Coronavirus vs Homo Sapiens

Una columna del médico Eduardo Da Viá para reflexionar en tiempos de covid-19.

Eduardo Da Via

En biología, un virus (del latín virus, en griego «toxina» o «veneno») es un agente infeccioso microscópico acelular que solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos.

Mucho se ha elucubrado sobre si se los puede considerar seres vivos, a mi juicio una verdadera discusión bizantina, por cuanto asignarle o no tal condición, no hará que cambie en absoluto las características que los distingue, ni tendrá tampoco injerencia alguna en la búsqueda y hallazgo de tratamientos para aquellos virus que son causa de enfermedades.

Los virus son patógenos intracelulares obligados, lo que quiere decir que requieren del empréstito forzado por parte de la célula huésped de todos los elementos que esa célula utiliza para vivir y para reproducirse. Valiéndose de la increíble capacidad de adueñarse de los materiales y maquinarias de la célula víctima, es que logra reproducirse duplicando exactamente su genoma y dando lugar a dos nuevos virus genéticamente idénticos.

En definitiva es un mecanismo que tiene gran similitud con el fenómeno de la mitosis.

La mitosis del griego mitos = tejido y osis = formación, o división celular, es el proceso por el cual, a partir de una célula madre, se originan dos células hijas con el mismo número de cromosomas y con idéntica información genética que la célula inicial. Así es como funciona la maravilla de la reproducción incluida por cierto la del ser humano. Una vez fecundado el óvulo femenino por el espermatozoide masculino, y, habiendo aportado cada uno la mitad de los cromosomas, comienza a dividirse, dando inicialmente dos células iguales que a su vez habrán de dividirse y así sucesivamente, pero con la salvedad que después de un cierto número de duplicaciones, comienza otro misterioso proceso cual es el de la diferenciación celular , mediante el cual cada célula, que tiene un destino prefijado, multiplicándose hasta un determinado momento, dará finalmente origen a todos y cada uno de los órganos que constituyen el ser vivo de que se trate. Vale decir: en un preciso momento ignoto por cierto, el proceso de duplicación se detiene espontáneamente dando por terminada la tarea emprendida cual fue la producción de un nuevo ser, similar sino igual a sus generadores.

He aquí una de las grandes diferencias con los virus, que simplemente se dividen sin especialización alguna, sin detenerse, generando ejemplares genéticamente idénticos y por lo tanto con la misma capacidad patogénica, es decir de producir enfermedad, terminando por agotar o destruir a la célula huésped, produciendo así la enfermedad o la muerte del anfitrión.

Dependiendo del grado de daño producido será la gravedad de la afección, desde no causar ni siquiera la sensación de enfermedad, es decir síntomas, hasta la muerte del paciente.

La reproducción de los individuos de los reinos vivos, es automática, es decir no depende de la voluntad del perro, de la azucena o del bacilo de la tuberculosis. La Naturaleza tiene perfectamente afiatados los mecanismos para asegurarse la perpetuación de las especies.

Ha sido tal el éxito de los mismo, que se calcula para la hormiga una antigüedad de más de un millón de años, tal cual la conocemos ahora.

El único ser capaz de regular voluntariamente su descendencia es el ser humano. La mayoría de nosotros nacemos como resultado de una decisión conjunta por parte de nuestros padres. Esto sea dicho con todas las excepciones conocidas y que escapan al cometido de este escrito.

LOS VIRUS SE REPRODUCEN AUTOMÁTICA E INEXORABLEMENTE

Conocidos desde hace sólo menos de un siglo, hoy sabemos que son antiquísimos y que han ocupado un lugar preeminente en la naturaleza, sin que el hombre sospechase de su existencia y mucho menos que es imposible la vida sin ellos, tal y como la concebimos en el planeta tierra.

Demostrar su existencia, ya sospechada por experimentos que lo sugerían, requirió del desarrollo previo de sofisticada tecnología que recién apareció con la invención por el físico alemán Ruska del microscopio electrónico en 1925.

Lo cierto es que uno estos corpúsculos, el ya tristemente célebre Coronavirus, ha encontrado fundamentalmente en el aparato respiratorio humano, el albergue ideal para continuar con su designio de supervivencia, ignorando por cierto que su presencia es causal de enfermedad potencialmente mortal y fácilmente transmisible a través de las llamadas gotitas de Flügge, mérito del bacteriólogo e higienista alemán Karl Georg Friedrich Wilhelm Flügge quien en 1890, advirtió de la capacidad de transmitir enfermedades contagiosas por parte de las microgotas de saliva que se nebulizan en el aire al hablar aún en voz baja, llegando a una distancia de 1.5 a 2 metros, y por cierto mucho más lejos si son producto de la tos o el estornudo .

Por si fuera poco, este virus puede subsistir un cierto tiempo en los fómites, entendiendo por tales a cualquier objeto o sustancia inanimada capaz de transportar agentes infecciosos y de tremenda importancia en la comprensión de la facilidad de transmisión.

Lo cierto es que cantidades literalmente inmensas de estos agentes parecieran haberse organizado bajo la forma de la armada más terrible y ubicua que ha conocido el mundo.

Las pandemias anteriores estuvieron limitadas a Asia y Europa principalmente, siendo tristemente famosa la de la Peste Negra que mató alrededor de 30 millones personas, allá por los años 1347 - 1353.

Lo paradójico es que el hombre nunca ha tenido más conocimientos, más tecnología y más poderío que en la actualidad.

Lamentablemente, e infatuado por el éxito en la lucha contra la viruela, la poliomielitis, las enfermedades bacterianas en general, etc., bajó la guardia considerándose el rey indiscutido de la creación, que sumisa se rendía a sus pies, y en vez de guardar el debido respeto a la naturaleza, se dedicó a transformarla, alterarla y valerse de ella para generar en definitiva dinero y poder. No le bastó con ello sino que le agregó productos de su instinto asesino y fabricó armas mortales para defensa o ataque, a costos incalculables y en desmedro de las condiciones de vida de media humanidad, al priorizar presupuestos para la guerra en vez de hacerlo para la paz, la educación, la salud y la alimentación.

Las famosas OMS, FAO , NACIONES UNIDAS etc. son sólo hatos de inútiles que se vanaglorian de dedicarse precisamente a lograr la concreción de esas cuatro necesidades impostergables, elegantes reuniones mediante, en lujosos hoteles sitos en paradisíacos lugares del mundo, munidos de carísimos portafolios y áureas lapiceras, ataviados con ropaje obscenamente lujosos, costeados por los respectivos gobiernos y sufragados por los inocentes y obligados contribuyentes, así llamados, como si fuera voluntario el aporte surgido de sus bolsillos.

Lamentablemente los misiles y las armas nucleares más toda la parafernalia bélica, aparte de ser absolutamente inservibles para la lucha contra este astuto enemigo, carecen totalmente de valor de cambio para transformarlas en dinero destinado a la investigación, la profilaxis y la nivelación para arriba de las condiciones mundiales de vida.

A pesar de la exorbitante capacidad destructiva acumulada por las grandes potencias para estar debidamente pertrechados en caso de una conflagración en gran escala, ninguna de sus más poderosas armas puede siquiera compararse con el efecto deletéreo producido por los fenómenos naturales Como ejemplo valga decir que la bomba de Hiroshima produjo un radio de destrucción de 1.6 km2, provocando incendios en una superficie de casi 12 km2. La erupción del Caulle chileno en 2012 tuvo una potencia equivalente a 70 bombas Hiroshima. El megatsunami de la Bahía de Lituya en Alaska ocurrido en 1958 generó una ola de 524m de altura y derribó una montaña entera, afortunadamente pocas víctimas por ser una región escasamente poblada-.

Tampoco ha podido el hombre paliar y menos evitar estos fenómenos; claro demandaría inversiones multi trillonarias sin beneficio económico inmediato, en tanto que armas, narco tráfico y medicamentos innecesarios bridan pingües beneficios.

Ahora el negocio será sin duda la vacuna contra el coronavirus, como lo fue el desarrollo y comercialización de la correspondiente a la Gripe A.

Pero nada de esto detendrá al virus, quizás, si nos comportamos con lo que se supone nos caracteriza, es decir inteligencia, podamos superar la pandemia, pero el virus se agazapará para esperar otra oportunidad, que el mismo hombre le ofrecerá en la medida que siga alterando el equilibrio natural primigenio que encontraron los neardentales hace entre 40.000 y 230.000 años

ATENTO, HOMO SAPIENS: EL CORONAVIRUS ES INFINITAMENTE MÁS PODEROSO QUE TÚ

Eduardo Atilio Da Viá

Médico con orgullo

Marzo 2020

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