Feliz año nuevo, Argentina

Hasta el cargo más humilde, el de concejal, le permite al candidato acceder a la casta y disponer de por lo menos una llave, suficiente por ahora, ya llegará el momento de conseguir otras y otras y quizás hasta llegar al sillón de Rivadavia.

Eduardo Da Via

Con este título pareciera que me he adelantado en el tiempo, o lo que sería mucho peor, que estoy desorientado temporalmente.

Pues bien, ni lo uno ni lo otro, dado que como supongo sabrán, las fechas de finalización e inicio de años, son totalmente convencionales.

Ni a la Tierra ni al So les importa un bledo el cuándo los humanos consideremos que se termina o empieza una año, ellos girarán posiblemente in aeternum.

Por otra parte las otras dos religiones monoteístas, musulmanes y judíos tiene fechas diferentes y hasta variables.

Nosotros los gregorianos, por costumbre los festejamos el 31 de Diciembre y el 1 de Enero respectivamente.

Sin embargo, de suceder algúnl evento extraordinario y con gran repercusión sobre la ciudadanía en un país en particular, bien podría tomarse la fecha del suceso como fin de un año y comienzo de otro.

Y esto es precisamente lo que creo que ocurrió en la Argentina el día Domingo 14 de Noviembre del corriente y fue tan significativo que estimo vale la pena opinar antes que se aplaque la polvareda remanente del verdadero siroco huracanado que sopló ese día y llegó a mover dunas y barjanes.

Es que este ha sido un año muy especial para nuestro país, por una parte la tan nociva pandemia que tanto daño nos causara, en parte debido al accionar infatigable de los equipos de salud y en parte al decaimiento natural que tienen estos fenómenos, nos dio un respiro que permitió revertir algunas de las múltiples restricciones con las que nos tocó lidiar.

Pero además y ahora por sobre todas las cosas, ha sido un año electoral muy significativo, donde los actores precisamente debido a las causa arriba mencionadas, pudieron moverse casi con entera libertad en cuanto se refiere a viajes y reuniones propias de esta actividad democrática.

Yo me enrolé en el año 1958 y recién comencé a votar regularmente en 1983 con el advenimiento de la democracia, bastardeada durante 25 años, tiempo durante el cual sufragué un par de veces entre revoluciones y gobiernos de facto.

En los 38 años en que he podido hacer uso regular de mi derecho a elegir las autoridades que me representen y atiendan a mis necesidades como ciudadano, nunca vi el tristísimo espectáculo que los políticos argentinos, nos ofrecieron este año.

De la mirada objetiva y ecléctica de la conducta de éstos, fue madurando en mi yo íntimo, lo que ahora me atrevo a exponer como Teoría de las Castas.

Aclaremos lo de casta: por tal se entiende pensando siempre en la India como paradigma, un sistema social en el que el estatus personal se adjudica de por vida, por tanto en las sociedades organizadas por castas los diferentes estratos son cerrados y el individuo debe permanecer en el estrato social en el que nació.

Pero hay otro significado, el de grupo que forma una clase especial por su raza, religión, intereses tales como dinero y poder, y tiende a permanecer separado de los demás.

Y éste es el significado que por desgracia nos atañe. Los políticos argentinos se han constituido en una cerrada casta, que, aunque surgida de la ciudadanía a la cual supieron pertenecer y que les permitió encaramarse en su nicho, al solo efecto de luchar a brazo partido por lograr ocupar un cargo electivo. Ser ciudadano, mayor de edad y saber leer y escribir son los únicos requisitos que la constitución exige para resultar electo.

Una vez logrado el mezquino objetivo, la ciudadanía de la cual proviene y a la que prometió servir, "hasta dejar la vida de ser necesario", se transforma súbitamente en una entelequia librada a su destino espontáneo, sin que medie acción alguna por parte del prometedor, para eliminar o moderar los múltiples y graves problemas que nos afectan a los argentinos.

Desde meses antes de las PASO y hasta las elecciones definitivas del pasado domingo, incluyendo por cierto el intervalo entre ambas, no tuve la suerte de escuchar un solo plan concreto y sustentable con intención justamente de atacar las graves dolencias que nos afectan a la mayoría de los desamparados ciudadanos.

Ni desde el gobierno ni desde la oposición.

Sólo se dedicaron a denostarse, desmentirse, culpar a terceros, cambiar descaradamente de partido político sabedores seguramente que todos, salvo excepciones sin peso real, pretenden lo mismo. Como ejemplo de veletismo sine materia, y con un solo objetivo en la mira: ser elegido, tenemos al payaso de José Luis Ramón y su ridícula "ramoneta".

El retrato de las castas. Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, Mexico

Según La Nación el excéntrico diputado nacional José Luis Ramón sigue acercándose al poder, bajo la sorprendente mirada y crítica de sus detractores y también de sus viejos amigos políticos, con los que finalmente rompió, y que llegaron a tratarlo de "traidor". Pasó de abogado defensor de los derechos de los consumidores en Mendoza a fundador de Protectora, un partido político que le permitió ser candidato a gobernador. Previamente, bajo el sello del Partido Intransigente, llegó al Congreso, donde sigue haciendo de las suyas. Así, el "loco de la frazada", por su vestimenta de campaña contra el tarifazo del gas, a bordo de su "Ramoneta", una camioneta con megáfono para hablar por las calles mendocinas, con los pelos al viento, hoy es uno de los principales aliados del kirchnerismo.

Y está encaramado en la casta nada menos que en calidad de diputado nacional, vale decir que ya tiene varias llaves en las manos con que abrir determinadas puertas para su exclusivo beneficio.

Hasta el cargo más humilde, el de concejal, le permite al candidato acceder a la casta y disponer de por lo menos una llave, suficiente por ahora, ya llegará el momento de conseguir otras y otras y quizás hasta llegar al sillón de Rivadavia.

Perdón, ¿y el pueblo? No confundamos, el pueblo votó buscando un supuesto elegido, un verdadero benefactor honesto, para luego lamerse las heridas en la soledad de su desengaño.

Una vez posicionado en la casta, el político no quiere por nada del mundo perder ese privilegio, incluso después de haberse transformado en millonario, que junto con el placer morboso del poder, son las verdaderas metas a las que siempre apuntó, disfrazándose de mártir para inmolarse de ser necesario en beneficio de sus votantes y la ciudadanía toda.

Como ejemplo arquetípico nuestra inefable vicepresidente Cristina Fernández viuda de Kirchner a la que la eternidad le resulta un período de tiempo demasiado corto.

Pero no paran ahí nuestros padeceres como ciudadanos argentinos, sino que estamos a merced de dos castas más, que medran gracias a la existencia de la casta política.

Comencemos por una de ellas que a todos nos afecta y es la casta que integran los que intervienen en algún peldaño del inmoral negocio de los medicamentos. Si bien es cierto que es la industria privada la gran generadora de nuevos medicamentos y que son empresas con legítimo intención de lucro, cuando la diferencias entre costos de producción y valores al consumidor son siderales sin ninguna justificación más allá del total descontrol por inacción gubernamental.

Pero resulta que muchas veces, la importación reditúa más que la producción autóctona, aunque ésta sea gananciosa.

Además una misma droga tiene precios que varían hasta en un mil % de una país a otro vecino. Tal el caso de Estados Unidos con Canadá, a tal punto que se organizan viajes de compras desde el primero al segundo de los países nombrados e integrados fundamentalmente por los nada menos que 27 millones de norteamericanos cuyos seguros de salud no les cubren medicamentos.

En Argentina, entre diciembre de 2019 y septiembre 2020, los precios se incrementaron 14,7%, un 1,4% mensual acumulativo; mientras que a partir de septiembre de 2020 y hasta octubre de 2021, se acrecentaron las variaciones llegando a 65,9%, con un ritmo de 4% mensual acumulativo.

Razones del incremento ninguna, fuera de la imparable codicia en detrimento de los sufrientes; y lo más triste es que las cámaras que nuclean a los farmacéuticos lloran como viejas plañideras aduciendo que los precios al consumidor no son rentables.

Alberto Roemmers, dueño del laboratorio homónimo, festejó su cumpleaños número 60 de en Marrakech; fue tan espectacular que habrá que esperar -quizá- hasta 2028 para que se repita algo similar. Los casi 10 millones de dólares que el empresario farmacéutico en 2018 gastó para recibir a 600 invitados durante tres días con todos los gastos pagos y show de Ricky Martin incluido, reconfirman que la industria farmacéutica es por lejos, una actividad rentable

Siendo yo médico del Hospital de Maipú fui testigo y actor de lo siguiente: en un determinado momento se terminó uno de los medicamentos imprescindibles en anestesia general debido a que la licitación ganadora con 1 peso de costo por ampolla había tenido una dificultad transitoria con la entrega y para no suspender cirugías, fui autorizado por el director a comprar 3 o 4 ampollas en la farmacia sita frente al hospital; el precio fue de 10 pesos la ampolla, vale decir 1000%.

Entre las noticias periodísticas de hoy, 17 de noviembre de 2021 destaca la siguiente:

Feletti evaluará el control de precios en alimentos y medicamentos, el secretario de Comercio Interior mantendrá encuentros con ambos sectores y admitió que la prioridad es "abrir un conjunto de mesas de trabajo, como en el caso de los alimentos", con el objetivo de "consolidar estas dos canastas reguladas de bienes esenciales".

Palabras nada más, como la hermosa canción de Mina "parole soltanto parole"

Adviértase que su expresión es un mero futurible, otro de los grandes vicios argentinos que he criticado muchas veces; los políticos hablan en futuro, es decir de cosas por hacer, pero quisiera que hablaran en pasado para contarnos de cosas hechas.

Es inútil, una vez encaramado en la casta, la ciudadanía que tanto esperaba de su candidato, se queda con un amargo "si te he visto no me acuerdo" y para colmo con el sentimiento de culpa de haber confiado cándidamente.

En sus respectivas oportunidades, las hoy alicaídas Fuerzas Armadas destinadas teóricamente a la defensa de los ciudadanos que las solventan, se erigieron en una peligrosísima casta dueña de la verdad y de la sabiduría y de las vidas, para gobernar.

Una casta importantísima es la de los comerciantes, que manejan los precios a su arbitrio y disponen de triquiñuelas cuando los gobiernos cobardes y muchas veces cómplices tratan o hacen como si lo intentaran, frenar la injustificada inflación, para salir del paso con el mercado negro o con la parodia de tentadoras ofertas a precios rebajados ostensiblemente pero previo aumento efectuado al amparo de la oscuridad nocturna, para cubrirse de perder un solo centavo.

Del productor, sobre todo en el área de la agricultura, que tiembla cuando escucha un trueno, hasta el consumidor final que opera carente de riesgos, la cadena de comercialización va elevando artificialmente el precio hasta llegar a un desalmado 1000% de diferencia.

Existe otra casta de temer: el clero, excepción hecha de algunos párrocos cuyas vocaciones son por demás evidentes, la superioridad eclesiástica se mantiene apoltronada disfrutando de todos, bien digo, de todos los placeres de la vida terrenal, pero eso sí: oran por la solución de los problemas, lo que en definitiva es dejar los remedios en manos de Dios, del que son meros intermediarios.

Por fin y por más que me duela desde lo más profundo de mi condición de médico, no puedo soslayar la existencia y lamentable expansión, de la casta de los Mercaderes de la Medicina.

Gozan de título habilitante expedido legalmente por mi propia Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, o de cualquier otra Universidad Nacional o extranjera validada. Vale decir son Médicos, pero no ejercen la Medicina: del latín medicus, a su vez de mederi ´curar, aliviar, cuidar. La Medicina es el arte de cuidar de los enfermos.

Pero además de ser un arte, es una profesión y por lo tanto quien la ejerce tiene legítimo derecho a percibir una remuneración por su accionar, tanto sea en el ámbito de la salud pública como en el privado

Es probablemente la más excelsa de las profesiones puesto que se responsabiliza nada menos que de la salud y la vida de las personas. Cuando se la abraza hay un renunciamiento implícito a las libertades personales, dado que la enfermedad aparece cuando y donde quiere y ahí debe estar el Médico para enfrentarla.

Florencio Escardó, eminente pediatra y pensador de principios del S. XX dijo: El verdadero médico no trabaja de médico, es médico.

Es el que primero realiza su tarea y luego recibe sus honorarios si es que se lo pagan. Arturo Illia fue el paradigma de esta postura.

Para el mercader, el paciente es un mero cliente con el cual establecerá una relación comercial en la cual él lo trata y el cliente le paga por adelantado, sin importarle la condición de ser humano desvalido, temeroso e ignorante. La relación es fría y breve y porque el tiempo es oro.

Pero lo novedoso en la actualidad es la aparición de la tecnología de alta complejidad, utilizada tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de un sinnúmero de afecciones, lo que sin duda ha sido de gran beneficio.

Lo terrible es cuando esa tecnología se utiliza injustificadamente en pos solamente de los importes que por su uso se perciben; cuando se ocultan o minimizan los riesgos de su uso dado que no existe tecnología diagnóstica o terapéutica carente de ellos; cuando se le miente al cándido enfermo descaradamente diciéndole que se vio obligado a emplear el láser, lo que no estaba previsto pero que cambia sustancialmente el monto de los honorarios; cuando se le miente a las obras sociales en especial a las pre pagas con fines de legítimo lucro, por cuanto el paciente ignora cuanto percibirá el galeno por la práctica efectuada.

Estos profesionales constituyen una CASTA, pero muy particular, porque si bien tienen fines comunes: fama y dinero; no son colegas, son adversarios, aun cuando se abroquelen en elegantes consultorios ubicados en los principales Centros Comerciales al solo efecto de compartir gastos. El enclave en tales centros es por demás acertado dado la condición de comerciantes que los identifica.

Por fortuna aún existen los verdaderos médicos que salvan de alguna manera el descrédito de que hoy padece la práctica de la medicina, no por la ciencia que es pura en sí misma, sino por los efectores venales.

Nos queda por considerar tres grandes grupos sociales, que, sumados resulta la masa mayoritaria de la población y que sólo dos de ellos están inmersos en respectivas castas: los pobres de heredad y los ricos de fatuidad; por último y entrambos, la llamada clase media.

La casta de los pobres de heredad, que nacen pobres y viven como tales, se asemejan a la casta más baja de la India, los dalits o intocables, pero a diferencia de éstos, les es teóricamente posible emerger de la casta y progresar a la siguiente o a cualquier otra. No le está prohibido progresar, aunque en la práctica yo diría que no les está permitido por la crueldad misma de los que militan más arriba.

La casta de los ricos es con mucho minoritaria, pero su repercusión en la sociedad es tremenda simplemente porque son los dueños de la riqueza, de la que se apropian habitualmente mediante maniobras de alta inteligencia y labor, pero ilegales la mayoría. Ignoran la realidad que los rodea y hacen ostentación de poder adquisitivo, para muestra la compra de un cuadro de Frida Khalo por valor de 35 millones de dólares efectuada por Eduardo Francisco Costantini , economista y empresario argentino dedicado al mercado inmobiliario y financiero. No perdió un segundo en hacerlo público a pesar de la tremenda noticia de que la pobreza ha superado el 40% de la población. Los ricos viven, comen y viajan aislados y si por esas cosas del destino accidentalmente deben tener contacto con "los demás" lo hacen a regañadientes y si por ellos fuera, calzarían un traje de astronauta intertanto dure la cercanía a la chusma.

La clase media a mi entender no conforma una verdadera casta por dos razones: primero porque está constituida por un muy variopinto conjunto de personas y además porque la mayoría pugna por acceder a la casta de los ricos, o lo que es peor, por no caer en la de los pobres. Vale decir hay mucho movimiento interno a diferencia de las otras casta que tienden a la estabilidad, con la excepción por desgracia de la de los pobres que día a día ven incorporarse a nuevos indigentes.

Para redondear el tema, reitero que el disparador fue el tomar consciencia de que los políticos se comportan como integrantes de una casta desvinculada del resto de la población, cuando ésta ya ha cumplido, voto mediante, con el deber cívico de elegirlos.

Pero hubiera sido injusto y parcial no mencionar las otras castas que creo advertir se han ido conformando para perjuicio de la ciudadanía y proponer La Teoría de las Castas como conclusión de mis observaciones.

EL AUTOR. Eduardo Atilio Da Viá es médico, lector y colaborador de Memo.


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