En 11 gráficos, "la pandemia de la desigualdad"

Si bien las personas de todos los grupos de ingreso sufrieron pérdidas durante la pandemia, el 20 % más pobre experimentó la caída más pronunciada. Aquí, un informe del Banco Mundial elaborado por Venkat Gopalakrishnan, Divyanshi Wadhwa, Sara Haddad y Paul Blake.

Banco Mundial

Por Venkat Gopalakrishnan, Divyanshi Wadhwa, Sara Haddad y Paul Blake

El COVID-19 ha tenido impactos desproporcionados en los pobres y vulnerables en 2021, que se traducen desde una recuperación económica desigual hasta un acceso desigual a las vacunas y desde el aumento de las pérdidas de ingresos hasta la disparidad en el aprendizaje. La pandemia está provocando retrocesos en el desarrollo y suponiendo un revés en los esfuerzos para poner fin a la pobreza extrema y reducir la desigualdad. Debido al COVID-19, la pobreza extrema aumentó en 2020 por primera vez en más de 20 años y alrededor de 100 millones (i) más de personas viven con menos de USD 1,90 al día. A través de esta serie de tablas y gráficos, compartimos algunas investigaciones del Grupo Banco Mundial que ilustran la gravedad de la pandemia a medida que ingresa en su tercer año. También reflexionamos sobre la respuesta rápida e innovadora del Banco a la crisis.

1. Un acceso desigual a las vacunas

La manera más rápida de poner fin a la pandemia es vacunando a los habitantes de todo el mundo. Sin embargo, poco más del 7 % de las personas en los países de ingreso bajo han recibido una dosis de las vacunas en comparación con más del 75 % en los países de ingreso alto. Por ello, se necesita un acceso justo y amplio a vacunas eficaces y seguras contra el COVID-19 y así poder salvar vidas y fortalecer la recuperación económica mundial.

El Banco Mundial aprobó financiamiento para la compra y distribución de vacunas en más de 64 países (i), por un monto de USD 6300 millones. Hasta ahora, casi 300 millones (i) de dosis de vacunas contra el COVID-19 están bajo contrato del Banco para los países en desarrollo. El Banco también se asoció con el mecanismo COVAX y la Unión Africana para respaldar el Fondo Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT), que ayudará a los países a adquirir y distribuir vacunas para hasta 400 millones de personas. El Grupo Banco Mundial también ha unido fuerzas con el FMI, la OMC y la OMS para convocar el Grupo de Trabajo de Líderes Multilaterales sobre COVID-19 para intensificar la coordinación entre las instituciones multilaterales, los gobiernos y el sector privado para acelerar el acceso a las vacunas COVID-19 y otros herramientas de salud para los países en desarrollo aprovechando las soluciones financieras y comerciales multilaterales. Además, el financiamiento del Banco Mundial ayuda a los países a adquirir equipos de protección personal, tratamientos, elementos de diagnóstico y equipos de oxígeno.

En general, el Grupo Banco Mundial asiste a más de 100 países para ayudarles a abordar la emergencia sanitaria, mejorar los sistemas de salud y la preparación para casos de pandemia, proteger a las personas pobres y vulnerables, apoyar a las empresas, crear empleos y poner en marcha una recuperación verde, resiliente e inclusiva.

*Los proyectos de vacunas se siguen aprobando hasta finales de año. Para obtener los datos más actualizados, visite nuestro Centro de vacunas COVID-19 (i).

2. ¿Están los países preparados para la aplicación de las vacunas?

Si bien el acceso a las vacunas es fundamental para salvar vidas, los países también necesitan la infraestructura básica para garantizar la entrega y distribución exitosas de las vacunas. La pandemia ha expuesto -más que nunca- las deficiencias de muchos sistemas de salud, que ahora enfrentan el doble desafío de responder al brote y mantener servicios esenciales que salvan vidas. También muestra que los sistemas de salud sólidos son la base de la preparación para casos de pandemia. El Banco otorga apoyo a los países para que inviertan en una mejor preparación al contar con sistemas de salud resilientes capaces de detectar, identificar, tratar y detener la transmisión de virus letales.

El Banco, junto con sus asociados, evaluó el grado de preparación de los países para aplicar de manera segura vacunas contra el COVID-19 en más de 140 países. A medida que los países han comenzado a vacunar a sus poblaciones, estas evaluaciones proporcionan información muy valiosa sobre la preparación de los países, y muestran que la mayoría de los países se centran en fortalecer los aspectos esenciales de la cadena de suministro de vacunas, algo crítico para avanzar con los calendarios de vacunación y la inoculación de la ciudadanía. Aunque los países tienen algunas deficiencias en materia de preparación, la mayoría se ha preparado lo suficientemente bien en algunas áreas básicas.

3. Una recuperación mundial dispar

Al igual que en el caso del acceso a las vacunas, existe una brecha en la recuperación económica entre las economías de ingreso alto y las economías de ingreso bajo y mediano.

En la edición de junio del informe Perspectivas económicas mundiales se señaló que, si bien la economía mundial crecerá un 5,6 % en 2021 (el mayor ritmo después de la recesión en 80 años), la recuperación será desigual. Se proyecta que las economías de ingreso bajo crecerán solo un 2,9 % en 2021, el crecimiento más lento de los últimos 20 años, con respecto a 2020, en parte debido al lento ritmo de la vacunación. Se espera publicar una actualización del informe Perspectivas económicas mundiales en enero de 2022.

4. Las pérdidas de ingresos para el 40 % más pobre de la población

Como se indica en este blog, la desigualdad en la recuperación se torna bastante evidente cuando se trata de las pérdidas de ingresos.

Si bien las personas de todos los grupos de ingreso sufrieron pérdidas durante la pandemia, el 20 % más pobre experimentó la caída más pronunciada. En 2021, sus ingresos disminuyeron aún más, mientras que los más ricos han comenzado a contener la tendencia. Esto se debe a que el 40 % más pobre no ha comenzado a recuperar sus pérdidas de ingresos. La disminución de los ingresos se ha traducido en alrededor de 100 millones más de personas que viven en la pobreza extrema.

No es de extrañar que los hombres y las mujeres han vivido la crisis de maneras muy diferentes. Un examen de datos realizado por el Banco y otros asociados muestra que las mujeres han sufrido mayores pérdidas que los hombres en términos de empleo, ingresos y seguridad.

5. El comercio, un motor de la recuperación mundial

No es coincidencia que el aumento de la pobreza extrema se haya producido cuando ha habido perturbaciones en el comercio por influencia de la pandemia. Históricamente, existe una estrecha relación entre el comercio y la reducción de la pobreza, y los países de ingreso bajo y mediano casi duplicaron su participación en las exportaciones entre 1990 y 2017, período en el que se redujo la pobreza extrema.

El comercio también desempeña un papel crucial en la recuperación económica, como lo demuestra un reciente informe del Banco Mundial (PDF, en inglés). Después de que la pandemia alteró gravemente el comercio mundial, se observa un sólido repunte, que está ayudando a la recuperación. El comercio contribuye a acelerar la recuperación económica de la pandemia al proporcionar una demanda externa sostenida de exportaciones y asegurar la disponibilidad de servicios y productos intermedios importados. Los países menos adelantados, que tienen una capacidad limitada para impulsar la recuperación mediante paquetes de estímulo fiscal, dependen particularmente de la recuperación del comercio como una fuente de crecimiento económico. Dado que la pandemia pone de relieve la necesidad de mantener el flujo de bienes esenciales a través de las fronteras, el Grupo Banco Mundial apoya reformas impulsadas por los países para limitar el impacto de la pandemia y promover la recuperación económica.

6. El aumento de los niveles de deuda en medio de la pandemia

Las cargas de la deuda en los mercados emergentes y las economías en desarrollo han aumentado durante la pandemia. El desafío se agudiza en los países de ingreso bajo: la mitad de ellos estaban en una situación crítica causada por el sobreendeudamiento o en alto riesgo de estarlo antes de la aparición de la COVID-19. Esto se produce después de una década en la que se ha observado la expansión más rápida, más grande y más amplia de los niveles de deuda en todo el mundo, según el informe Perspectivas económicas mundiales.

Cuando los responsables de las políticas en los mercados emergentes y las economías en desarrollo buscan avanzar de la respuesta a la pandemia a la recuperación, deberán tener cuidado de no retirar prematuramente el apoyo fiscal y tratar de aumentar la eficiencia del gasto público, al tiempo que equilibran la necesidad de sostenibilidad de la deuda.

Sin embargo, la carga de la deuda se hará sentir mucho tiempo después de que desaparezca el virus, cuando aumenten los costos del servicio de la deuda, desacelerando la recuperación y dificultando los esfuerzos para enfrentar otros desafíos del desarrollo, incluido el cambio climático.

7. La complejidad de los informes sobre la deuda

La deuda es más de lo que parece, si nos atenemos a las conclusiones del informe La transparencia de la deuda en los países en desarrollo (i). Esto se debe a que elaborar informes sobre la deuda no es un ejercicio muy sencillo.

La vigilancia de la deuda mundial hoy depende de una combinación de bases de datos con diferentes normas y definiciones. Estas bases de datos tienen grandes brechas: el informe muestra que los registros disponibles públicamente sobre el volumen de la deuda de los países de ingreso bajo dan lugar a variaciones que pueden alcanzar hasta el 30 % del PIB de un país debido a las divergencias en las definiciones y normas de las bases de datos locales e internacionales.

Como señaló el presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass, en el prólogo del informe (PDF, en inglés), lograr "una mayor transparencia de la deuda es un paso vital en el proceso de desarrollo. Facilita la realización de inversiones nuevas de alta calidad, reduce la corrupción y permite la rendición de cuentas".

8. El aumento sin precedentes de la pobreza de aprendizajes

Uno de los impactos devastadores de la COVID-19 en los pobres y vulnerables se puede ver en el campo de la educación. Supuso un duro golpe en la vida de los niños pequeños, los estudiantes y los jóvenes, y exacerbó las desigualdades en la educación. Debido a los prolongados cierres de las escuelas y a los resultados de aprendizaje deficientes, el aumento de la pobreza de aprendizajes -el porcentaje de niños de 10 años que no pueden leer un texto básico- podría llegar al 70 % en los países de ingreso bajo y mediano, de acuerdo con estimaciones recientes del Banco Mundial.

Esto tendrá impactos duraderos en los ingresos futuros, el alivio de la pobreza y la reducción de la desigualdad. Según los últimos cálculos, la generación actual de estudiantes corre el riesgo de perder USD 17 billones en concepto de ingresos a lo largo de su vida. En respuesta al empeoramiento de la crisis educativa, el Banco ha ampliado rápidamente su apoyo a los países en desarrollo, con proyectos que llegan al menos a 432 millones de estudiantes y a 26 millones de maestros (lo que equivale a un tercio de la población estudiantil y casi un cuarto de la fuerza laboral docente en los países clientes actuales).

9. Los altos precios de la energía impulsan el aumento de los costos de otros productos básicos

El panorama de los precios de los productos básicos tampoco es halagüeño. De acuerdo con las previsiones contenidas en la edición más reciente del informe Perspectivas de los mercados de productos básicos, los precios de la energía serían, en promedio, 80 % más altos en 2021 en comparación con el año anterior.

Dado que la energía es un producto básico fundamental para la producción de alimentos y la calefacción, estos precios cada vez más altos pueden tener consecuencias en las fases ulteriores. El alza de los precios de la energía ya ha afectado a los precios de los fertilizantes, aumentando a su vez el costo de la producción de alimentos.

Sin embargo, en la segunda mitad de 2021, los precios de los productos básicos alimenticios comenzaron a estabilizarse (i) en respuesta a las perspectivas favorables de la oferta mundial, pero siguen estando por encima de los niveles anteriores a la pandemia. Además, la inflación interna de los precios de los alimentos está aumentando en la mayoría de los países, lo que reduce la capacidad de los pobres para costear alimentos saludables. Esto puede exacerbar la inseguridad alimentaria en los países en desarrollo.

10. La urgencia de la crisis climática

Como el COVID-19 ha provocado un cambio de suerte para los pobres y vulnerables, no se pueden perder de vista los desafíos del cambio climático y las medidas urgentes que exigen.

Si no se controla, el cambio climático puede empujar hasta 132 millones de personas a la pobreza extrema para 2030, según estimaciones del Banco Mundial (PDF, en inglés), y la mayoría de las personas más pobres del mundo vivirá en situaciones caracterizadas por fragilidad, conflicto y violencia. La pobreza ya se entrelaza con la vulnerabilidad a las amenazas relacionadas con el clima, como las inundaciones y las enfermedades transmitidas por vectores, lo que hace que el cambio climático sea un gran impedimento para aliviar la pobreza extrema.

11. Un mayor número de migrantes internos por motivos climáticos para 2050

Además de contribuir al aumento de la pobreza extrema, el cambio climático también puede actuar como un poderoso factor de la migración interna. En el último informe Groundswell se señala que, para 2050, el cambio climático podría obligar a 216 millones de personas a desplazarse dentro de sus países.



Todavía existe la oportunidad de reducir significativamente estas cifras y gestionar mejor la migración climática interna si se realiza un esfuerzo mundial concertado para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, apoyar un desarrollo verde, inclusivo y resiliente.

Para responder a los desafíos urgentes, el Grupo Banco Mundial publicó su nuevo Plan de Acción sobre el Cambio Climático 2021-25, con el que se procurará brindar niveles récord de financiamiento climático a los países en desarrollo, reducir las emisiones, fortalecer la adaptación y alinear los flujos financieros con los objetivos del Acuerdo de París. Con el Plan de Acción para el período 2021-25 se amplían los esfuerzos del Grupo Banco Mundial en esta área, dado que además de invertir en proyectos "verdes", se buscará ayudar a los países a integrar plenamente sus objetivos climáticos y de desarrollo.

El Grupo Banco Mundial es la principal fuente de financiamiento multilateral de iniciativas climáticas en los países en desarrollo y, entre 2016 y 2021, proporcionó más de USD 109 000 millones en financiamiento para el clima, cifra que incluye un monto récord de USD 26 000 millones en el ejercicio de 2021. El Banco Mundial incrementó el apoyo a la adaptación climática, pasando de un 40 % del financiamiento climático en 2016 a un 52 % en 2020. Respalda a sus países clientes para que estén preparados para la transición resiliente con bajas emisiones de carbono, permitiéndoles construir economías climáticamente inteligentes.


Conclusión

El año 2021 ha mostrado que el impacto de la pandemia es de gran alcance y ha afectado todos los ámbitos posibles del desarrollo. En un momento en que los pobres y los vulnerables soportan la peor parte, la pandemia está suponiendo un duro revés para poner fin a la pobreza e impulsar la prosperidad compartida. Pero no todo es negativo. A medida que avanzó el año, se produjeron algunos acontecimientos positivos: la economía mundial creció, el comercio de bienes se recuperó, los precios de los productos básicos alimenticios comenzaron a estabilizarse y las remesas registraron una recuperación sólida. Sin embargo, la aparición de nuevas variantes y el acceso desigual a las vacunas indican que aún queda mucho por hacer.

Al mismo tiempo, cuando algunos países están comenzando a trazar su recuperación, también es una oportunidad para ellos de lograr un crecimiento económico duradero sin degradar el medio ambiente o agravar la desigualdad. El Grupo Banco Mundial ayuda a los países a delinear una recuperación verde, resiliente e inclusiva mediante el logro de la estabilidad y el crecimiento económicos, el aprovechamiento de la revolución digital, la búsqueda de un desarrollo más ecológico y sostenible, y la inversión en las personas.


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