Emprender un negocio en tiempo de redes sociales

Dos historias de emprendedores que se valieron de las nuevas herramientas de comunicación para desarrollar sus negocios, con bajo capital y bajo riesgo.

Las redes sociales cambiaron el paradigma de las relaciones y los vínculos en los últimos 10 años. Transformaron la realidad acortando distancias como nunca y expusieron las "vidas" de todos en el escenario virtual que día a día construimos con posteos, historias y reparto discrecional de likes.

Para las empresas, fue llegar a sus clientes de manera rápida y amigable, y para los clientes, la posibilidad de reclamar las insatisfacciones ante la mirada de todos, de exponer a los gigantes, y obligarlos a responder, sin salirse del libreto.

Hoy, florecen emprendedores que gestan sus microempresas desde las bases que las redes sociales les ofrecen para llegar a potenciales compradores y seducen con herramientas de marketing digital y fotos bonitas. Una realidad que permitió a numerosos jóvenes concretar sus proyectos y crecer de la mano de Instagram, Facebook y otras plataformas.

Un mundo de posibilidades

En 1994, Gabriel Pérez decidió invertir todos sus ahorros en un negocio de comidas. Salió al mercado y jugó sus sueños allí. Utilizó su dinero para acondicionar un local en calle Arístides Villanueva, cuando todavía no era la arteria gastronómica en la que luego se convirtió, y salió a competir con los que llevaban la delantera en el rubro. A los pocos años y tras una crisis persistente, debió cerrar "Jabalí", como se llamaba su emprendimiento.

Hoy, enero del 2020, comenzar un negocio sin un capital consistente o sin el dinero como para montar un local a la calle es posible, gracias a la vidriera siempre iluminada de las redes sociales, y competir con comercios tradicionales es una realidad mucho más viable que en 1994.

En un contexto económico nacional en dónde todos los rubros caen en ventas, el comercio electrónico sostiene su alza y expone la mudanza de compradores de sistemas tradicionales al que ofrecen las nuevas tecnologías. En un solo semestre de 2019, el segmento facturó $152.619 millones, y la cifra representa un incremento de casi el 56% con respecto al 2018, cuando alcanzó los $97.892 millones, de acuerdo a los datos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico.

Los zapatos más famosos de Instagram

"En 2018 me volví a vivir a Buenos Aires luego de algunos años en Chubut. En el sur había comenzado a vender ropa que traía justamente de Buenos Aires y tenía una cartera de clientas que requerían mis productos. Una vez instalada en Buenos Aires comencé a subir fotos de las prendas a Facebook, levantaba pedidos y los enviaba a Chubut. Así nació Maite Shoes", cuenta Julieta Torres, emprendedora que comercializa zapatos a través de sus redes y su página web. Hoy su cuenta de Instagram tiene 91 mil seguidores.

"Cuando me di cuenta de que los zapatos me permitían sostener la logística mejor que la ropa comencé con éstos productos. Hoy compro a varias fábricas nacionales y tengo exclusividad con una de ellas. Mi negocio pasó de ser meramente local a tener clientas en todas las provincias del país. Es una de las páginas más conocidas a nivel nacional de venta de zapatos pese a la cantidad de competencia que surge permanentemente".

Justamente en este sentido, si bien muchas personas intentan comercializar sus productos a través de las redes, no son muchos los que perduran, por las dudas que existen en cuanto a la fiabilidad del vendedor y del producto, algo que lleva tiempo ganar. "Aquellos vendedores que no son confiables al tiempo dejan de existir, sólo se mantienen los que trabajan seriamente. Igualmente es un medio muy seguro de compra - venta, hoy internet ofrece garantías como para que el cliente se quede tranquilo sobre el producto que recibe y el destino de su dinero", aporta Julieta.

Maite Shoes planea para el 2020 sumar tutoriales de maquillaje en Instagram TV y continuar con el armado completo de looks, algo que genera reacciones positivas de sus clientas, aumentando el engagment de la cuenta, o la fidelidad de sus seguidores.

A su vez, instalar un negocio a la calle, no seduce en primera instancia a Julieta, desde el punto de vista de costos, salarios y cargas lógicas de un comercio presencial, aunque no lo descarta completamente: "Antes era un no rotundo a esa posibilidad, hoy lo veo con otros ojos, más allá de que mi fuerte es la venta on line".

Las tortas que se venden por app a todo Mendoza

Petit Patisserie hoy tiene 11 mil seguidores en Instagram, en dónde sus number cakes bañadas en crema y frutillas, se mezclan con brownies abarrotados de dulce de leche y chocolate, o muffins esponjosos que traspasan la pantalla de cualquier celular.

Su dueña es la chef y pastelera Belén Brunetti, quién emprendió el camino del negocio propio en Agosto del 2013 tras obtener el título en la escuela de cocina Islas Malvinas. "Desde los 15 años trabajé en una agencia de quiniela, mientras estudiaba gastronomía seguía trabajando y ahorrado, lo que me permitió iniciar éste proyecto. Fui comprando todo lo necesario para armar una cocina y acondicionando el lugar en la casa de mis abuelos en Carrodilla, para poder ofrecer mis productos".

"Los comienzos fueron difíciles porque hay que hacerse conocido, me ayudaron familiares y amigos que me hicieron los primeros pedidos. Luego los clientes empezaron a incorporar a su vida ese servicio que yo brindaba" y añadió: "Con la llegada de Petit Patisserie a Instagram se dio un cambio muy grande, aunque paulatino. Hoy, varios años después puedo decir que Instagram tracciona muchísimo ya que gran parte de las ventas salen de allí".

"También las app de ventas y envíos cómo Pedidos Ya o Uber Eats se han vuelto muy importantes, permitiéndome llegar a muchos clientes sin tener que ocuparme de esa logística", suma Belén, quien gracias al desarrolló que tuvo su pastelería valiéndose de las nuevas tecnologías, consiguió que varias cafeterías de Mendoza tercericen en ella la elaboración de productos dulces y tortas.

"A fines del 2019 terminé un espacio físico para el dictado de workshops, con clases especiales que ya comenzaron en dónde enseño técnicas, recetas, y consejos a mis clientes interesados en capacitarse en pastelería, trasladando y comunicando parte de mi pasión y mi vida".

Hoy las redes sociales, aplicaciones y páginas web, permiten no sólo bajas inversiones para emprender, sino también medios para segmentar audiencias, direccionar mensajes o seleccionar públicos, mucho más precisas que nunca antes. Y los públicos están también cada vez más abiertos a comprar desde el celular y esperar el producto en casa, como marcan los números de la CACE. Una tendencia irrefrenable, ante el avance del tiempo.


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