Ojos, cejas y pestañas

En general, estamos acostumbrados a usar los nombres de partes de nuestro cuerpo con su valor denotativo; pero, si prestamos atención, muchos de estos nombres tienen otros valores y forman locuciones que connotan diferentes hechos.

Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

Voy a detenerme a examinar los sustantivos ‘ojo', ‘ceja' y ‘pestaña'.

El primero designa, como sabemos, el órgano de la vista en el ser humano y en los animales: "Me miró con sus grandes ojos rasgados". Fuera de este valor inicial, hallamos otras acepciones como la de "agujero que tiene la aguja para que entre el hilo": "Le cuesta mucho hacer pasar la hebra por el ojo de esa fina aguja". También se denomina ‘ojo' cada uno de los anillos de la tijera en los que entran los dedos: "Los pequeños del jardín están aprendiendo a poner sus deditos adecuadamente en los ojos de sus tijeras".

Cuando vamos a abrir una puerta, introducimos la llave en el ‘ojo' de la cerradura; en este caso, el sinónimo es ‘bocallave': "Nerviosa, manipulaba esa llave de hierro en el ojo de la cerradura, obstruido por algún cuerpo extraño".

Hemos oído llamar ‘ojo' a un manantial que surge en un llano: "Le llaman al lugar "Ojo de agua", por su ubicación y sus características". Asimismo, también es un ‘ojo' cada una de las gotas de aceite o de grasa que nadan en otro líquido: "Trataba de apartar con la cuchara los ojos de aceite que flotaban en la sopa". Y, a veces, de un queso, de un pan o de algún alimento esponjoso, se dice que es ‘ojoso' cuando presenta muchas cavidades que se asemejan a ojos: "Me daban ganas de comer una rebanada de dulce con ese queso ojoso".

El pavo real, al extender su magnífica cola, deja ver una serie de círculos de colores en las plumas: a ellos también se los llama ‘ojos'.

¿Y qué significa ‘tener ojo'? Puede significar que se posee una aptitud singular para apreciar ciertas circunstancias: "Tuvo buen ojo para medir las consecuencias". Además, puede equivaler a poner atención para hacer algo: "Tenga ojo para efectuar esa operación financiera". Se vincula a esta acepción la interjección ‘¡ojo!', usada para advertir algo: "¡Ojo! Hay varios peligros en la zona".

Coloquialmente, escuchamos casi burlonamente llamar ‘cuatro ojos' a la persona que usa gafas: "Pobrecito, era el cuatro ojos en nuestra clase". Lo mismo si decimos que alguien llegó con un ‘ojo a la funerala': la expresión alude a un ojo amoratado como consecuencia de un golpe: "Después de la pelea callejera, varios se fueron con algún ojo a la funerala".

Nos sentimos halagados si alguien pondera nuestro ‘ojo clínico' porque significa que tenemos habilidad o facilidad para captar o para prever una circunstancia: "Ojo clínico tenés para advertir quién va a ser buen empleado".

Y ¿por qué se habla de ‘ojo del huracán'? No solamente puede aludir a la rotura de las nubes que cubren la zona de calma que hay en el vórtice de un ciclón, sino que metafóricamente connota el centro de una situación polémica o conflictiva: "Estás en el centro del huracán".

Tres expresiones similares dan, también, cuenta de significados semejantes: ‘a cierra ojos' es una locución adverbial que indica "sin examen ni reparo, precipitadamente"; además, ‘a ojo' y ‘a ojo de buen cubero' señalan "sin peso, sin medida, a bulto" y "a juicio, arbitrio o discreción de alguien": "Lo hizo sin receta alguna, a ojo de buen cubero".

Si una persona entrecierra los ojos y los entorna para dirigir la mirada, se dice que lo hizo ‘a ojos cegarritas'; y si lo realizó ostensiblemente, la expresión usada es ‘a ojos vistas'.

El verbo ‘abrir' y el sustantivo ‘ojo/ojos' se combinan para originar locuciones varias: ‘abrir alguien el ojo' se relaciona con "estar advertido para no ser engañado", como en "Abra el ojo, no le vayan a meter el perro"; en cambio, ‘abrir alguien los ojos' es "conocer las cosas como son, para sacar provecho y evitar que puedan causar ruina". Si decimos ‘abrir los ojos a alguien' es "desengañarle en cosas que le pueden importar": "Tuve que abrirle los ojos a mi hija para que viera en qué lío se estaba por meter". Esta locución se iguala en valor significativo a ‘avivar alguien el ojo/los ojos', que no es otra cosa que andar con diligencia y cuidado a fin de ser engañado.

A veces las emociones nos dominan y lloramos o estamos a punto de hacerlo: decimos, entonces, que se nos ‘arrasaron los ojos de lágrimas'. Existe una locución, ‘cerrar los ojos', con diferentes aplicaciones: "dormir" (Se me cierran los ojos); "morir" (Cerró finalmente los ojos tras larga agonía); "obedecer sin réplica" (Cuando escuché la orden, cerré mis ojos); "arrojarse temerariamente a hacer algo sin reparar en inconvenientes" (Cerré los ojos y me lancé a la aventura).

Un modo persistente de mirar se puede expresar de dos formas: ‘clavar los ojos en alguien o algo', como en "Clavé los ojos en esa figura maltrecha"; y ‘comerse alguien con los ojos a otra persona o algo', locución que muestra cómo la mirada puede indicar una pasión vehemente, como el odio, el amor, los celos, la envidia, la codicia: "Su envidia se notaba en cómo se comía con los ojos a su rival".

Se relacionan también con el modo de dirigir la mirada otras locuciones: ‘Mirar de mal ojo' es mostrar desafecto o desagrado, como en "Siento que me mira de mal ojo"; ‘mucho ojo' es una expresión que sirve como aviso para que se considere atentamente lo que va a decirse o va a suceder: "Mucho ojo con la compra que va a hacer". Parecida es la locución ‘mucho ojo, que la vista engaña', que pretende advertir a alguien acerca de falsas apariencias.

Llaman la atención algunas locuciones que comienzan con la negación: ‘No decir (a alguien) buenos ojos tienes' significa que no se le dirige la palabra o que no se le hace caso; ‘No levantar los ojos' es sinónimo de mirar el suelo por humildad o modestia; ‘No pegar los ojos' señala que no se puede dormir; ‘No quitar ojos/el ojo (de alguien o algo)' indica que se pone en ello gran atención e insistencia. Si alguien dice ‘no saber dónde tiene los ojos' va a señalar que es muy ignorante o inhábil en las cosas más claras y triviales.

La explicación que se da a la locución ‘ofender los ojos' es que un hecho sirve de escándalo: "La mentira es tan grande que ofende los ojos"; una advertencia sobre un peligro inminente o un robo puede expresarse con ‘ojo al cristo, que es de plata' o con la expresión ‘ojo avizor/alerta'.

Si se demuestra cariño por una persona y se la elige para algún designio, se dice que ‘se puso los ojos en ella': "Me siento honrada porque el nuevo funcionario ha puesto los ojos en mi hijo".

Menos usadas resultan aquellas locuciones que se forman con el verbo ‘quebrar': si decimos que la luz ‘quiebra los ojos' significa que es tan fuerte que no se la puede mirar; por su lado, ‘quebrarse los ojos' es fatigarlos por el esfuerzo, como en el estudio o la lectura. Pero ‘quebrar el ojo al diablo' es hacer lo mejor, más justo y razonable.

También se forman diferentes expresiones con ‘sacar': cuando me cobran un precio desmesurado por algo, diré que me ‘sacaron los ojos', pero si dos personas ‘se sacan los ojos' significará que riñeron con gran cólera y que exageraron su enojo.

Múltiples formas adoptan las locuciones con este sustantivo: nos gusta aquella que dice ‘poner los ojos en albo/blanco' pues ella señala estupor o admiración; también, ‘por sus ojos bellidos' pues significa "sin costar trabajo alguno, por su buena cara, de balde".

Y completaremos esta búsqueda de elementos del rostro en expresiones habituales, con el vocablo ‘ceja': si alguien ‘se quema las cejas' significa que estudia mucho; si alguien tiene a otro ‘entre ceja y ceja' es porque lo mira con prevención desfavorable ("Tenía a Juan entre ceja y ceja"), pero también nombra aquello que obsesiona y que se tiene como pensamiento fijo ("Tiene esa meta entre ceja y ceja").

Por su parte, el vocablo ‘pestaña' nos trae al ámbito de la informática, en donde designa el elemento gráfico que, mediante un clic, permite cambiar de documento o de contenido dentro de la misma ventana. A partir de este término, hallamos la locución ‘sin pestañear' que señala que algo se mira con suma atención o que se arrostra serenamente un peligro inesperado: "Sin inmutarse y sin pestañear, fue siguiendo la evolución del hecho".

Finalmente, si alguien ‘se juega las pestañas' significará que arriesga en el juego todo el caudal o fortuna de que dispone.

Como síntesis, damos la frase transcripta en el Diccionario de americanismos: ‘Ojo, pestaña y ceja', propia de Chile, para indicar que ha de prestarse mucha atención a lo que se hace o como advertencia; y con el mismo valor, ‘Ojo al piojo', propia de Argentina y Uruguay.

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