Empleo: subieron la informalidad y la subocupación en el arranque de 2026
El INDEC informó que en el primer trimestre la desocupación se ubicó en 7,8% y no mostró cambios significativos frente a un año atrás, pero crecieron el trabajo informal y la subocupación. Entre los jóvenes y en los grandes aglomerados urbanos se concentraron las mayores tensiones del mercado laboral.
El mercado laboral arrancó 2026 sin señales de mejora de fondo. Según el informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicado por el INDEC, durante el primer trimestre la desocupación se ubicó en 7,8%, prácticamente sin cambios frente al mismo período del año pasado, mientras que la tasa de empleo se mantuvo en 44,8% y la tasa de actividad en 48,6%. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad, el relevamiento mostró un deterioro en la calidad del trabajo: aumentaron la subocupación y la informalidad, dos indicadores que reflejan mayor precariedad y presión sobre el mercado laboral.
El informe abarca a los 31 aglomerados urbanos relevados por la EPH y estima que allí viven 30,1 millones de personas, equivalentes al 63,4% de la población del país. Dentro de ese universo, unas 14,6 millones integraron la población económicamente activa y 13,5 millones tuvieron empleo en el período analizado. A la vez, el INDEC calculó que hubo 1,1 millones de desocupados.
Un mercado laboral estable en cantidad, pero más frágil en calidad
La primera conclusión del informe es que las variables centrales del mercado de trabajo quedaron prácticamente congeladas. La actividad laboral no avanzó respecto del primer trimestre de 2025, el empleo tampoco mostró una mejora estadísticamente significativa y la desocupación se mantuvo casi en el mismo nivel: había sido 7,9% un año antes y quedó en 7,8% en el comienzo de 2026.
Pero el dato más sensible del informe aparece cuando se observa la calidad de las ocupaciones. La subocupación -que mide a quienes trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestos a trabajar más- trepó a 11,1%, con una suba de 1,1 puntos porcentuales frente al primer trimestre del año pasado. Se trata de una variación que el propio INDEC considera estadísticamente significativa, lo que marca un aumento real de la insuficiencia laboral.
A eso se sumó otro dato preocupante: la informalidad laboral alcanzó el 44,2% de la población ocupada, contra 42% en igual trimestre de 2025. En términos absolutos, la población con empleo informal pasó de 5,575 millones a 5,955 millones de personas. Es decir, casi 4 de cada 10 asalariados no tuvieron descuento jubilatorio, y en el conjunto de los ocupados la informalidad ya afecta a más de 4 de cada 10 trabajadores.
Más de 2,3 millones de ocupados buscan otro trabajo
Otro de los datos que muestra la fragilidad del mercado laboral es la cantidad de personas que, aun teniendo empleo, buscan otro. El INDEC informó que la tasa de ocupados demandantes de empleo fue de 15,8%, lo que equivale a 2,316 millones de personas. A eso se suman quienes no buscan activamente un nuevo puesto, pero sí están disponibles para trabajar más horas o ampliar su jornada. Si se combinan desocupados, ocupados demandantes y ocupados no demandantes disponibles, la presión sobre el mercado de trabajo alcanzó al 29,6% de la población económicamente activa.
Ese dato muestra que la tensión laboral no se limita al desempleo abierto. Una porción importante de los trabajadores ya insertos en el mercado no logra conformar su situación ocupacional actual, ya sea porque necesita un segundo empleo, porque quiere cambiar de trabajo o porque necesita trabajar más horas para completar ingresos.
Los jóvenes siguen siendo el grupo más golpeado por la desocupación
El informe también ratifica una tendencia estructural del mercado laboral argentino: los mayores niveles de desempleo se concentran entre los jóvenes. En el primer trimestre, la desocupación entre las mujeres de 14 a 29 años fue de 15,5%, mientras que entre los varones de la misma edad llegó a 14,6%. Ambos niveles quedaron muy por encima del promedio general del 7,8%.
Si se observa la composición de la población desocupada, casi la mitad corresponde a hijos dentro del hogar (47,2%), un dato que vuelve a reflejar la fuerte incidencia del desempleo en los sectores más jóvenes. Además, entre quienes no tienen trabajo predominan las personas con secundario completo (36%) y, en menor medida, quienes no terminaron el secundario (21,5%) o tienen estudios superiores incompletos (16,7%).
Otro rasgo que expone el informe es la persistencia del desempleo de larga duración. El 31,8% de las personas desocupadas llevaba más de un año buscando trabajo, mientras que un 26,3% lo hacía desde uno a tres meses. En paralelo, 78,7% de los desocupados tenía una ocupación anterior, lo que sugiere que la mayor parte del desempleo no se explica por personas que intentan ingresar por primera vez al mercado laboral, sino por trabajadores que perdieron un puesto y no lograron reinsertarse.
Predominio asalariado, pero con deterioro del empleo formal
La estructura del empleo relevada por el INDEC muestra que el trabajo asalariado sigue siendo la principal forma de inserción: 71,8% de los ocupados son asalariados y 24,2% trabajan por cuenta propia. Sin embargo, dentro del universo asalariado creció el peso del segmento informal. Del total de asalariados, 62,1% tiene descuento jubilatorio y 37,9% no lo tiene.
En paralelo, al observar la composición de la tasa de empleo, se advierte una baja del empleo formal dentro del total de la población: los ocupados formales representaron 24,9% de la población, frente al 25,7% de un año antes, mientras que los ocupados informales pasaron de 18,7% a 19,8%. Es decir, el empleo no sólo no creció, sino que además se desplazó hacia formas más precarias.
Cuyo mostró baja desocupación, pero alta presión laboral
En la comparación regional, Cuyo exhibió una de las tasas de desempleo más bajas del país, con 5,5%, por debajo del promedio nacional de 7,8%. También mostró una tasa de empleo de 45,1%, levemente superior al total nacional. Sin embargo, esa mejor performance convivió con un dato llamativo: la región tuvo una tasa de ocupados demandantes de empleo de 20,9%, la más alta entre las regiones relevadas, y una subocupación de 12,3%.
En el caso del Gran Mendoza, la desocupación fue de 7,3%, con una tasa de empleo de 44,8% y un nivel particularmente alto de ocupados que buscan otro trabajo: 22,4%. La subocupación, en tanto, alcanzó 13,8%, también por encima del promedio general.
Los grandes centros urbanos concentran más desempleo
Otra de las conclusiones del informe es la brecha entre aglomerados grandes y chicos. En las ciudades de 500.000 habitantes o más, la desocupación fue de 8,3%, mientras que en los aglomerados más pequeños se ubicó en 5,7%. El INDEC remarcó, además, que en las localidades de menos de 500.000 habitantes esta tasa aumentó de manera significativa tanto frente al año pasado como respecto del trimestre previo.
En términos regionales, el nivel más alto de desempleo se registró en Gran Buenos Aires, con 8,7%, seguido por la región Pampeana, con 8,2%. En el otro extremo, las tasas más bajas se observaron en el Noroeste (4,9%), Patagonia (5%) y Cuyo (5,5%).
Un mercado laboral que no se recupera, pero sí se precariza
El balance que deja el informe del INDEC es el de un mercado de trabajo que no se desplomó en términos de empleo o desempleo, pero que sí mostró un empeoramiento en la calidad de la inserción laboral. La foto del primer trimestre de 2026 no es la de una crisis de puestos de trabajo en sentido estricto, sino la de un escenario de estancamiento con mayor precariedad: más informalidad, más subocupación y una porción importante de ocupados que, aun teniendo trabajo, siguen buscando cómo mejorar sus ingresos.
En otras palabras, el problema del empleo ya no pasa sólo por cuántas personas están desocupadas, sino por qué tipo de trabajo se está generando y cuántos de esos puestos permiten sostener ingresos, estabilidad y protección social. Ese es, probablemente, el dato más fuerte que dejó la EPH del arranque de 2026.