Aislamiento y desastre económico: ¿qué hacemos?

El economista Carlos Ponce plantea en esta nota los que muchos hablan en voz baja: "El aislamiento es necesario para atenuar los contagios. Pero las consecuencias económicas tendrán nivel de desastre. ¿Qué hacer?".

Carlos Ponce

Por obra del coronavirus que ha colapsado países enteros como en los casos de Italia o España, el plan económico inicial del presidente Alberto Fernández -que buscaba como primer etapa renegociar la deuda pública, evitar que siguiera cayendo la economía y luchar contra el hambre- desapareció. Ha sido muy claro el presidente - inicialmente todos lo apoyamos- en establecer que su prioridad es frenar la pandemia, el "objetivo sanitario" por encima de cualquier otra consideración, incluidas las duras consecuencias económicas del aislamiento. Que las habrá, y muy serias.

César es el dueño de un pequeño taller mecánico del Gran Mendoza. Ayer decía: "mi situación económica no aguanta más. Tengo familia, tres hijos, y necesito trabajar y cobrar. Así, con el taller cerrado, no puedo aguantar más de una o dos semanas...". Como César hay miles que viven al día o casi al día y que necesitan trabajar y cobrar para subsistir. Si no trabajan no comen. No pueden alimentar a su familia.

Al mismo tiempo, están los empleados de los cientos de empresas y comercios de los centros urbanos que están cerrados. ¿Hasta cuándo podrán cobrar sus sueldos, si la empresa donde trabajan no factura, y no cobra? ¿Un mes, dos meses?

La situación de estancamiento casi total es seria y se ira agravando día a día. La cadena de pagos cruje cada vez más. Se prevé que la caída del producto en muchos sectores será de más del 50%. Es posible que la caída global del PBI sea más dura que el peor trimestre de la crisis del 2001/2002.

Por supuesto, el gobierno también está tomado medidas en la economía, algunas más rápidas, otras, menos que lo deseable; para compensar la situación de algunos sectores más vulnerables. Los 10.000 pesos por única vez (tal vez dos) a los monotributistas de las escalas más bajas, beneficiarios de AUH y trabajadores informales, el bono de 3.000 pesos a jubilados, los "estímulos" a 5.000 pesos en cuatro meses a empleados de la salud pública y privada de todo el país, o el pago extra a personal de fuerzas de seguridad, y el congelamiento de tarifas y restricción al corte de suministro, entre varias otras; son paliativos importantes. Alivian.

Las empresas están a la espera del paquete financiero "grande" de 350.000 millones de pesos, que se anunció para asistirlas por medio de los bancos para que tengan capital de trabajo. Es decir, dinero para sus gastos elementales especialmente sueldos. Se espera que a partir de la semana que viene se empiece a poner en marcha el mecanismo de los préstamos, que de todas maneras no es rápido ni exento de papeleos y complicaciones. Sobre todo cuando los bancos no están muy satisfechos con la idea, de acuerdo a información extraoficial disponible.

Pero el problema de fondo, más allá de los deseos y las medidas que tome el presidente, es que el país no podrá sostener mucho tiempo más una situación donde todos necesitan ingresos pero solo el 20% puede trabajar. Una economía donde todos necesitan cobrar pero en la que casi nadie puede pagar.

El aislamiento social y el objetivo sanitario por encima de todo, tendrán un límite en un tiempo que se cuenta en meses o semanas. Un límite impuesto por el derrumbe económico. El quiebre financiero de muchas empresas y familias está cercano. Con un Estado que también tendrá cada vez menos impuestos y que, es importante señalarlo, no podrá emitir descontroladamente dinero (*) para ayudar a todos, sin poner en riesgo una mínima estabilidad cambiaria, financiera e inflacionaria. Porque en ese caso el remedio sería peor que la enfermedad. La base monetaria ya creció desde 1,3 billones fijados en el fracasado programa de Macri con el FMI a 2 billones en la actualidad. (**). Todavía hay espacio para que se siga expandiendo la cantidad de dinero pero no es ilimitado ni alcanzará para todos.

Por eso, es fundamental que se "achate" la curva de crecimiento de la pandemia -ya que seguramente no la podremos eliminar en poco tiempo-, y pasemos luego a una segunda etapa de convivencia controlada con el virus, donde haya chances de que más gente pueda trabajar.

Es crudo decirlo de esta manera. Pero entiendo que es realista plantearlo. La carrera contra el tiempo para controlar el virus ya está lanzada y el derrumbe de la economía le pone fecha final a la idea de anteponer el objetivo sanitario a todo lo demás. Esa fecha límite será la que marquen las sucesivas crisis de empresas y comercios, y la pérdida acelerada de empleo y salarios.

(*) Es muy probable que pronto, en semanas, varias provincias comiencen a pensar en la emisión de "cuasimonedas".

(**) Para entender la magnitud el número, recomiendo escribir 2.000 seguidos de nueve ceros: 2.000.000.000.000.

EL AUTOR. Carlos Ponce es economista.

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