Dólares: revistas antiguas, con problemas actuales

El escritor y periodista Jorge Enrique Oviedo traza una línea entre los problemas publicados en el pasado y los actuales, y encuentra una matriz que nos mete en un túnel del tiempo en forma permanente.

Jorge Enrique Oviedo

He descubierto, tardíamente por cierto, que ciertas aficiones personales pueden tener efectos contraproducentes. Me ha pasado con mi colección de revistas antiguas, ¡en papel!, que despiertan múltiples recuerdos. Por ejemplo, en el terreno del humor (tan alicaído en los últimos tiempos), ahí están, un poco cubiertos de polvo, esos ejemplares de Hortensia, Tía Vicenta y Rico Tipo (con dos tapas dibujadas por Quino, ¡y en colores!)

Más abultada es la pila de revistas de actualidad -Primera Plana, Confirmado, Panorama, Somos, Visión- unidas pese a sus diferencias por la interpretación de la realidad. Al azar, o no tanto, busqué en esas páginas amarillentas para ver si podía desprenderme de algunas, pero la intención fue fallida. Lo que apareció, más allá del instante, fue un cuadro entre sonriente y de desazón.

Todas las impresiones las sintetizo en esa tapa de Primera Plana (Año IV-Nº 197-$100- Buenos Aires, 4 al 10 de octubre de 1966), con el título "A la espera de dólares", del humorista Kalondi. Ya no está Jacobo Timerman, Ramiro de Casabellas es el director acompañado por Julián Delgado y Tomás Eloy Martínez. Marco histórico: el 28 de junio de ese año, los militares encabezados por Onganía, deponen a Arturo Illia y Carlos Perette, clausuran las universidades y ponen en marcha la Revolución Argentina.

En la tapa, una atribulada ?República', en colores, está entre los últimos lugares de una larga fila de hombres cuyo único propósito es conseguir dólares.

 

La nota está centrada en la reunión en Washington de los gobernadores del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a la que debía concurrir la Argentina. Pero el país no estuvo, porque el ministro de Economía nacional, Jorge Néstor Salimei, llegó después. Fue el único ausente de la asamblea de los 153 gobernadores presentes en la 20ª asamblea. Fue tan notoria su ausencia, que un delegado mexicano le preguntó a un argentino: "¿No le interesa al nuevo Gobierno el contacto con los organismos de crédito?"

"En realidad, dice la revista, los observadores avezados comprendieron que la demora argentina no era una actitud interesada sino el producto de las circunstancias locales. La Argentina, supieron, no tiene implementada su política económica exterior y no puede, por ahora, exponer con amplitud sus objetivos. Es preferible, entonces, un comportamiento opaco".

La lectura avanza y aparece un personaje muy conocido después: Álvaro Alsogaray, nombrado como una especie de ?super ministro' alterno, luego de ser designado "superembajador en Estados Unidos y Europa, antes de quedar acreditado en USA. El periodista habla de una "notoria tirantez" entre Salimei y Alsogaray, ya que éste había presentado un plan económico a Onganía, que todavía no había sido considerado.

Salimei proyectaba sólo algunas medidas, como "un posible incremento del ahorro del sector público sobre la base de aumentos de ingresos y reducción simultánea de los gastos corrientes en las empresas estatales y en la Administración central", y un "ataque al déficit ferroviario, cerrando talleres (que pasarían de 26 a 19) y cesanteando a 40.000 agentes, en un término de 36 meses).

Surge entonces que Onganía no tenía todavía un plan económico, pero que estaba preocupado por un fenómeno económico: la inflación. Inicia entonces una ronda de entrevistas con economistas, y empieza con Carlos Moyano Llerena y Julio Alizón García. No hubo información oficial sobre estos encuentros, pero la revista consigue algunos indicios de su contenido.

"Moyano y Alizón coincidieron en que el Gobierno no posee una idea clara de los caminos a seguir para conjurar la inflación. ?Las críticas fueron caballerescas - especificó un vocero. Los dos evitaron señalar a miembro alguno del equipo económico, salvo en un caso'. El Presidente preguntó a sus invitados si estimaban posible detener la inflación en pequeñas etapas; Moyano y Alizón se mostraron contrarios a ese sistema. La batalla, a su criterio, debe darse de frente y en un plazo corto. Uno de los dos supuso que la consecuencia inmediata de las primeras medidas antiinflacionarias será una cuota de desocupación, pero acotó que este problema se resolverá al producirse un reajuste de la economía"

"Alizón y Moyano opinaron que el aumento de los servicios públicos para disminuir los déficits de las empresas del Estadio es tan sólo un medio, y no el más adecuado, en pos de aquella meta. Según uno de ellos, en esas empresas hay un sector importante de los presupuestos, llamado ?costo de la ineficiencia: resulta imprescindible eliminarlo al comienzo por medio de la racionalización"

"Ambos visitantes objetaron, en fin, la mecánica de devaluaciones paulatinas que Salimei parece haber heredado de sus antecesores radicales"

Aunque me resisto al principio, leo la columna de Mariano Grondona titulada "¿Es esto una Revolución?", en que solapadamente apoya al "movimiento que terminó con la hegemonía radical..." y opina: "...si bien (por ahora) no ?hay' Revolución', ?puede haberla' si cambian algunas de las condiciones existentes. Hasta el momento, hay un Gobierno que cuya ?pretensión' revolucionaria se agota en cambios formales de la estructura legal. El movimiento del 28 de junio se halla en busca de su propio ser. Y es evidente que esta búsqueda no ha terminado. Lo que ocurre es que al pretender la Revolución, el nuevo Gobierno refleja una creencia colectiva de la Argentina: la convicción de que ?algo' - algo profundo y substancial - tiene que cambiar en nuestra sociedad para que tengamos, en verdad, un futuro".

 Volví la revista a esa pila y me dediqué a las de humor. Mi ánimo ya estaba destemplado. Saqué la cuenta: ya han transcurrido 56 años. Y todo sigue repitiéndose, igual, o peor.

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