de ‘retiñir las orejas'? Hay que recordar, en primer lugar, que ‘retiñir' es un verbo de origen latino que calca, en su formación onomatopéyica, el significado de, dicho del metal o del cristal, "dar sonido vibrante". Pero, en la locución posee valor metafórico pues equivale a "perjudicar, ser nocivo y en extremo opuesto a alguien aquello que oye, de suerte que quisiera no haberlo oído".
Algunas locuciones comienzan con el adverbio negativo ‘no'; así, por ejemplo, ‘no valer (alguien) sus orejas llenas de agua' significa, coloquialmente, que es muy despreciable; por su parte, la expresión coloquial ‘no hay orejas para cada martes' se usa para advertir que no es fácil salir de los riesgos cuando ellos se repiten frecuentemente o se buscan.
Dos locuciones verbales dan cuenta de conductas censurables: ‘mojar la oreja' equivale a "buscar pendencia, insultar": "Ahí anda ese sujeto, siempre mojando la oreja a alguien". La otra es ‘ladrar a alguien a la oreja (al oído)' que indica que se le está sugiriendo continua y fuertemente una idea, tratando de imponerla: "Me tiene harto y me mortifica, siempre ladrándome a la oreja".
Más de una vez usamos la locución ‘taparse las orejas', que puede tomarse literalmente, pero que tiene más valor cuando se refiere a esta acción en relación con no enterarse de asuntos disonantes o escandalosos: "Por más que se tape las orejas, los rumores malévolos le llegan igualmente".
El refranero castellano incluye un pensamiento muy acertado: "Algo tiene la coneja cuando mueve las orejas". Con él se quiere dar a entender que el comportamiento mostrado por una persona siempre da indicio de intenciones ocultas o de peligros que se avecinan. Y nos alejamos con una expresión habitual: "Le entra por una oreja y le sale por la otra": de este modo, se evidencia la falta de interés que demuestra una persona al escuchar una noticia e ignorarla o descartarla.