Los números en las palabras
Los números están presentes en nuestras vidas de diferentes maneras: ellos rigen nuestra economía, nos sirven para contar objetos, para etiquetar leyes, para formar listas...
Pero, además de esa multiplicidad de funciones, tanto los números que actúan como cardinales como los que señalan orden pueden dar origen a locuciones y expresiones que connotan diferentes realidades.
Si voy por orden, me detengo en el ‘uno' y advierto que, en general, su uso viene acompañado de una visión optimista: puede señalar al mejor o primero en un grupo, como "Siempre fue el número uno en sus actividades" o "Este producto es hoy el número uno en ventas". Asimismo, decir ‘uno' puede significar ser "el mismo, uno solo": "Vos y yo somos uno".
Encontramos la expresión ‘una de dos', usada para contraponer los dos términos de una alternativa: "Una de dos: o modifica su actitud o rompemos relaciones". Y afirmar ‘una no es ninguna' se usa para manifestar que una sola cosa, por oposición a varias, no se considera suficiente. En cambio, ‘una y no más' sirve para expresar la resolución o propósito de no volver a caer en algo que nos ha escarmentado: "Con haberme equivocado una vez alcanza, pero que sea una y no más".
Coloquialmente, se puede marcar que algo carece de relevancia pues no se distingue por ningún carácter especial usando la locución adjetiva ‘uno/a deta ntos/as': "En ese grupo, ella fue solamente una de tantas".
Si usamos el ordinal correspondiente, esto es, ‘primero/a', podemos indicar que se trata de decir que algo es excelente, que sobresale y excede a otros, que es superior: "Brillaba como primero dentro de ese curso". En relación con este valor, la locución ‘de primera' señala que un hecho, un objeto, una circunstancia sobresalen en su línea: "Se trata de una publicación de primera". Lo mismo sucede con el adverbio ‘primeramente' cuyo valor es "antes de todo": "Primeramente, analicemos la situación".
Sobre la base de este ordinal, se ha formado el verbo ‘primerear' que, según el Diccionario de americanismos, toma el valor en nuestro país y en Uruguay de "aventajar de entrada, ganar de mano": "Ese medio primereó la noticia".
Alguien puede relacionar estos conceptos con el vocablo ‘premier', adaptado del francés "première"; se trata de un sustantivo femenino que designa la primera representación de un espectáculo o la primera proyección de una película. El vocablo no está incluido en el diccionario académico, pero se refieren a él el Diccionario panhispánico de dudas y la Fundéu.
Con los números siguientes, nos llama la atención la locución ‘en un dos por tres', que connota "en un momento, rápidamente": "En un dos por tres, me tuvo todo listo". En cambio, ‘cada dos por tres' significa "con frecuencia": "Falta cada dos por tres"; y ‘a dos por tres' señala, coloquialmente, que algo se ejecuta pronto y claramente: "Es muy expeditivo y, a dos por tres, te da la solución a tu problema".
El ordinal ‘segundo' posee una valoración positiva cuando designa, en una institución a la persona que sigue en jerarquía al que manda o dirige: "Fue ascendiendo progresivamente y hoy ya es el segundo en la empresa". En ese sentido se habla también de ‘segundo de a bordo'.
En cambio, valor negativo posee la locución adjetiva coloquial ‘de segunda', que señala que algo o alguien es de poca categoría, calidad o importancia: "Nunca descolló, siempre fue un actor de segunda". En ese mismo sentido negativo, puede encontrarse ‘segundón' que, despectivamente, nombra a la persona que ocupa un puesto o cargo inferior al más importante o de mayor categoría: "No es muy conocido, apenas un segundón".
Por otro lado, con connotación totalmente positiva, se encuentra ‘secundar' ya que significa "apoyar, cooperar con alguien ayudándole en la realización de sus propósitos"; son sinónimos "auxiliar, respaldar, coadyuvar": "Pudo alcanzar su meta porque encontró a alguien que siempre pudo secundarla".
Y llegamos al ‘tres': si en alguna oportunidad deseo ponderar la evidencia de una verdad, puedo elegir la locución ‘como tres y dos son cinco'. Así, lo advertimos en "No le dé más vueltas a la cuestión, que está tan clara como que tres y dos son cinco".
En cambio, si coloquialmente se quiere indicar que algo no se va a llevar a cabo de ningún modo, la locución adecuada es ‘ni a la de tres': "No ejecutaré esa orden absurda ni a la de tres". Pero, si se dice ‘y tres más', es porque se quiere otorgar mayor fuerza a una afirmación: "Ya todos saben por quién votaré, y tres más".
¿Y cuándo el ordinal ‘tercero' alcanza un valor negativo? Eso sucede cuando su valor significativo es el de "alcahuete/a", como persona que concierta una relación amorosa. Según el diccionario académico, son equivalentes ‘correveidile', ‘trotaconventos', ‘celestina'.
Todos usamos la expresión ‘tercero/a en discordia', que se refiere a la persona que media para zanjar una desavenencia: "A veces, resulta desagradable actuar, en una disputa, como tercero en discordia". Y, si coloquialmente, aludo a algo como ‘de tercera', lo estaré calificando como "de poca calidad, categoría o importancia": "No lo compre porque es un producto de tercera".
Si tomamos el fraccionario ‘tercio', encontramos las locuciones ‘hacer alguien buen/mal tercio a otra persona', empleadas, respectivamente, para indicar beneficio o perjuicio en una pretensión o cosa semejante: "Cuida los intereses de la empresa y le hace buen tercio a Pedro".
Cuando aparece en un determinado contexto el verbo ‘terciar', puede que lo estemos usando como sinónimo de ‘interceder, arbitrar o intermediar', esto es, "interponerse y mediar para componer algún ajuste, disputa o discordia":
"Debió terciar entre los contendientes para acercar posiciones". Cercano a este valor es el de "tomar parte en la acción de otros, especialmente en una conversación": "Inesperadamente, mi padre terció en nuestra charla y nos hizo modificar nuestra opinión".
Nos preguntamos, ante la contratación de terceros para el cumplimiento de determinadas tareas, si debe decirse que ‘se tercerizaron' los servicios o si se ‘terciarizaron'; los diccionarios académicos nos indican la existencia del verbo ‘tercerizar'; su valor es "subcontratar o externalizar trabajos o servicios con terceros": "Hay que ponderar la acción de este municipio que atinó a tercerizar lo perteneciente a barrido de calles, limpieza de cunetas y recolección de residuos". Por otro lado, averiguamos que ‘terciarizar' es un vocablo inexistente.
Cerraremos esta referencia al uso lingüístico de los números, aludiendo al ordinal ‘cuarto': si alguien tiene dinero, se dirá que ‘tiene cuartos/cuatro cuartos'; lo contrario es ‘no tener un cuarto'.
Coloquialmente, se exclama ‘¡ni qué ocho cuartos!' para subrayar el desacuerdo o la disconformidad respecto de algo ya dicho: "¡Qué rebaja ni qué ocho cuartos!". Y también, en el coloquio, decir ‘dar un cuarto al pregonero' significará que se divulga algo que debía callarse: "Es muy chismosa y confiarle algo es dar un cuarto al pregonero".
Existe el verbo ‘cuartear/se', una de cuyas acepciones es respecto de una pared o techo, "henderse, rajarse, agrietarse": "Después del último sismo, esa pared medianera se ha cuarteado".
En Argentina y otros países latinoamericanos, decir ‘de diez' es proclamar que el hecho al que se alude se encuentra en un estado óptimo, inmejorable. Y, dejando de lado otros números, nos llama la atención la locución coloquial ‘acusar/cantar (a alguien) las cuarenta', equivalente a decirle a una persona, con resolución y desenfado, lo que se piensa aunque le moleste; similar es ‘cantar las cuarenta', también coloquial, que señala que se ha logrado un triunfo resonante en alguna actividad.
Recordamos expresiones con números, que usamos cotidianamente: ‘Ser un cero a la izquierda' (inútil), ‘Estar en el séptimo cielo' (muy feliz) y ‘A la tercera va la vencida' (final anhelado después de intentos fallidos).