Mendoza Mineral, Ceniza y Plata

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Lo que empieza cuando nadie mira: "No le tengan miedo a lo que todavía no ocurrió. Ténganle miedo a creer que ya saben cómo será."

Ceniza comenzó a notar que algo había cambiado cuando dejó de encontrar las noticias de minería solamente en las páginas especializadas. Aparecían en conversaciones que no tenían nada que ver con la minería. En una mesa de café, en una reunión de empresarios, en el comentario de alguien que preguntaba por un camino, en la preocupación de un productor por el agua, en el entusiasmo de un joven que hablaba de conseguir trabajo sin tener que irse de Mendoza.

La palabra empezaba a salir de los lugares donde siempre había estado encerrada y eso la inquietó más que cualquier secreto. Porque mientras ellos habían pasado meses buscando mapas, siguiendo rastros y tratando de entender quién sabía qué, afuera la provincia seguía haciendo lo que hacen las provincias: vivir.

En Malargüe se hablaba cada vez más de exploración. En Uspallata el cobre ya no pertenecía solamente a los estudios y expedientes. Potasio Río Colorado seguía buscando su propia forma de volver a existir. Hierro Indio avanzaba por otro camino. Eran nombres distintos, geografías distintas, historias que no necesariamente tenían relación entre sí, pero que juntas empezaban a cambiar una conversación.

Ceniza se preguntó si eso era lo que realmente había querido encontrar, no estaba segura. Durante mucho tiempo había pensado que el momento más importante sería descubrir qué había debajo de la tierra. Ahora sospechaba que podía ser exactamente al revés. Lo difícil empezaba cuando todos lo sabían.

Esa tarde se encontró con Plata en un bar pequeño. No hablaron de mapas, tampoco de Santiago, ni de ORO-M, ni de las páginas de Argentina D'Oro. Hablaron de cosas simples, de esas que durante meses habían quedado afuera de sus conversaciones porque siempre parecía haber algo más urgente.

Plata le contó de un muchacho que había conocido hacía unos días. Tenía poco más de veinte años y estaba buscando trabajo. No quería convertirse en otra persona que hiciera una valija para probar suerte lejos, quería quedarse.

Ceniza se quedó pensando en eso, no era una estadística, era un muchacho.

Y de repente todo aquello que había leído durante meses cambió de tamaño.

Porque una inversión podía escribirse en millones de dólares, un proyecto podía medirse en toneladas, una ruta podía dibujarse en kilómetros, pero nadie podía calcular con la misma facilidad lo que significaba para una persona conseguir trabajo cerca de su casa. Tampoco podía medirse con una cifra el miedo de otra persona a perder aquello que ya tenía. Ahí estaba la dificultad, la minería no iba a entrar en Mendoza como entra una palabra nueva en un diccionario. Iba a entrar en la vida de personas que ya tenían una historia.

Ceniza volvió a casa más tarde y encontró el cuaderno de Argentina D'Oro sobre la mesa, no lo abrió, se quedó mirándolo. Había llegado a pensar que aquel cuaderno contenía las respuestas. Después creyó que escondía las preguntas correctas. Ahora empezaba a sospechar algo distinto: quizás Argentina D'Oro había sabido que ninguna generación recibe un territorio terminado. Cada generación recibe lo que la anterior dejó, y agrega algo: A veces una estación, una bodega, una fábrica, a veces una cicatriz.

Ceniza pasó la mano sobre la tapa del cuaderno. Pensó en Mendoza, en la Mendoza de las acequias y los viñedos, en la de las montañas, en la de los talleres y las fábricas, en la de los pueblos que alguna vez crecieron alrededor de una vía y después vieron desaparecer los trenes. Pensó también en esa otra Mendoza que todavía no conocía, la que podía aparecer si algunas de aquellas posibilidades finalmente se convertían en obras, empleos, proveedores, caminos y nuevas formas de producción. No sabía si iba a ser mejor, tampoco sabía si iba a ser peor, por primera vez, no quiso adelantarse, había aprendido algo más sencillo: El futuro no se anunciaba, se iba haciendo.

Y casi siempre comenzaba de una manera mucho menos espectacular de lo que imaginamos: Una máquina que vuelve a encenderse, una puerta que se abre, una persona que consigue trabajo, un pueblo que vuelve a tener movimiento, una discusión familiar alrededor de una mesa, alguien que pregunta por el agua, por el sueldo. Alguien que pregunta qué va a quedar cuando todo termine. Ceniza abrió finalmente el cuaderno, buscó una página cualquiera, en el margen había una frase que no recordaba haber leído antes.

La letra de Argentina D'Oro parecía más pequeña que de costumbre: "No le tengan miedo a lo que todavía no ocurrió. Ténganle miedo a creer que ya saben cómo será."

Ceniza volvió a leerla, después cerró el cuaderno, esta vez no sintió que había encontrado una pista más, sintió algo bastante menos cómodo, que la historia que habían estado buscando durante tantos meses acababa de empezar.

Mendoza Mineral, Ceniza y Plata
Mendoza Mineral, Ceniza y Plata
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