Del papel a la tinta: expresiones que sobreviven al paso del tiempo

Aunque la tecnología desplazó muchos de sus usos cotidianos, las palabras "papel" y "tinta" siguen presentes en el idioma a través de expresiones, locuciones y significados que reflejan oficios, costumbres y formas de entender la realidad. Un recorrido por su riqueza lingüística y su evolución en el español.

Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

Lejos han quedado aquellos días de escuela en que el papel y la tinta tenían un rol definido: el uno servía para escribir en él por ser una hoja sobre la que se plasmaba un escrito; la otra era el líquido azul, negro, rojo o verde destinado a escribir o colorear. Pero, he aquí que los valores de los términos son mucho más ricos de lo que aquellos destinos primarios indicaban, ya porque connotan realidades diversas, ya porque, al integrar locuciones, nos ponen frente a una multiplicidad de actitudes del hablante.

Detengámonos, en primer lugar, ante ‘papel': nos fijamos en la acepción según la cual el ‘papel' es la parte de una obra teatral o cinematográfica que corresponde representar a un actor: "Debe memorizar su papel para el ensayo general". Por extensión, también se denomina ‘papel' a cada personaje de una obra, como en "el papel de hechicera" o "el papel de eterno conquistador". Pero, fuera del ámbito de la actuación, también se involucra como ‘papel' el cargo o función que alguien o algo desempeña en alguna situación o en la vida: "En la empresa, es tu hermano el que cumple el papel principal de organizador". Asimismo, toda actuación personal es un ‘papel': "No hizo entonces un buen papel".

En el plano laboral, se habla de ‘papeles' para referirse a las credenciales, títulos o documentos que legalizan la actuación de un funcionario o de un empleado: "Está en la etapa de regularizar sus papeles".

Seguramente, muchos de nosotros atesoramos en nuestras bibliotecas viejos ejemplares de obras famosas editadas en ‘papel biblia', entendiéndose por tal aquel sumamente delgado pero resistente, de excelente calidad, usado para imprimir grandes obras muy extensas: "Guardo las Novelas ejemplares de Cervantes, en una lujosa impresión, en papel biblia".

Y ya no recurrimos, como antes, a hacer copias en nuestras añosas máquinas de escribir, con ‘papel carbón' o ‘papel carbónico', cuyo entintado, en una de sus caras, permitía obtener duplicados o triplicados de un trabajo: "¡Qué fastidioso era enmendar un error cuando trabajabas con papel carbón!"; también, el ‘papel cebolla', muy delgado y traslúcido, solía emplearse para copias. Resulta, además, desusado el empleo de ‘papel secante', destinado a enjugar lo escrito, a fin de que no se emborrone.

En lo gastronómico, resulta muy usado el ‘papel de aluminio', conocido también como ‘papel de plata', empleado para envolver alimentos; y en los almacenes de barrio, ¡cuántas veces nos han envuelto nuestra compra en ‘papel de estraza', también llamado ‘papel de añafea'. Se trata de un tipo de papel áspero, sin blanquear; generalmente, se presenta rugoso y en color marrón: "Me llegó el envío prolijamente embalado en papel de estraza".

Traemos a colación el origen árabe del vocablo ‘añafea', lengua en que significaba "residuos, restos, sobras". Existen denominaciones para el papel de acuerdo con sus usos, pero nos llama la atención la expresión ‘papel mojado', con la cual se denomina una cosa inútil o inconsistente, algo de poca importancia o que sirve muy poco como prueba para un asunto: "El juez consideró esas declaraciones un papel mojado, que nada aportaban a la causa".

Los artesanos emplean el ‘papel pinocho' y el ‘papel pintado': el primero es fino, con superficie arrugada y se usa para trabajos manuales y en decoración; el segundo, de colores y dibujos varios, se emplea para adornar paredes de habitaciones.

El verbo ‘hacer' y nuestro sustantivo ‘papel' forman locuciones parecidas, pero con aplicaciones distintas: ‘hacer alguien su papel' significa "cumplir su cargo o ministerio o ser de provecho para algo"; así, "Creo que el actual intendente ya empezó a hacer su papel; por su parte, ‘hacer buen o mal papel' va a significar, respectivamente, "salir lucidamente o desairadamente,

en algún acto o negocio": "Tengo mi conciencia tranquila porque creo haber hecho buen papel". Además, tampoco es lo mismo ‘hacer el papel' que ‘hacer papel', ya que, en el primer caso, estamos indicando que se finge o representa algo diestramente, mientras que, en el segundo, se señala que se ha alcanzado prestigio: "Ha hecho el papel de protector de las artes" y "¡Qué pronto ha hecho papel en ese cargo!".

Cuando una persona no tiene dominio sobre sí misma, se dice que ‘ha perdido los papeles', pero si está ‘sin papeles', sobre todo si es un inmigrante, significa que carece de permiso para residir y trabajar legalmente. Al respecto, la Fundéu nos informa acerca de la coexistencia de las formas ‘sin papeles' y ‘simpapeles'. La primera, en dos palabras, adquiere valor adjetivo, como sinónimo de "indocumentado": "Están persiguiendo a todos los jóvenes sin papeles". En cambio, ‘simpapeles' sigue la tendencia a la sustantivación y, conforme lo dice la Ortografía de la Real Academia Español, es admisible, con la escritura que lleva "m" antes de "p"; en este caso, se puede decir ‘un/una simpapeles' y pluralizar ‘los simpapeles': "En el centro, esta mañana, salieron corriendo varios simpapeles".

Conceptos contrarios encierran las locuciones ‘tener buenos papeles' y ‘traer alguien los papeles mojados'; efectivamente, la primera señala que una persona tiene instrumentos legales y certificaciones que prueban su nobleza o sus méritos: "Me agrada ese candidato pues tiene buenos papeles"; la segunda, por el contrario, según lo dijimos antes, señala que son falsas o que carecen de fundamento las noticias que da: "No podés confiar en ella pues tiene los papeles mojados".

¿No conocemos a alguien a quien le gusta ‘cargar/recargar las tintas'? ¿Qué queremos decir con ello? Lo que se desea expresar es que se exagera el alcance o la significación de un dicho o de un hecho: "Está sobreactuando, como siempre, y carga las tintas para impresionar al ocasional interlocutor".

¿Cuándo se afirma que ‘corre la tinta'? Ello puede decirse siempre que se escriba con facilidad, fluidamente: "Advertimos que es un escritor nato y que deja correr la tinta". Esta misma locución puede reforzarse al decir ‘correr ríos de tinta". Y se afirmará que un artículo o escrito es ‘de buena tinta', si la fuente que se toma en cuenta es fidedigna o se ha hecho con eficacia: "Siempre me gusta leer sus trabajos porque son de buena tinta".

Si nuestro esfuerzo para lograr algo ha sido desmedido, se dirá que ‘hemos sudado tinta' por el empeño que hemos puesto en alcanzar el objetivo deseado: "Sudé tinta para llegar a mi meta". Y si me olvidé de algo diré algo incomprensible para la generación joven: ‘dejar/ quedársele algo en el  tintero': "Espero haber recordado cada hecho y no haber dejado nada en el tintero".

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