Bots y chatbots de servicios: robots con viveza criolla programada

Son necesarios unos estándares para los servicios de respuestas a clientes por sistemas digitalizados. En Argentina, los bots, chatbots y robots boludean a la gente y en casos excepcionales son dinámicos y recolutivos. Están creados a imagen y semejanza de los vivos criollos que alimentan la viveza criolla.

La inteligencia artificial ha solucionado muchos problemas de conexión entre empresas de servicios y sus clientes. La atención simultánea de miles de personas a la vez ha logrado suplir, en muchos casos, aunque no en todos, las esperas en línea cuando hay un reclamo o consulta que realizar. 

Basta con intentar conectarse para que un bot responda, derive, solucione.

Pero en Argentina -país matriz de la denominada "viveza criolla"- la programación de esos sistemas corre por cuenta de argentinos, con objetivos e intenciones argentinas y, de tal modo, no se puede obviar que existan servicios impregnados de esa característica nacional y popular: hasta los robots patean para después, demoran y hasta engañan.

Allí tienen, sindicalistas temerosos de la robotización: no, no desaparecerán puestos de trabajo sino que se transformarán. Y allí tienen, también, los adoradores a ultranza de la digitalización: si una empresa argentina quiere engatusar, desatender o mantener a raya masivamente a sus clientes, lo podrá hacer con "viveza criolla artificial" como, de hecho, sucede.

Crecen los casos de bots (o robots) programados para no solucionar los problemas, sino para vender un segundo o tercer producto, derivar hacia otras oportunidades comerciales para la empresa o simplemente, dejar pendiente el trámite porque no es capaz de resolverlo de inmediato.

Allí radica el factor negativo de esta digitalización y no en el remplazo de personal humano. Las personas que programaron lo hicieron a imagen y semejanza de los modelos con que bancos, empresas de servicios públicos y privados, aerolíneas, negocios de venta de los más diversos artículos, seguros, etcétera, atienden a la gente.

La insatisfacción es grande. La frustración es creciente. Y la demanda de estándares más claros para su funcionamiento, un emergente que debe ser atendido.

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