Scioli, ¿un comodín para pasar los 540 días que quedan?

Daniel Scioli se sumó al gabinete nacional. No es "cualquiera". Fue candidato a presidente y podría volver a serlo si logra que la gente se olvide de la inflación.

Día más, día menos, quedan 540 días de gobierno de Alberto Fernández. Desde hoy, Daniel Scioli es uno de los ministros del esquema económico en un país sin plan en ese sentido por propia decisión del Presidente. Junto a Martín Guzmán y Julián Domínguez deberían ser los que den vuelta la realidad, con una ventaja: están tan en el piso de la consideración social como gobierno que medio acierto sería interpretada como una goleada por una sociedad escéptica y enojada.

¿Es Scioli el "hombre que hace falta" para frenar la inflación y encender la producción? Sí sabemos que es alguien que sabe obedecer a Cristina Kirchner y que es capaz de acomodarse a las situaciones en las que se lo ponen. Puede ser de derecha, de izquierda, de centro: lo que le pidan. Antes que a Fernández le llamaran "títere" de la actual vicepresidenta, a él leo caracterizaban como "El felpudo", alguien a quien se puede sacudir in que se rompa. Scioli es materia dispuesta y lo acaba de demostrar al subirse a un gobierno en donde sus conductores están a las trompadas mientras se reclaman la propiedad del volante.

Lo que sucedió tras conocerse la cifra de inflación demuestra que la temática no tiene un conductor claro. Fernandez llamó a Guzmán para analizar el número (con el que la prensa internacional hizo numerosas notas en torno a lo increíble de la escalada inflacionaria) y lo hicieron junto al canciller Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, Juan Manzur y el secretario de la Presidencia, Julio Vitobello. Se juntó con los amigos.

Un breve repaso por los nombres del equipo económico con el que Fernández convenció al electorado de que lo votaran hace recordar no solo al expulsado Matías Kulfas, sino a Guillermo Nielsen, a quien premiaron con la embajada en Arabia Saudita para sacarlo de YPF por orden de Cristina Kirchner, y de otros nombres que se volvieron irrelevantes o solamente simbólicos: Cecilia Todesca y Emmanuel Alvarez Agis, entre otros. Al menos estos últimos tres son los que envió el ganador de la elección en 2019 a reunirse con el último responsable económico de la gestión de Mauricio Macri, Hernán Lacunza. Aquel día Kulfas no fue porque estaba de luna de miel.

Al asumir, Scioli empezó a atajarse: nada en el mundo parece ofrecerle la oportunidad de destacarse. Lo ayudó el Presidente, que ya arrancó perdonándolo de entrada cuando, al encabezar la ceremonia de asunción en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, planteó que "el mundo está viviendo un momento singular en su historia, en un tiempo signado por una enorme desgracia como fue la pandemia y por una gestión que nos precedió y nos dejó problemas muy serios", en referencia a la administración del expresidente Macri. Fernández repitió que hay una "guerra de dimensiones que todavía no conocemos", en alusión al conflicto bélico en Ucrania.

Scioli, por las dudas, no prometió nada. Le agradeció al Presidente por la "confianza depositada" y afirmó que "honrará la tarea con un alto grado de responsabilidad, trabajando incansablemente por una Argentina desarrollada e inclusiva".

La prensa ya especula con que puede volver a ser candidato a presidente y en su entorno, también sueñan con una nueva oportunidad. De hecho, varios intendentes ya han recibido una llamada para recomponer aquella "Ola Naranja", una red de gente con la cual instalar otros temas en sociedad, sus actividades como el fútbol, su amistad con cantantes melosos o romances para las revistas del corazón.

No tiene más a su lado a Karina Rabolini, a quien trajo a Mendoza a recorrer barrios y obras del Estado junto a Celina Sánchez y Paco Pérez, sin que ella representara nada ni nadie, más que el símbolo del sciolismo. Hoy ella está parada enfrente y nadie le llama.

No se sabe si en el país en el que Javier Milei es inflado segundo a segundo por vientos de ira de la sociedad hacia la política le permitirán a Scioli volver a ser aquel o si le exigirá esta vez que entregue más resultados concretos que operaciones de marketing.

Pero sí deben saber en la Casa Rosada y en El Calafate que al escoger a Scioli no han puesto en el centro de la escena a cualquiera. Y ya no se les puede preguntar ni a Carlos Menem ni a Néstor Kirchner sobre él.

Bonus track: la asunción de Scioli

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