La visita del Papa pone el foco en los Cotolengos: así trabajan en Mendoza
Mónica Wancel, directora de la institución de Godoy Cruz, explicó en Radio Post cómo cambió el abordaje de las personas con discapacidad y describió la vida cotidiana de los 24 residentes. La posible visita del papa León XIV al Cotolengo de Claypole volvió a poner el foco sobre estas instituciones y su evolución.
La posible visita del papa León XIV al Pequeño Cotolengo Don Orione durante su visita a la Argentina en noviembre volvió a poner en agenda la realidad de los cotolengos y el trabajo que realizan con personas con discapacidad. En Mendoza funciona desde hace décadas una de estas instituciones, ubicada en Godoy Cruz, que actualmente alberga de manera permanente 24 personas.
En diálogo con el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post, la directora del Cotolengo Don Orione de Mendoza, Mónica Wancel, explicó cómo cambió el paradigma de atención respecto de décadas atrás y describió el particular vínculo que el equipo construye con los residentes.
La institución mendocina es, según explicó, la más pequeña de los cotolengos que funcionan en Argentina. Allí viven personas con discapacidad intelectual y motora, todas adultas. La residente más joven tiene 34 años y la mayor, 72.
Wenzel remarcó que la realidad actual es muy diferente de aquella imagen asociada históricamente a instituciones donde las familias dejaban a sus hijos con discapacidad y prácticamente perdían el contacto con ellos.
"Hace 60, 70 años hasta se publicaba en el diario 'Vendo casa con tonto adentro'", recordó la directora para dimensionar el cambio social producido en torno a la discapacidad. Según explicó, ese tipo de avisos formaba parte de una época en la que las personas con discapacidad podían permanecer ocultas dentro de los hogares y eran consideradas, en muchos casos, una carga para sus familias.
Para Wancel, también existía un fuerte desconocimiento médico y social. "Hace muchos años atrás no teníamos los avances que tenemos ahora", señaló, y explicó que el nacimiento de un bebé con alguna discapacidad podía resultar "muy disruptivo dentro de la familia", mientras que los profesionales de la salud contaban con menos herramientas y conocimientos para acompañar esas situaciones.
De la asistencia al acompañamiento personalizado
La directora sostuvo que también cambió profundamente la forma de trabajar dentro de los cotolengos. La antigua perspectiva, definida por ella como "muy asistencial", consistía básicamente en alimentar, higienizar y cuidar a las personas.
"Yo te doy de comer, más o menos te tengo limpiecito, bueno y vamos andando", sintetizó para describir aquella mirada.
En la actualidad, aseguró, el objetivo es diferente. En el Cotolengo Don Orione de Mendoza se intenta conocer a cada residente, sus preferencias, intereses y necesidades, incluso cuando la comunicación verbal es prácticamente inexistente.
De los 24 residentes, Wancel explicó que solamente puede mantener una conversación con alrededor de cinco. Los demás no hablan o se comunican mediante sonidos, gestos o miradas.
Por eso, consideró que el trabajo tiene "mucho de artesanal". Para comprender qué necesita o qué le gusta una persona que no puede hablar, dijo, es necesario construir un vínculo a lo largo del tiempo.
"Para que vos entendás ese lenguaje, vos tenés que haber estado bastante tiempo cerca de él", explicó.
La institución cuenta con un equipo integrado por cocineras, nutricionista, terapistas ocupacionales, orientadores, enfermeros y otros profesionales. Todos trabajan en conjunto para mejorar la calidad de vida de los residentes.
La comida, uno de los grandes placeres
Entre las actividades cotidianas, Wancel destacó especialmente la importancia de la alimentación. La comida, señaló, constituye "uno de los placeres mayores" para muchas de las personas que viven en el establecimiento.
Por eso, el equipo de cocina y los profesionales trabajan para conocer sus preferencias y hacer de ese momento una experiencia agradable.
La directora también explicó que la institución evita hablar de "internación". Prefieren referirse a quienes viven allí como residentes.
Incluso planteó una particular manera de entender la relación entre los trabajadores y las personas que viven en el Cotolengo: "Ellos son nuestros jefes. Vos tenés que trabajar para ellos, ellos te pagan el sueldo".
La frase busca expresar que la tarea del personal está orientada a satisfacer las necesidades de los residentes y procurar su bienestar.
La mayoría lleva más de 40 años en la institución
Uno de los aspectos que más impactan en la realidad actual del Cotolengo mendocino es el tiempo que llevan allí muchos de sus residentes.
De las 24 personas que viven en el establecimiento, alrededor de 18 llevan más de 40 años institucionalizadas, según detalló Wancel.
Ese prolongado vínculo con la institución también explica, en parte, la relación actual con sus familias. Consultada sobre las visitas, la directora reconoció que son pocas las familias que acompañan regularmente a los residentes.
"De la población que nosotros tenemos, pocas familias nos acompañan", admitió.
Wancel señaló que desde el Cotolengo también se trabaja para transmitir tranquilidad a los familiares y garantizarles que sus seres queridos están cuidados. Sin embargo, con el paso de los años, ese contacto en muchos casos se fue espaciando.
Prevención y un nuevo lugar para la discapacidad
Para la directora, la evolución no se produjo solamente en las instituciones, sino también en la sociedad y en el sistema sanitario. Destacó especialmente los avances en materia de prevención y seguimiento durante el embarazo.
Mencionó entre otros aspectos las vacunas, los controles, el consumo de ácido fólico y el seguimiento médico durante la gestación, herramientas que permiten detectar tempranamente determinadas situaciones y actuar de otra manera.
Ese cambio, sumado a una mayor conciencia social, permitió abandonar progresivamente la lógica de ocultamiento y exclusión que predominaba décadas atrás.
Una red que trasciende Mendoza
El Cotolengo Don Orione de Mendoza forma parte de una red de instituciones que también tiene presencia en otras provincias y países de la región.
Wenzel mencionó establecimientos en Córdoba, Tucumán, Santa Fe y Corrientes, además de instituciones vinculadas a la obra de Don Orione en Uruguay y Paraguay.
En ese sentido, explicó que existe un vínculo directo entre el establecimiento mendocino y el de Claypole, que podría convertirse en escenario de una visita del papa León XIV si finalmente se confirma oficialmente.
"Para nosotros va a ser una gran alegría", expresó Wancel al referirse a la posibilidad de la visita papal.
Mientras esa confirmación oficial se espera, la eventual presencia del Pontífice volvió a poner el foco sobre una realidad que, según la directora mendocina, cambió profundamente: instituciones que alguna vez fueron asociadas con el abandono y el aislamiento y que hoy buscan poner en el centro la dignidad, las preferencias y la calidad de vida de cada una de las personas que allí viven.
Editó Carina Pérez