A la espera

El análisis de un seguidor de la política estadounidense, Roger Senserrich, el politólogo español que escribe en Politikon.es.

Roger Senserrich

Donald Trump está de nuevo bajo impeachment. A pesar de que la votación no deparó grandes sorpresas y tuvimos la decena de deserciones republicanas que más o menos se esperaban, vale la pena recalcar (otra vez) lo increíble que es que esto esté sucediendo.

  • - El presidente de los Estados Unidos está siendo acusado de incitación a la rebelión después de que animara a una turba enfurecida a asaltar el Capitolio el día en que confirmaban la victoria de su rival en las urnas.
  • - Estados Unidos sólo ha visto cuatro impeachments presidenciales en toda su historia. Donald Trump ha sufrido la mitad de ellas (Andrew Johnson y Bill Clinton las otras dos; Nixon dimitió antes de ser acusado).
  • - En ninguno de los tres impeachment anteriores el presidente había sufrido más de cinco votos en contra de gente de su propio partido. Trump tuvo diez.

Ya sé que es repetitivo decir estas cosas, pero es importante recalcar lo inusual de este momento y la magnitud del crimen del que Trump es acusado. Dicho esto, vayamos a lo que está sucediendo ahora mismo en Washington.

En lo político: nada

Mitch McConnell es uno de los políticos más consistentes de Estados Unidos: no importa lo que suceda, siempre hará lo que más le conviene, y nunca te engañará en el proceso. Hace unos días el líder de los republicanos en el senado escribía que el juicio a Trump no podría empezar hasta el 19 de enero (expliqué la lógica aquí); tras la votación en la cámara de representantes reiteró esa postura. El presidente no será juzgado hasta después de su salida de la Casa Blanca, no antes.

Esto para McConnell tiene varias ventajas. Por un lado, esta maniobra permite atar en corto a Trump en estos últimos días de su presidencia. Aunque no habrá juicio rápido, el bueno de Mitch ha recordado que es posible llamar al senado de urgencia si lo creyera conveniente, así que si el presidente comete alguna estupidez peligrosa los legisladores están ya en Washington y pueden echarle sin ceremonia alguna - y parece bastante claro que tiene los votos para hacerlo.

Por otro, alargar el juicio a los primeros días de la administración Biden tiene dos ventajas claras. Primero, el nuevo líder de la mayoría, Chuck Schumer, va a tener que comerse el marrón de combinar la apretadísima agenda de confirmaciones de nuevos miembros del gabinete y legislación de emergencia de la nueva administración con un juicio a un tipo que ya no tiene poder alguno.

Esto es un problema, dado que no hay bien más escaso y valioso en el Congreso que el tiempo disponible para debates y votaciones en el pleno del senado; la cámara alta tiene un ancho de banda muy limitado. Dado que los primeros doce meses de una nueva administración son con mucha diferencia el periodo donde hay más producción legislativa, cualquier palo en la rueda en los engranajes de la exigua mayoría demócrata es una buena noticia para el GOP.

Segundo, el impeachment deja a los republicanos con dos posibles resultados favorables. En un escenario, el juicio solivianta aún más a las ya de por sí muy soliviantadas bases trumpistas del partido republicano, ayudando a mantenerlas movilizadas hasta las legislativas del 2022. Si los republicanos salvan a Trump de la inhabilitación votando en contra del impeachment, además, quizás pueden evitar que el partido se divida demasiado y apaciguar a Trump, apostando que sus problemas legales en otros sitios (y su probable bancarrota financiera) hagan su candidatura inviable el 2024.

En otro escenario, McConnell puede apostar por simplemente cortar el problema de raíz y librarse de Trump apoyando el impeachment. Sí, eso cabreará a las bases, pero el GOP tendría cuatro años para purgar a los descontentos y reconstruir el partido, así que más vale empezar a limpiar cuanto antes mejor.

No importa lo que suceda, creo que los demócratas deben juzgar a Trump y prohibir que vuelva a presentarse a unas elecciones. Por muy improbable que sea su victoria en el 2024, la magnitud de los hechos de la semana pasada y sus repetidos intentos de intentar invalidar el resultado de las elecciones (recordad que esa conversación escandalosa con el secretario de estado en Georgia fue hace diez días) requiere una respuesta firme, pase lo que pase. Falta por ver si el partido republicano lo entiende igual, pero una democracia no puede permitir que alguien como Trump salga de esto sin castigo.

La inauguración: un país en alerta

Cada día se conocen nuevos detalles sobre el asalto al capitolio, y cada día descubrimos que lo que sucedió el día de reyes fue mucho peor de lo que pensábamos. Veamos:

Esta entrevista es tremenda:

Ahora mismo, Washington DC es una ciudad militarizada de arriba a abajo. Todos hemos visto las imágenes de soldados durmiendo en el capitolio; el Pentágono va a desplegar 20.000 guardias nacionales en la ciudad, el triple que la suma de efectivos sobre el terreno en Afganistán, Irak, Somalia, y Siria. La ceremonia de juramento del cargo va a realizarse esencialmente sin público.

Mi primera impresión es que esto era teatro, una sobrerreacción de las fuerzas de seguridad ante la monumental pifia de la semana pasada. Por el tono de las informaciones en los medios y lo que están diciendo legisladores que están recibiendo información directa de las fuerzas de seguridad, sin embargo, me temo que no es paranoia o teatro, y que la preocupación ante posibles amenazas es real. Y el temor no es sólo en Washington, es en capitolios estatales en todo el país. En Connecticut, un lugar donde casi nunca sucede nada, los responsables están preocupados. Incluso se está hablando de posibles problemas dentrode las fuerzas de seguridad en muchos lugares.

Si no acaba sucediendo nada (lo más previsible), todo este esfuerzo y preocupación quizás vaya a parecer excesivo, pero la verdad, prefiero 20.000 soldados ociosos en Washington que una repetición de lo que vimos la semana pasada.

La agenda de Biden

Ahora que Trump parece estar finalmente calladito y pacificado (espero no arrepentirme de estas palabras) tocará empezar a hablar de la agenda de Biden. Es tarde, así que hablaré más sobre ello el fin de semana, pero lo que se va a encontrar es preocupante. La pandemia está matando 4.000 americanos cada día, la economía parece ir camino de frenar otra vez en seco, la campaña de vacunación en muchos estados es un desastre, y ha habido una pequeña crisis de legitimidad democrática en eso de la transferencia pacífica de poderes.

Ayer Biden anunció un plan de estímulo (otro más - sería el quinto) de 1,9 billones de dólares para combatir la pandemia y sostener la economía. Es una buena idea; el país tiene margen fiscal para ello, y si algo ha hecho bien el congreso en estos últimos doce meses es apretar como locos el acelerador del gasto público protegiendo a Estados Unidos de las descomunales caídas de empleo y PIB de otros países. La pobreza incluso disminuyó tras el primer gran paquete de medidas.

El problema, claro está, será el senado. Léase, una mayoría exigua, mucho trabajo, y un impeachment de por medio.

Bolas extra:

  • El Epoch Times, un periódico propiedad de una secta religiosa que se ha convertido en uno de los centros del conspiracionismo trumpista.
  • Trump está tan cabreado con Rudy Giuliani y su incapacidad de demostrar que ganó las elecciones (Trump está convencido que ganó las elecciones) que no quiere pagarle.
  • Jared Kushner e Ivanka Trump prohibieron a sus escoltas de servicio secreto usar ninguno de los seis baños de su mansión estos cuatro años, forzando a la agencia a tener que alquilar un piso para que los agentes pudieran hacer sus necesidades. $3.000 al mes nos ha costado la broma.
  • Donald Trump ha prohibido a todo el mundo en la Casa Blanca nombrar a Richard Nixon. Dado el respeto que sentimos en este boletín por Richard Nixon, Trump merece nuestra censura.
  • Este Tweet sobre unas declaraciones de Pelosi diciendo que los miembros de su equipo sabían qué hacer ante un asalto al capitolio de hombres armados porque lo aprendieron en la escuela. La generación de Columbine, y la atroz normalización en este país de que en los colegios se tengan que hacer simulacros sobre qué hacer si entra un chiflado con un rifle de asalto en el edificio.

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