Pedirle peras al olmo

Los nombres de las frutas que comemos habitualmente, fuera de designarlas, sirven para connotar realidades distintas o acuñar expresiones que pueden variar según la región geográfica que las utilice. Hemos usado en el título una de ellas: ‘pedirle peras al olmo'.

Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

 Entonces, serán los diccionarios académicos los que nos indicarán los valores distintos que el vocablo ‘pera' puede connotar: en Argentina y Uruguay, ‘pera' es el mentón o barbilla; en el ámbito coloquial, una ‘pera' es, dicho de una persona, "que raya en lo cursi", dado que se presenta como muy elegante y refinada.

Decir ‘como pera(s) en tabaque', también coloquialmente, significa "cuidando o presentando algo con delicadeza y esmero"; esto es así porque el ‘tabaque' o ‘tabanque' es una cesta o canastilla de mimbre: "Expuso los productos prolijamente, como peras en tabaque". Y si ‘escogemos algo o a alguien como entre peras', lo estaremos haciendo en forma muy cuidadosa, buscando lo mejor: "Escogeré a mi nuevo ayudante como entre peras".

En Perú y Ecuador, la locución verbal ‘hacer la pera' da a entender, igual que ‘hacer novillos', que se ha dejado de asistir a alguna parte, contra lo debido o  acostumbrado: "Por favor, no me vaya a hacer la pera". Por otro lado, ‘partir peras con alguien' es romper relaciones con él: "Ya hace bastante tiempo que partí peras con Julio".

Y la locución de nuestro título de hoy, ‘pedirle peras al olmo', indica que se espera en vano algo que la otra persona, por educación o por carácter, no puede brindar; la expresión se entiende por el contrasentido que resultaría si se pidiera al olmo un fruto que jamás podría producir: "Es inútil esperar eso de Marcela porque sería como pedirle peras al olmo".

En una discusión, muchas veces es necesario decir lo que se piensa, esto es, ‘poner las peras a cuarto (o a ocho)': "Casi nos fuimos a las manos porque cada uno puso las peras a cuarto".

Muy positiva resulta la connotación de la locución ‘ser algo o alguien la pera'; ella es equiparable a ‘ser la reoca', o sea, ser extraordinario: "Esa adquisición fue la pera". En cambio, si queremos aludir a algo muy remoto, podemos usar la expresión coloquial ‘año de la pera': "Ese atuendo es del año de la pera".

Y al cambiar de fruta, hallamos la expresión tan usada por todos nosotros ‘media naranja': dos interpretaciones encontramos para ella, ambas de índole coloquial. La primera involucra a la persona que se adapta tan perfectamente al gusto y carácter de otra, que esta la considera como la mitad de sí misma. La segunda connota la figura del cónyuge o pareja amorosa.

En las publicidades de productos dermatológicos, aparece la expresión ‘piel de naranja', nombre dado a la apariencia que toma la dermis en procesos celulíticos o edematosos, que hacen recordar la cáscara de esta fruta: "No ha podido solucionar todavía su problema de piel de naranja".

En los códigos meteorológicos, vemos usada la expresión ‘alerta naranja', que se considera inferior a la roja y superior a la amarilla: "Rige desde ayer alerta naranja por la presencia de nuestro cálido viento regional".

Hay dos expresiones interjectivas no usadas demasiado en Mendoza, pero registradas en las fuentes académicas: ‘¡Naranjas chinas!' o, simplemente, ‘¡Naranjas!' son expresiones que pueden dar a entender que la persona experimenta asombro, extrañeza o que rechaza algo con rotundidad: "¡Naranjas! No puedo aceptar semejante despropósito".

A todos nos agrada tener un postre con guindas, palabra que proviene del germano wīksĭna; connotativa y coloquialmente, sirve para nombrar la "cosa que remata o culmina algo": "Ese anuncio fue la guinda del postre".

Despectivamente, aunque no demasiado usado, resulta el vocablo ‘guindilla', que alude al agente de policía. Cuando se dice ‘beber (algo) con guindas' , lo que se desea connotar es excesivo refinamiento en lo que se hace: "¡Qué delicado en su forma de actuar, es como que bebe el asunto con guindas!"; dos expresiones similares, formadas con ‘guindas' y el verbo ‘echar', aluden a realidades diferentes: ‘echar guindas al pavo' es igual a "expresar admiración o asombro"; ‘echar guindas a la tarasca' expresa la inutilidad de un esfuerzo o, al contrario, la facilidad con que es superada una dificultad: "Maravilloso e increíble tu trabajo, echale guindas al pavo". "Atrás quedó el obstáculo, le echamos guindas a la tarasca".

El nombre de la fruta ‘manzana' puede reflejar realidades diferentes: en América, nombra la "nuez de la garganta"; una forma alternativa es ‘manzana de Adán': "Impresionaba en el cuello del adolescente, el tamaño desproporcionado de su manzana de Adán"; también, el sustantivo ‘manzana' nombra el espacio urbano, edificado o destinado a la edificación, generalmente cuadrangular, delimitado por calles por todos sus lados: "Se trata de un barrio nuevo, proyectado en varias manzanas".

Cuando se presentan discusiones entre algunas personas, se habla de la ‘manzana de la discordia' para aludir a aquello que es motivo de discrepancia en ánimos y opiniones: "No toquemos ese tema porque es la manzana de la discordia".

Se alaba la buena salud de alguien diciendo ‘sano/a como una manzana':  "Gracias a Dios, va creciendo sano como una manzana".

Al consultar el Diccionario de americanismos para ver el vocablo ‘mandarina' y sus connotaciones, nos encontramos con que en Bolivia y Ecuador se llama con este vocablo al hombre que es dominado por su esposa; la locución ‘buena mandarina', según esta fuente, se aplica al niño travieso y revoltoso; pero el uso cotidiano nos enseña que se dice que un adulto es ‘buena mandarina' cuando su accionar no es honesto. Además, se consigna la locución ‘partir la mandarina en gajos', expresión mexicana que significa "golpear o matar a alguien".

Pasemos ahora a las ‘castañas'; coloquialmente, puede ser una bofetada, un golpe: "Le dio unas cuantas castañas". Otra posibilidad también coloquial es ver el término como sinónimo de "borrachera": "¡Qué castaña tenía Pedro aquella noche!". La tercera posibilidad coloquial ve el término como "cosa aburrida, fastidiosa o de mala calidad": "La obra teatral fue una verdadera castaña".

En la esfera de las locuciones y junto al verbo ‘dar', hallamos estas dos posibilidades: ‘dar a alguien la castaña', como equivalente a "engañar" y, también, a "molestar o fastidiar a alguien": "Todo el tiempo le dio a Juan la castaña". En cambio, ‘dar a alguien para castañas' significa "maltratarlo, castigarlo": "Como no eran amigos, Juan dio despiadadamente a Humberto para castañas".

Si un asunto se presenta excesivamente enojoso o grave, se dirá que ‘se pasó de castaño oscuro'; cuando se comparan dos cosas absolutamente diferentes entre sí, se le puede aplicar la locución ‘parecerse como un huevo a una castaña': "No hay parangón entre los dos hermanos pues se podría decir que es como parecerse un huevo a una castaña".

Por fin, si alguien es capaz de salvar una situación difícil y resolverla positivamente, se afirma que ‘sacó las castañas del fuego'.