Dolarizaci髇, 縞u醤tos d髄ares faltan?

Emilio Ocampo dice que los detractores de la dolarizaci髇 insisten con un escenario apocal韕tico que no se sustenta ni en la teor韆 ni en la evidencia. Un informe publicado por El Cato.

Emilio Ocampo
Economista

El 28 de diciembre de 1999, Abelardo Pachano, un respetado economista ecuatoriano que hab韆 ocupado la gerencia general del Banco Central del Ecuador (BCE), declar� en una entrevista que era imposible dolarizar porque no hab韆 d髄ares: "Yo no soy partidario de dolarizar", explic� Pachano. "Para dolarizar necesitamos traer 600 millones de d髄ares en billetes para canjearlos con los sucres que tenemos los ecuatorianos en nuestros bolsillos (...) 縬ui閚 nos va a dar esos 600 millones de d髄ares? (...) Yo no veo a la dolarizaci髇 como algo l骻ico, factible, recomendable". Exactamente doce d韆s despu閟, el domingo 9 de enero, el Presidente Jamil Mahuad anunci� por televisi髇 la dolarizaci髇 a un tipo de cambio de 25.000 sucres por d髄ar.1 La decisi髇 no cont� con el apoyo del FMI y pasaron dos meses hasta que el Congreso aprob� la llamada "Ley Trole", que estableci� el marco legal del nuevo r間imen.

縃ab韆 suficientes d髄ares en Ecuador para dolarizar?

En los primeros d韆s de enero del a駉 2000 Ecuador se encontraba en medio de una profunda crisis pol韙ica, en default de su deuda soberana, con una prima de riesgo pa韘 de 3.500 puntos b醩icos, con un sistema bancario diezmado por una crisis en el que a鷑 hab韆 dep髎itos bancarios a plazo congelados (variante local del "corralito") y con su econom韆 al borde de la hiperinflaci髇.

El presidente que dolariz� Ecuador cont� a Memo c髆o lo hizo y qu� rol tuvo Cavallo

Lo interesante es que Pachano ten韆 algo de raz髇: a 25.000 sucres por d髄ar, el BCE no ten韆 suficientes d髄ares constantes y sonantes en el BCE para cancelar, de la noche a la ma馻na, todos sus pasivos monetarios. De hecho, Miguel D醰ila Castillo, quien asumi� como gerente general del BCE luego del anuncio de la dolarizaci髇, revel� a駉s m醩 tarde que el tipo de cambio break-even que permit韆 cancelar la basa monetaria amplia m醩 los dep髎itos del sector p鷅lico no financiero con las reservas l韖uidas disponibles (RILD) era de 32.411 sucres por d髄ar. Esto quiere decir que a la paridad fijada por el gobierno, no alcanzaban los d髄ares. Seg鷑 D醰ila Castillo, el BCE determin� entonces que algunos pasivos, especialmente dep髎itos y obligaciones del sector p鷅lico, ten韆n baja probabilidad de ser canjeables en el corto plazo.2

El Comercio (Ecuador), lunes 17 de enero de 2000. 

El Comercio (Ecuador), lunes 17 de enero de 2000. 

El "sistema de balances" establecido para brindar transparencia sobre la integridad de la dolarizaci髇 estableci� una prioridad de repago de los pasivos del BCE. El pasivo m醩 senior era la circulaci髇 monetaria, seguido por los encajes de los bancos y los bonos de estabilizaci髇 monetaria (pasivos remunerados). Estos pasivos constitu韆n el primer y segundo sistema, que es equivalente a una caja de conversi髇. Es decir, las RILD (Reserva Internacional de Libre Disponibilidad) deb韆n respaldar el 100% de la base monetaria amplia (base monetaria m醩 pasivos remunerados).

El economista Marco Naranjo Chiriboga, que era entonces funcionario del BCE, asegura que al 10 de enero de 2000 el tipo de cambio que igualaba las reservas "dolarizables" y la base monetaria amplia era de 24.423 sucres por d髄ar. Las cifras oficiales muestran que, a la paridad de 25.000 sucres por d髄ar, al 31 de enero de 2000 "sobraban" 45 millones de d髄ares. Sea cual haya sido el monto de reservas liquidas disponibles en el BCE el 10 de enero de 2000, hab韆 analistas bien informados que cuestionaban p鷅licamente la viabilidad financiera de la dolarizaci髇.

Fuente: Elaboraci髇 propia en base a datos del BCE. Las cifras de enero de 1999 est醤 expresadas al tipo de cambio vigente en esa fecha.

Fuente: Elaboraci髇 propia en base a datos del BCE. Las cifras de enero de 1999 est醤 expresadas al tipo de cambio vigente en esa fecha.

A pesar de ello, el lunes 10 de enero los ecuatorianos no salieron desesperadamente a formar fila frente a los bancos para canjear sus sucres por d髄ares. De hecho, durante el primer trimestre de 2000 solo se canje� un tercio de los sucres en circulaci髇. Y a pesar de que la Ley Trole estableci� que el 30 de junio de 2000 los sucres dejar韆n de tener curso legal, a esa fecha se hab韆n canjeado s髄o 75% de los sucres en circulaci髇. El BCE debi� extender el plazo de canje por tres meses m醩. Adem醩, a partir del 30 de septiembre emiti� monedas propias para resolver el problema del cambio chico que, con el paso del tiempo, llegaron a representar casi 17% de la circulaci髇 monetaria.

Aunque a 25.000 sucres por d髄ar, supuestamente, no hab韆 suficiente d髄ares "constantes y sonantes" en el BCE para comprar la base monetaria amplia, no s髄o no hubo corrida bancaria sino que en los doce meses siguientes hubo un aumento de casi 30% en los dep髎itos totales, en parte debido a las remesas provenientes del exteriors.3 Consecuentemente, al 31 de diciembre de 2000, con todos los sucres canjeados, las RILD hab韆n aumentado 307 millones con relaci髇 al a駉 anterior.

Ha transcurrido un cuarto de siglo y la dolarizaci髇 result� la instituci髇 m醩 duradera de la historia de Ecuador (ha durado m醩 que cualquiera de las veinte constituciones promulgadas desde 1830): sobrevivi� un golpe de estado en 2000, dos defaults soberanos (2008 y 2020), tres shocks externos (2008, una ca韉a de 75% en el precio internacional del petr髄eo entre 2013 y 2016, y el Covid-19 en 2020), un terremoto devastador en 2016, diez a駉s de populismo socialista que llevaron el gasto p鷅lico y el d閒icit a niveles insostenibles, y, como si esto fuera poco, una crisis pol韙ica que en 2023 provoc� la renuncia del Presidente Guillermo Lasso. A pesar de todo esto, el d髄ar sigue siendo la moneda de los ecuatorianos y la tasa de inflaci髇 no supera el 3% por a駉. Lo cual no significa que Ecuador haya alcanzado el nirvana. Lejos de ello. Ecuador enfrenta muchos problemas, entre ellos el desequilibrio fiscal estructural heredado del corre韘mo, que constituye una amenaza existencial a la dolarizaci髇.

En conclusi髇, obviamente hab韆 suficientes d髄ares en Ecuador para dolarizar a pesar de que ex-ante bas醤dose en c醠culos cuestionables muchos "expertos" aseguraban que no. Lo mismo ocurre hoy en la Argentina.

縃ay suficientes d髄ares en la Argentina para dolarizar?

En la Argentina algunos economistas ponen demasiado 閚fasis en que las reservas internacionales netas (RIN) son negativas para objetar una dolarizaci髇. Seg鷑 las define el FMI, las RIN son las reservas brutas menos los pasivos denominados en moneda extranjera exigibles en un plazo inferior a un a駉. En el caso del BCRA, estos pasivos incluyen fundamentalmente el swap de monedas con el Banco Popular de China y los encajes de los dep髎itos en d髄ares.

Que las RIN, tal como son computadas por el FMI, sean negativas no es un impedimento para una dolarizaci髇. En cierto sentido, se trata de un concepto contable an醠ogo al capital de trabajo de una empresa (que sea negativo no impide su funcionamiento). Un banco central tambi閚 puede operar con reservas negativas porque los pasivos neteados, aunque exigibles, son renovados al vencimiento. Es decir, no es un escenario de liquidaci髇 sino de "empresa en marcha".

El argumento de que una dolarizaci髇 exige la cancelaci髇 inmediata de esos pasivos no tiene sentido, especialmente porque el banco central no necesariamente debe ser liquidado instant醤eamente (en Ecuador y El Salvador sigue existiendo un banco central) y, adem醩, bajo ciertas circunstancias, puede seguir acumulando reservas. La deuda por el swap con China, que es la principal raz髇 por la que las RIN son negativas, es un acuerdo entre pa韘es soberanos que habr韆 que renegociar pero no es un impedimento a la dolarizaci髇.

Por otra parte, con una dolarizaci髇 todos los activos y pasivos del banco central se redenominar韆n a d髄ares. Tampoco corresponde netear los encajes de los dep髎itos en d髄ares que pasan a ser indistintos de los encajes en pesos.4 Habr韆 que excluir adem醩 los pasivos en d髄ares a residentes como SEDESA y los vencimientos de los BOPREAL. Si ajustamos las RIN por estos conceptos pasan a ser positivas en US$9.000 millones. Esta es la cifra equivalente a las RILD tal como se computaban en Ecuador y a la circulaci髇 monetaria actual convertida al d髄ar blue.5 Es importante enfatizar una vez m醩 que bajo un esquema de dolarizaci髇 como el salvadore駉, los pesos seguir韆n circulando por lo cual la circulaci髇 monetaria es un pasivo contingente que no se cancela de inmediato.

Dolarizaci髇, 縞u醤tos d髄ares faltan?

Una vez anunciada la dolarizaci髇 y fijado el tipo de cambio, lo que importa no son las RIN, sino que el patrimonio neto del BCRA valuado a mercado sea positivo (si fuera negativo y el Estado Nacional fuera solvente siempre se podr韆 capitalizar). Al 30 de junio de 2024, al tipo de cambio CCL el BCRA ten韆 un patrimonio neto de aproximadamente US$35.000 millones valuado mark-to-market. Este resultado obviamente refleja el valor de los t韙ulos p鷅licos en cartera.

De cualquier manera, una vez adoptado el d髄ar como moneda de curso legal, todos los impuestos se recaudar韆n en d髄ares. Tengamos en cuenta que al d髄ar blue la recaudaci髇 impositiva de julio de 2024 ascendi� a 8.700 millones de d髄ares, que compara con el equivalente de 10.000 millones de d髄ares de los pesos en circulaci髇, que es el 鷑ico pasivo que habr韆 que eventualmente rescatar. Lo que no ser韆 recomendable, es dolarizar a un tipo de cambio por debajo del mercado, porque aumentar韆 el riesgo de una corrida bancaria.

Como he explicado en otro art韈ulo, la dolarizaci髇 es auto financiable en tanto y en cuanto tenga credibilidad (y el p鷅lico deposite en los bancos parte de los d髄ares que tiene en caja fuerte o bajo el colch髇). As� ocurri� en Ecuador, donde quienes en definitiva hicieron posible la dolarizaci髇 fueron los mismos ecuatorianos (el aumento de las RILD entre enero y diciembre de 2000 se explica por las remesas provenientes del exterior). h pero entonces quieren dolarizar con nuestros d髄ares! dicen algunos. Obvio. Esto es consecuencia de que al igual que en todos los pa韘es del mundo la Argentina tiene un sistema bancario con reservas fraccionarias. Esto significa que la mayor parte de lo que se entiende por dinero es creado por los bancos en funci髇 de la demanda de liquidez de la econom韆. En la Argentina los pesos que ha emitido el BCRA solo representan 15% de todo el dinero medido por el M3 (10% si agreg醨amos los dep髎itos en d髄ares). Es decir, que solo uno de cada diez pesos en circulaci髇 o depositados en los bancos constituye un pasivo (contingente) del Estado. Una dolarizaci髇 implica un divorcio total entre el Estado y la moneda de curso legal.

Partiendo de RIN negativas algunos economistas han concluido err髇eamente que una dolarizaci髇 exige un tipo de cambio infinito. Es comprensible que el p鷅lico no especialista crea que bajo un esquema de convertibilidad o una dolarizaci髇 las reservas del banco central determinen el tipo de cambio, pero los economistas saben, o al menos deber韆n saber, que el tipo de cambio de equilibrio en un momento dado puede ser mayor o menor que el que resulta del cociente de la base monetaria y las reservas. Para empezar este c醠culo excluye las reservas de d髄ares que tiene el sector privado, que exceden US$200.000 y superan con creces la oferta monetaria en pesos.

Dolarizaci髇, 縞u醤tos d髄ares faltan?

El argumento apocal韕tico tambi閚 presupone que, anunciada una dolarizaci髇, inmediatamente se formar韆 una larga fila frente al BCRA y/o los bancos para retirar d髄ares que supuestamente no hay. Insisto: este argumento es absurdo. Es notable que haya economistas que planteen este argumento. A pesar de sus particularidades, al igual cualquier otro bien, el d髄ar tiene una oferta y una demanda de cuya interacci髇 surge un precio de equilibrio. A este precio, el p鷅lico es indiferente entre tener d髄ares o pesos.

Un ejemplo quiz醩 ayude a comprender. Suponga el lector que va a un restaurante y tiene en su billetera billetes de pesos y d髄ares. Cuando llega la cuenta le pregunta al mozo si puedo pagar en d髄ares. Si la respuesta es afirmativa, la siguiente pregunta es a qu� tipo de cambio le toman los d髄ares. Supongamos que ese d韆 el tipo de cambio blue es1.500 pesos por d髄ar. Si el mozo responde que cambian los d髄ares a 935 pesos Ud. obviamente pagar� con pesos. Si responde que los cambian a 1.600 pesos por d髄ar obviamente pagar� en d髄ares, y si le dicen que le aceptan los billetes a 1.500 pesos por d髄ar ser� indiferente entre pagar en pesos o d髄ares. Depender� de cuantos billetes tenga de uno y otro en su billetera.

Con una dolarizaci髇 tal como la hemos propuesto ocurre algo parecido. Si el gobierno fija un tipo de cambio que el p鷅lico percibe como inferior al valor de mercado habr� una demanda excedente de d髄ares. Pero si el tipo de cambio se fija a valor de mercado nadie saldr� corriendo desesperadamente a canjear sus pesos por d髄ares. A ese tipo de cambio, el p鷅lico ser� indiferente entre tener pesos o d髄ares porque adem醩 ambas monedas tendr醤 curso legal y el mismo poder adquisitivo. Adem醩, como debido a d閏adas de alta inflaci髇 la econom韆 argentina est� desmonetizada (la demanda de pesos es muy baja), la oferta monetaria total en pesos es la liquidez m韓ima que necesita el sector privado para desarrollar sus actividades. Una vez dolarizado el sistema bancario no tendr韆 sentido retirar esa liquidez de los bancos.

Esto es as� porque la econom韆 es un flujo circular, i.e., a nivel agregado el ingreso se iguala al gasto. Si el gobierno dolariza y tal como argumentan algunos economistas, se produjera una fuerte salida de d髄ares de los bancos, inevitablemente ser韆 seguida por una fuerte entrada de d髄ares. Las empresas, que son los depositantes m醩 grandes, no van a retirar d髄ares para guardarlos en una caja fuerte o en un cami髇 de caudales en el s髏ano de sus casas matrices, ya que tienen que hacer pagos diariamente a proveedores que deben ser bancarizados. Es decir, la liquidez depositada en los bancos convertida a d髄ares ser� necesaria para pagar salarios, impuestos, proveedores, etc. La gente cobrar� su salario en d髄ares v韆 transferencia bancaria y podr� optar por retirar sus d髄ares o dejarlos en el banco para pagar la luz, el gas, los colegios, la tarjeta de cr閐ito, etc. O sea que el escenario apocal韕tico de liquidaci髇 es altamente improbable (a menos que se fijara una paridad cambiaria muy por debajo de mercado). En cuanto a salidas de d髄ares por pagos pendientes por importaciones o dividendos, como demuestra la experiencia de diciembre 2015 hay muchas maneras de evitar escenarios tipo "puerta 12".

Hay otro mecanismo equilibrador del mercado monetario que brilla por su ausencia en el escenario apocal韕tico: la tasa de inter閟. Esta variable incide directamente sobre la decisi髇 de mantener la liquidez en la plaza local. Si luego de la dolarizaci髇 la tasa de inter閟 en la Argentina compensara el riesgo de expropiaci髇 o bancarrota, los agentes econ髆icos mantendr醤 sus d髄ares en bancos o fondos locales. En Ecuador inmediatamente despu閟 de la dolarizaci髇, un ahorrista pod韆 depositar sus d髄ares en Nueva York a una tasa del 6% anual o en un banco local al 10% anual. Un n鷐ero suficientemente grande de ecuatorianos eligi� la segunda alternativa y los dep髎itos crecieron 30% en los doce meses posteriores a la dolarizaci髇. Durante la convertibilidad hubo momentos en que la tasa de inter閟 en d髄ares por un plazo fijo en un banco en Buenos Aires era similar a la que pagaba un banco en Nueva York.

Dolarizaci髇, 縞u醤tos d髄ares faltan?

El equilibrio fiscal alcanzado en los 鷏timos ocho meses tambi閚 le resta sustento al escenario apocal韕tico. Como han explicado los economistas Thomas Sargent y Fran鏾is Velde en un interesante libro, el cambio chico no es un tema menor. Una vez dolarizada la econom韆, persistir韆 por un tiempo una demanda sostenida de pesos para el cambio chico, porque ser韆 log韘ticamente imposible contar de inmediato con billetes y monedas d髄ar de baja denominaci髇 (monedas de 25 centavos y billetes de 1, 5, 10 y 20 d髄ares). Por ejemplo, quien comprara un pack de cervezas en el kiosco con un billete de 50 d髄ares inevitablemente recibir韆 el cambio en pesos, al menos hasta que llegue suficientes d髄ares billetes de baja denominaci髇. Esto no ser韆 un problema, porque a la paridad fijada, el poder adquisitivo de esos pesos ser韆 el mismo que su equivalente en d髄ares. Ambas monedas tendr韆n curso legal por lo cual ning鷑 comerciante podr韆 rechazar los pesos. Si un caf� costara un d髄ar y se fijara el tipo de cambio a 1.500 pesos por d髄ares lo podr韆 comprar con 1.500 pesos, un d髄ar o cualquier combinaci髇 de ambas monedas (si tuviera cambio chico). La digitalizaci髇 creciente de los medios de pagos contribuir韆 a minimizar el problema del cambio chico y tambi閚 la necesidad de canjear pesos billetes por d髄ares. La bancarizaci髇 funcionar韆 de hecho como un canje autom醫ico, ya que el sector financiero operar韆 solamente con d髄ares.

En Ecuador, el tipo de cambio se fij� al valor de un mercado muy alterado por la incertidumbre, y, como ya se馻l�, tom� varios meses retirar todos los sucres en circulaci髇 a pesar de los plazos establecidos por ley. En El Salvador, que ten韆 un esquema de convertibilidad, tambi閚 se fij� la paridad al valor mercado pero no se elimin� el col髇 sino que se permiti� a la gente operar con las dos monedas en efectivo (las cuentas bancarias fueron completamente dolarizadas). El proceso de dolarizaci髇 fue gradual; la moneda buena desplaz� a la mala. Como ha se馻lado Robert Mundell, la interpretaci髇 popular de la Ley de Gresham es incorrecta ya que, hist髍icamente "han sido las monedas buenas y fuertes las que han expulsado a las monedas malas y d閎iles". Solo el curso forzoso de un peso sobrevaluado dificulta este proceso.

Todo lo antedicho viene a reforzar otro punto clave: para dolarizar se necesitan menos d髄ares de lo que la gente y algunos economistas creen. La raz髇 es muy simple. La dolarizaci髇 no implica un escenario de liquidaci髇 del banco central sino de "empresa en funcionamiento". No es una foto, sino una pel韈ula. Lo que importa no es la cantidad de d髄ares en las arcas del banco central en un momento dado, sino la rapidez con la que los pesos se canjeen por d髄ares una vez fijado el tipo de cambio. Se puede esperar que el canje sea m醩 r醦ido: 1) cuanto m醩 sobrevaluada est� la moneda local al tipo de cambio fijado por el gobierno, 2) cuanto menos cre韇le sea la capacidad del gobierno de generar recursos genuinos para rescatar la circulaci髇 monetaria existente.

El escenario apocal韕tico presupone canje instant醤eo, no s髄o de todos los pesos en circulaci髇 sino de todas las deudas del sector privado en pesos. Es decir, sobrevaluaci髇 del peso y cero credibilidad del gobierno. Este supuesto no tiene justificaci髇 te髍ica ni emp韗ica. Insisto, para dolarizar exitosamente el gobierno debe convencer al p鷅lico que tiene la capacidad de generar los d髄ares necesarios para rescatar la circulaci髇 monetaria. Hoy, al d髄ar blue, eso implica alrededor de 10.000 millones de d髄ares. Para poner esta cifra en perspectiva, equivale a un mes y medio de exportaciones (promedio 2013-2023) y una vez y media la recaudaci髇 impositiva mensual (al blue).

Aunque todo el mundo quisiera convertir sus pesos a d髄ares no s髄o ser韆 log韘ticamente imposible sino adem醩 inconveniente. Hay que tener en cuenta que los potenciales pasivos en pesos que, supuestamente, se "ir韆n" a comprar d髄ares pasar韆n a estar denominados en d髄ares.

Adem醩, si se adopta el esquema de dolarizaci髇 de El Salvador persistir韆 una demanda de pesos por un tiempo relativamente largo. Recordemos que el Estado a trav閟 del BCRA emite s髄o los pesos billete en circulaci髇. El resto de los pesos que circulan en la econom韆 que constituyen el agregado monetario M3 los "crea" el sistema bancario. Este dinero adicional no constituye un pasivo del Estado sino de los bancos. En tanto y en cuanto esos bancos est閚 bien capitalizados y administrados no hay raz髇 para que la gente retire sus dep髎itos. Si bien es cierto que hoy el sistema bancario esta sobrecargado de t韙ulos p鷅licos, esto en gran medida es consecuencia de la ca韉a de la demanda de dinero y de cr閐ito del sector privado. Ambas se revertir韆n con una dolarizaci髇, tal como sucedi� con la convertibilidad. Adem醩, los bancos hoy tienen casi 4.000 millones de d髄ares en sus b髒edas en reserva.

Ecuador dolariz� en enero de 2000, seis meses despu閟 de un default soberano y tres meses despu閟 del cl韒ax de la crisis bancaria m醩 profunda de su historia que dej� a los bancos locales que sobrevivieron en una fr醙il situaci髇 financiera. No hubo corrida ni crisis despu閟 de anunciada la dolarizaci髇 sino un aumento gradual de los dep髎itos y de la demanda de cr閐ito.

Un punto adicional y no menos importante es que la dolarizaci髇 implica un cambio de r間imen y, si es cre韇le, modifica las expectativas y la conducta de los agentes econ髆icos. Bajo un r間imen de dolarizaci髇 tanto la oferta como la demanda de d髄ares se modificar韆n. As� lo demuestra la evidencia de los pa韘es que han dolarizado. Suponer que luego de una dolarizaci髇 oficial, la oferta y la demanda de d髄ares permanecer� inalterada y que la gente seguir� operando como con el r間imen actual no tiene sustento te髍ico ni emp韗ico.

Convertibilidad y reservas: La evidencia hist髍ica

Las experiencias de convertibilidad y dolarizaci髇 en la Argentina y el resto del mundo dan sustento a lo antedicho. La Ley de convertibilidad promulgada el 27 de marzo de 1991, dispuso a) la convertibilidad del austral con el d髄ar de los Estados Unidos de Am閞ica a partir del 1� de abril de 1991, a una relaci髇 de diez mil australes por d髄ar, b) que las reservas de libre disponibilidad del BCRA en oro y divisas extranjeras deb韆n ser equivalentes a, por lo menos, el 100% de la base monetaria. En aquel entonces las RIN no se hab韆n puesto de moda y el BCRA no publicaba estad韘ticas diarias de su balance. La realidad es que al 31 de marzo de 1991, las reservas valuadas a mercado no alcanzaban para respaldar 100% de la base monetaria. De hecho, las RIN tal como se computan hoy en d韆 eran negativas.6 Fueron los t韙ulos p鷅licos en d髄ares en la cartera del BCRA los que cubrieron la diferencia (en momentos en los que el pa韘 estaba en default y el riesgo pa韘 rondaba 1.500 puntos b醩icos). Sin embargo, la gente crey� en el cambio de r間imen, los dep髎itos aumentaron y la econom韆 volvi� a crecer. Con el argumento con el que hoy se descarta una dolarizaci髇 se habr韆 rechazado la convertibilidad.

Hay otros episodios hist髍icos que confirman que no es necesario contar con reservas internacionales netas equivalentes a 100% de la circulaci髇 monetaria para dolarizar o establecer la libre convertibilidad al d髄ar o el oro. En 1797 el gobierno ingl閟 dispuso la inconvertibilidad de la libra esterlina. Comenz� entonces un largo "per韔do de inconvertibilidad" que dio lugar a un brote inflacionario y una fuerte depreciaci髇. Adem醩, provoc� uno de las controversias monetarias m醩 c閘ebres de la historia del pensamiento econ髆ico: "bullionistas" versus "anti-bullionistas". El debateb醩icamente se centraba en dilucidar la relaci髇 de causalidad entre el tipo de cambio nominal (medido por la prima de oro sobre la libra) y la cantidad de moneda en circulaci髇. David Ricardo fue el m醩 famoso de los "bullionistas" y, en cierto sentido, el primer monetarista.

Esta controversia continu� hasta 1821 cuando la libra volvi� a ser convertible. Durante el cuarto de siglo que dur� la inconvertibilidad, uno de los argumentos que esgrimieron los directivos del Banco de Inglaterra (BOE) para defenderla era que no contaban con suficientes reservas de especie (oro) para rescatar la totalidad de los billetes emitidos. Por lo tanto, la libre convertibilidad (supuestamente) generar韆 una corrida bancaria. Sin embargo, a la paridad de conversi髇, en mayo de 1821 solo hab韆 en las arcas del banco �11,2 millones de oro (specie) en respaldo de �20,3 millones de billetes emitidos. No s髄o no hubo una crisis luego de declarada la convertibilidad, sino que, por el contrario, hubo un auge en el mercado burs醫il que en 1824 le permiti� a la incipiente Rep鷅lica Argentina colocar su primer bono soberano en la plaza londinense (los incautos inversores no imaginaban que ser韆 el comienzo de una largu韘ima historia de defaults). Sea como fuere, desde 1821 hasta 1844 la libra esterlina fue libremente convertible a oro, pero la moneda emitida nunca estuvo 100% respaldada por reservas de oro. Durante este per韔do el BOE se gui� por la llamada "regla de Palmer" que requer韆 respaldar un tercio de su pasivo monetario con reservas de oro y el resto con t韙ulos p鷅licos (en promedio el respaldo de oro fue aproximadamente 47%).

En 1844 el parlamento ingl閟 aprob� la Ley Peel (Bank Charter Act), que restructur� el Banco de Inglaterra y estableci� el marco legal para el funcionamiento del patr髇 oro que se extender韆 por el resto del mundo. Esta reforma monetaria, que se inspir� en los principios del "bullionismo" y la propuesta de David Ricardo de 1823, tuvo enorme impacto sobre los debates monetarios en la segunda mitad del siglo diecinueve. La ley dividi� al BOE en dos departamentos independientes. El primero tendr韆 el monopolio de la emisi髇 de billetes, mientras que el segundo se dedicar韆 a la t韕ica actividad de un banco comercial (captar dep髎itos y otorgar pr閟tamos). A partir de entonces el BOE solo podr韆 emitir billetes si recib韆 a cambio una suma de oro equivalente. Es decir, el respaldo de cada nuevo billete de libras esterlinas deb韆 estar 100% respaldado por reservas de oro (currency principle). Sin embargo, la ley autorizaba al BOE a emitir un m醲imo de �14 millones de moneda fiduciaria respaldada por t韙ulos p鷅licos.

La experiencia argentina con el r間imen de patr髇 oro confirma la hip髏esis planteada. El primer r間imen de convertibilidad, comenz� a funcionar en enero de 1867. Por ley se cre� una nueva Oficina de Cambios aut髇oma dentro del Banco de la Provincia de Buenos Aires (BPBA) siguiendo el modelo de la Ley Peel, se autoriz� una nueva emisi髇 de papel moneda y se autoriz� su por oro a un tipo de cambio fijo de $25 pesos papel por peso fuerte (10% por encima del valor de mercado). Como explic� Roberto Cortes Conde, el principio de Peel de 100% de reservas para las nuevas emisiones se evadi� mediante la emisi髇 de notas met醠icas por parte del BPBA y el Banco Nacional. Sin embargo, el r間imen de la Oficina de Cambios fue un 閤ito, al menos en sus primeros cinco a駉s de operaci髇 (dur� diez).7

La reforma de Carlos Pellegrini de 1890 se inspir� en la Ley Peel de 1844. La Caja de Conversi髇 era an醠oga al departamento de emisi髇 del Banco de Inglaterra, y, el Banco de la Naci髇 Argentina, concebido originalmente como entidad de propiedad mixta, equivalente a su departamento comercial. Pero la Caja de Conversi髇 (CC) no tuvo funcionamiento efectivo hasta la reforma monetaria de noviembre de 1899, que le permiti� a la Argentina adherirse al patr髇 oro. Como inicialmente la CC no ten韆 reservas, reci閚 en 1903 comenz� a emitir pesos billete contra oro bajo el mismo principio que la Ley Peel (i.e., 100% respaldo). Diez a駉s mas tarde, las reservas de oro s髄o respaldaban 65% de la base monetaria.8 Sin embargo, el peso era ya considerado una moneda fuerte.

Todos estos episodios hist髍icos demuestran la irrelevancia emp韗ica del argumento de que un esquema de dolarizaci髇 o convertibilidad requiere 100% de respaldo en reservas. Tal como explicaron John Maynard Keynes y Thomas Sargent, bajo el patr髇 oro las reservas no eran el factor determinante para mantener la convertibilidad de la moneda a una paridad fija sino la pol韙ica fiscal del gobierno.9 En la pr醕tica, la experiencia de los pa韘es dolarizados en el 鷏timo cuarto de siglo relativiza esta afirmaci髇. Ecuador cerr� el a駉 1999 con un d閒icit fiscal global de casi 5% del PBI, en default de su deuda externa, con un sistema bancario fr醙il y dep髎itos congelados, con una deuda p鷅lica externa equivalente a 76% del PBI y con una prima de riesgo pa韘 de 3.500 puntos b醩icos. Adem醩 su pol韙ica fiscal bajo el corre韘mo (2007-2017) no fue muy diferente de la seguida por el kirchnerismo. Sin embargo, la dolarizaci髇 sobrevivi� (con default). Como he enfatizado en varios art韈ulos, una dolarizaci髇 oficial no s髄o es un cambio de r間imen monetario sino tambi閚 de r間imen fiscal. Al eliminar el impuesto inflacionario como mecanismo de recaudaci髇, refuerza, por un tiempo al menos, la credibilidad del gobierno. Lo cual obviamente no elimina la necesidad de tomar medidas que aseguren un equilibrio presupuestario.

En las circunstancias actuales, la credibilidad de una dolarizaci髇 se ver韆 reforzada por el extraordinario ajuste fiscal y el saneamiento del balance del BCRA que el gobierno realizado en los 鷏timos ocho meses. En cierto sentido, hoy es m醩 f醕il dolarizar que en diciembre de 2023, cuando tanto analistas como inversores dudaban de la capacidad de Javier Milei de poder equilibrar r醦idamente las cuentas fiscales.

Conclusi髇: 縌u� se necesita para dolarizar?

El escenario apocal韕tico post dolarizaci髇 presupone un escenario de liquidaci髇 en el que todos los pasivos externos del BCRA se deben cancelar un segundo despu閟 de anunciada una dolarizaci髇, al igual que todos los pesos en circulaci髇. Pero no habr韆 liquidaci髇 sino simplemente un cambio de moneda. Adem醩, no ser韆 necesario suprimir el peso. En las circunstancias actuales, la 鷑ica condici髇 necesaria para dolarizar es un tipo de cambio entre el peso y el d髄ar que refleje lo m醩 posible su valor de mercado.

Esto requiere relajar el cepo, que no es m醩 que una mara馻 de restricciones que impide y/o dificulta la transferencia de d髄ares al exterior, y avanzar hacia la unificaci髇. La experiencia argentina en 2015 demuestra que "levantar el cepo" no es una cuesti髇 blanco y negro. La experiencia ecuatoriana es a鷑 m醩 ilustrativa de la variedad grises que existen. Se dolariz� con una parte de los dep髎itos congelados, en default de su deuda p鷅lica y privada y con algunos controles de capitales. Luego de dolarizar, en pocos meses se liberaron completamente los dep髎itos y se regularizaron los pagos a acreedores. Sin embargo, a partir de 2007, el gobierno de Rafael Correa estableci� un impuesto a la salida de divisas (ISD) cuya al韈uota en alg鷑 momento lleg� a ser 5%. De esta manera se cre� una brecha equivalente al ISD entre el valor de un d髄ar dentro y fuera de Ecuador.

El punto no es justificar ni abogar por los controles de capitales (que deber韆n ser completamente eliminados lo m醩 r醦ido posible) sino recalcar que una dolarizaci髇 oficial no requiere adhesi髇 estricta a una receta pura y universal sino que es an醠oga a un "traje a medida", que debe adaptarse a las restricciones que impone la realidad de cada pa韘.

Respecto al tipo de cambio la experiencia de Ecuador tambi閚 es ilustrativa. Al 31 de diciembre de 1999 el tipo de cambio oficial era 17.921/18.287 sucres por d髄ar y mientras que en el mercado interbancario el d髄ar se operaba a 19.858/20.243 sucres por d髄ar. Doce d韆s m醩 tarde, el domingo 9 de enero, el Presidente Mahuad anunci� la dolarizaci髇 a 25.000 sucres por d髄ar, casi un 30% por encima de la cotizaci髇 al 31 de diciembre de 1999, pero en l韓ea con el cierre del mercado del viernes 7 de enero. En aquel entonces algunos economistas acusaron al gobierno de haber dolarizado a una paridad demasiado alta.10 Por otro lado, como ya se馻l�, seg鷑 el testimonio de personas bien informadas, al 10 de enero de 2000 el balance del BCE "cerraba" a un tipo de cambio m醩 elevado. Sea como fuere, el overshooting cambiario contribuy� a que la ca韉a de la inflaci髇 fuera m醩 lenta debido al inevitable ajuste de precios relativos.11

En conclusi髇, una dolarizaci髇 es posible siempre y cuando se haga a un tipo de cambio que refleje el mercado. No tiene por qu� haber una corrida de dep髎itos. Ecuador sin cepo, con una situaci髇 fiscal tanto o m醩 complicada que la de la Argentina y con una prima de riesgo pa韘 similar, tiene un sistema bancario con dep髎itos totales por US$62.700 millones con encajes de US$6.000 millones mientras que las reservas en el BCE suman US$7.090 millones. La principal diferencia es la magnitud del cr閐ito bancario al sector p鷅lico que es mucho mas elevada en la Argentina.12 Su PBI es la cuarta parte del de la Argentina.

No se necesitan US$30.000 millones adicionales para dolarizar sino no a lo sumo US$10.000 millones. Coincidentemente esta es la suma que, seg鷑 los medios, el gobierno intenta conseguir en el exterior para "financiar" la salida del cepo. Si es posible conseguir 10.000 millones de d髄ares para salir del cepo, su mejor uso ser韆 tenerlos de respaldo para reforzar la credibilidad de una dolarizaci髇. Este es el camino que ofrece mejores chances de consolidar todo lo conseguido hasta hoy y evitar que volvamos al "baile caribe駉" de un paso para adelante y otro para atr醩. Terminar韆mos con el blue, el MEP, el CCL, el d髄ar turista, las cuevas, los rulos, y la inestabilidad cambiaria que tanto afecta a la econom韆. En vez de especular, los argentinos podr韆n enfocar toda su energ韆 a desarrollar actividades productivas.

Como he explicado en otro art韈ulo, al igual que un esquema de competencia de monedas, una dolarizaci髇 oficial requiere que el d髄ar tenga curso legal, es decir poder liberatorio ilimitado para la cancelaci髇 de obligaciones en dinero en todo el territorio nacional.13 Pero no requiere eliminar el peso. Tampoco es necesario cerrar el BCRA (tanto Ecuador como El Salvador tienen un banco central). Ser韆 conveniente adem醩 tomar una serie de medidas para asegurar que la dolarizaci髇 sea un 閤ito, entre ellas, redenominar de la deuda p鷅lica dom閟tica a d髄ares a un exit yield de mercado, renegociar el swap con China y conseguir apoyo internacional (expl韈ito o impl韈ito).14 Y, por supuesto, ser韆 necesario mantener a rajatabla la disciplina fiscal alcanzada y presentar un presupuesto equilibrado (y cre韇le) para 2025.

Si fuera necesario devaluar ser韆 la 鷏tima devaluaci髇 de la historia.15 En vez de marcar el inicio de otro ciclo inflacionario, marcar韆 el inicio de una nueva era de estabilidad y prosperidad para la Argentina. No habr韆 m醩 d髄ar paralelo, blue, MEP o CCL, rulos, cuevas, cepo, brecha, etc. Se terminar韆 la incertidumbre cambiaria que paraliza tantos proyectos de inversi髇. Los argentinos podr韆n direccionar su energ韆 y creatividad a actividades productivas en vez de especular cuanto debe valer un d髄ar.

Obviamente, una dolarizaci髇 oficial no est� exenta de riesgos. Dado que el nirvana no es asequible, hay que comparar sus costos y beneficios con relaci髇 a otras alternativas. Lo importante a tener en cuenta es que salir del cepo para ir una flotaci髇 sucia o otro esquema de tipo de cambio semi-r韌ido le va a terminar costando al pa韘 mucho m醩 que 10.000 millones de d髄ares. Seg鷑 estimaciones privadas, desde 2018 la intervenci髇 del mercado cambiario le ha costado a los contribuyentes argentinos 42.500 millones de d髄ares, una suma casi equivalente con la deuda con el FMI. No tiene sentido seguir despilfarrando el dinero de los contribuyentes para imponer un tipo de cambio por debajo del equilibrio de mercado. Ser韆 una tragedia desperdiciar la extraordinaria oportunidad que a鷑 existe para dar un verdadero golpe de tim髇.

Este art韈ulo fue publicado originalmente en el Substack Dolarizaci髇 en Argentina el 20 de agosto de 2024.

Referencias:

1 El 31 de diciembre de 1999 el tipo de cambio oficial hab韆 cerrado a 17.921 y 18.287 sucres por d髄ar comprador y vendedor. El viernes 7 de enero, con los mercados alterados por la incertidumbre, el d髄ar se vend韆 a 26.000 sucres por d髄ar. Es decir, debido a la incertidumbre pol韙ica y econ髆ica, entre ambas fechas el d髄ar perdi� casi 30% de su valor. A 25.000 sucres por d髄ar el tipo de cambio real estaba casi 100% por encima del promedio 1995-1999. Veinte meses m醩 tarde se encontraba en los niveles previos a la dolarizaci髇.

2 Seg鷑 el economista Marco Naranjo Chiriboga, funcionario del BCE, al 10 de enero de 2000 el tipo de cambio que igualaba las reservas "dolarizables" y la base monetaria amplia era de 24.423 sucres por d髄ar.

3 En realidad, la dolarizaci髇 tal como fue planteada en Ecuador s髄o requer韆 rescatar billetes y monedas de sucre en circulaci髇. No era ni fue necesario rescatar el resto de la base monetaria aunque se rescataron los bonos de estabilizaci髇 monetaria. Una dolarizaci髇 a la salvadore馻 ni siquiera requiere rescatar la circulaci髇 monetaria.

4 En teor韆 las RIN deber韆n restar a las reservas brutas los pasivos en moneda extranjera a no residentes. En escenario de dolarizaci髇 hay que excluir los encajes de los dep髎itos en d髄ares. Es decir, actualmente las reservas netas resultan negativas en casi US$4.000 millones por en parte porque se restan los encajes por aproximadamente US$10.000 millones. En el contexto de una dolarizaci髇 no corresponde restar esos encajes a las reservas brutas.

5 Los encajes en d髄ares y pesos suman aproximadamente US$15.000 millones al d髄ar blue. Estos pasivos son exigibles 鷑icamente en el caso de una corrida de dep髎itos.

6 Nunca se publicaron los balances del BCRA de 1990, 1991 y 1992 por lo cual es dif韈il saber con certeza a que monto ascend韆n las RIN al momento de promulgarse la Ley de Convertibilidad. Seg鷑 la Memoria Anual 1989-1993, al 31 de marzo de 1991, las reservas liquidas alcanzaban a s髄o 45% de la base monetaria y las reservas computables para su respaldo seg鷑 la ley ascend韆n a US$4.800 millones. A esa misma fecha, la base monetaria ascend韆 a US$4.800 millones. Todos los estudios sobre la Convertibilidad presuponen su pleno respaldo con reservas l韖uidas tal como lo estableci� la ley. Sin embargo, las estad韘ticas monetarias hist髍icas que peri骴icamente publica el BCRA en su p醙ina web, muestran que a esa fecha, las reservas brutas ascend韆n a US$5.482 millones, la posici髇 neta en oro y divisas era US$904 millones, mientras que los activos externos netos eran negativos en US$4.716 millones.

7 El creciente desequilibrio fiscal bajo la presidencia de Sarmiento y una crisis internacional en 1873 (segundo sudden stop de la historia argentina) pusieron fin a este experimento de convertibilidad.

8 Esto se explica porque aproximadamente un tercio de la base monetaria hab韆 sido "creada" antes de 1899 y no ten韆 respaldo. La ley de 1899 s髄o exig眢 que cualquier emisi髇 adicional tuviera 100% de respaldo en oro. Sin embargo, todos los pesos en circulaci髇 eran pasibles de ser convertidos a oro.

9 En este art韈ulo trato en m醩 detalle la relaci髇 entre r間imen monetario y r間imen fiscal.

10 Ver nota 1.

11 Seg鷑 D醰ila Castillo, el overshooting cambiario permiti� "evitar que el ajuste a la nueva situaci髇 incremente el desempleo en el pa韘, tal como hab韆 ocurrido con la convertibilidad en Argentina".

12 Seg鷑 el BCE, a fin de junio de 2024 en Ecuador los bancos manten韆n US$62.700 millones en dep髎itos totales que se sosten韆n con US$6.000 millones de encajes, mientras que las reservas en el banco central ascend韆n a US$7.090 millones. En la Argentina los dep髎itos totales en AR$ convertidos a d髄ares al CCL suman aproximadamente US$65.000 millones. Si agregamos US$20.000 millones de dep髎itos en d髄ares y aplicamos la misma relaci髇 que en Ecuador los encajes totales deber韆n ser de aproximadamente US$8.500 millones. Esto compara con encajes de los dep髎itos en US$ que suman US$9.900 millones y de dep髎itos en AR$ que convertidos al CCL suman aproximadamente US$5.000 millones. La situaci髇 fiscal de Ecuador es tanto o m醩 complicada que la de la Argentina y su prima de riesgo pa韘 es similar.

13 En Ecuador nunca se declar� formalmente el curso legal del d髄ar. La Ley Trole establece la "libre circulaci髇 del d髄ar", la raz髇 de canje entre el sucre del d髄ar, el retiro de circulaci髇 de los sucres recibidos y la prohibici髇 de emitir m醩 sucres. Tambi閚 establece que todas las operaciones del sector financiero deber醤 realizarse en d髄ares. Pero el texto es confuso respecto a la definici髇 de curso legal y "moneda nacional". En el caso de El Salvador la Ley de Integraci髇 Monetaria es muy clara. Su art韈ulo 3� establece que "El d髄ar tendr� curso legal irrestricto con poder liberatorio ilimitado para el pago de obligaciones en dinero en el territorio nacional" y su art韈ulo 5� que "los billetes de col髇 y sus monedas fraccionarias emitidos antes de la vigencia de la presente ley continuar醤 teniendo curso legal irrestricto en forma permanente, pero las instituciones del sistema bancario deber醤 cambiarlos por d髄ares al serles presentados para cualquier transacci髇". Es decir, permite la circulaci髇 de billetes de ambas monedas por tiempo ilimitado.

14 El gobierno de Estados Unidos nunca apoyar� abiertamente una dolarizaci髇. Lo importante es que influya sobre el FMI y otros organismos multilaterales. En el caso de Ecuador el FMI no apoy� pero si lo hizo en el caso de El Salvador.

15 Lo he repetido muchas veces pero insisto: no se puede dolarizar al tipo cambio oficial ni al tipo de cambio en los segmentos intervenidos por el BCRA ya que no reflejan la libre interacci髇 de la oferta y la demanda. Es posible dolarizar.

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