Cultura y maldad

Sería redundante, aburrido e inútil abundar sobre el tema de la maldad humana, solo destacar que son actos voluntarios, casi siempre premeditados y mediante los cuales se espera obtener beneficios. Lo hace en esta not Eduardo Da Viá.

Eduardo Da Via

Existen dos fenómenos mundiales que aparecieron en estricta relación con la presencia del hombre sobre la tierra, ellos son la cultura y la maldad.

Fijémonos primero en la maldad, y si observamos objetivamente no hay dudas que la maldad es exclusiva característica humana.

En la naturaleza no existía la maldad a pesar del daño que distinta especies animales y aún vegetales se infligían entre ellos. Todas, sin excepción se explican o por lo instintivo, por la preservación de la vida y la de la especie a la que pertenecen.

Sí hay crueldad en los dos reinos vivos, a veces extrema y según mi parecer innecesaria, por cuento pudo muy bien desarrollarse métodos de supervivencia que no impliquen la horrible secuencia: Advertencia, Temor, Huida, Captura, Ingesta de cuerpo entero e Ingesta destrozado vivo. Común en los animales superiores e incluso en el diminuto pero muy extendido reino de los insectos.

Anoche justamente observaba los tramos finales de la vida de un humilde moscardón, que había caído en las redes de una araña; todavía intentaba en vano liberarse de las cadenas cuando el octópodo comenzó a acercarse sigilosamente para inyectarle primero veneno y luego comérselo. Seguramente el proceso se inició horas antes, espacio de tiempo que en esta parte de la escala animal equivale a días o semanas en la nuestra. Imaginémonos por un momento lo que podríamos sentir si bruscamente nos ocurriera algo similar, nos mantuviesen inmovilizados durante días y para colmo momentos antes de morir ver claramente al asesino acercarse, comenzar a trozarnos hasta perder la conciencia para finalmente desaparecer en las extrañas de la araña.

¿Hay maldad en la tragedia descripta?

De ninguna manera, lo que hay es designio por parte de ambos protagonistas.

Además, después del banquete, la araña no necesita comer por varios días y no se le ocurre salir a festejar violando mariposas o destruyendo nidos de pititorras.

Simplemente cumplió con el plan que la naturaleza tiene previsto para ella.

Pero nada comparable con la maldad, patrimonio exclusivo del hombre.

Rousseau sostenía que todos los hombres nacen "buenos" y es la sociedad que los corrompe.

Thomas Hobbes en cambio, pensaba que el hombre es "malo" por naturaleza, pues siempre privilegia su propio bien por encima del de los demás.

Schopenhauer coincidente en esencia con Hobbes, afirma que "el mal es parte esencial de la existencia del ser humano, intentar eliminar el mal es intentar eliminar nuestra propia existencia; el mal es, por naturaleza, parte fundamental del ser humano; nuestra condición humana está ligada a un conflicto entre el bien y el mal". Este pensamiento coincide con Kant y su "mal radical", puesto que también considera que el mal tiene sus raíces en la naturaleza humana universal.

Disiento con Rousseau, no entiendo como de una sociedad integrada en su totalidad por hombres por definición buenos, puede surgir un ser dañino; y coincido con los demás filósofos.

Sería redundante, aburrido e inútil abundar sobre el tema de la maldad humana, solo destacar que son actos voluntarios, casi siempre premeditados y mediante los cuales se espera obtener beneficios.

La tortura, probablemente la expresión máxima de la maldad, y que etimológicamente viene de "torcer", quizá porque éste fue uno de los primeros procedimientos que se utilizaron para provocar insostenible dolor, es desarrollo exclusivo del "homo sapiens"

Los instrumentos de tortura tales como empleó la "Santa Inquisición" fueron diseñados con planos y medidas para maximizar su eficacia.

Sin más comentarios al respecto.

En la más absoluta antípoda, le cabe al hombre el mérito de haber desarrollado la cultura.

Absolutamente todo lo nuevo que hoy existe sobre o debajo de la tierra, o sobrevolando la misma ha sido hecho por el hombre.

De la misma manera todo lo que existió el momento de su llegada y hoy ha desaparecido o está en vías de hacerlo, es producto de la acción maligna o errónea del hombre.

El hacer o fabricar tanto como el destruir o arruinar es propio y exclusivo del humano.

Cuando en su evolución llegó a la etapa de "Homo Sapiens", lo que la caracterizó fue la aparición de la Inteligencia y con ello se distanció de los demás seres existentes, a los que rápidamente aprendió a usar como alimento, transporte o fuerza aplicable a distintos propósitos

Cultura pues, es un término por demás abarcativo e incluye todo aquello desarrollado por el hombre, tanto en lo material como en lo espiritual o intelectual.

El hombre es el único ser que posee cultura: palabra que etimológicamente proviene de "cultivar" lo que implica conocimiento, toma de decisión, trabajo y destino.

Los animales tienen hábitos, genéticamente pre establecido; en cambio los humanos tenemos costumbres que son parte de la cultura.

La calidad de la cultura en lo conductual y en lo intelectual, marca la calidad de un país.

Ninguno tiene 100% en su palmarés ni el porcentual que exhiben es estático, lo que implica que siempre tendrán la oportunidad de mejorar o empeorar.

Personalmente me preocupa el estado actual de la cultura argentina en lo intelectual, porque tengo la impresión de que durante estos últimos años hemos empeorado, fundamentalmente debido al primerísimo lugar que han ocupado tanto la política como los políticos, en una lucha despiadada en pos no del bien común sino del bien individual, traducido en dos parámetros: poder y riqueza, en detrimento de las acciones concretas tendientes a mejorar o generar condiciones de vida de sus representados. Sólo se rascan para adentro.

Quisiera referirme a la evolución de la cultura argentina en lo referente a los elementos cognitivo; para esclarecer la idea, yo diría a la cantidad y calidad de conocimientos que la media de la población posee, acerca del mundo circundante inmediato o mediato; y así mismo una evolución de la disponibilidad de herramientas para adquirir ese conocimiento.

Si hablamos de evolución, nos referimos indefectiblemente al factor tiempo, y así pues debemos valernos de ciertos parámetros ilustrativos aunque ninguno en particular pueda satisfacer nuestra curiosidad; será pues mediante la sumatoria de los más importantes.

Tasa de analfabetismo: según la UNESCO, los analfabetos son aquellas personas que no saben leer ni escribir, ni comprenden un texto sencillo, ni pueden exponer de forma elemental hechos de su vida cotidiana.

En nuestro país a fines del s XIX era de 53%, para llegar a tan solo 1.92% con muestreos de mayores de 10 años.

Hoy la situación ha empeorado y en 2019 alcanzó la media del 4%

Resulta altamente sospechoso que el tristemente famoso INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo) tiene datos publicados hasta el 2010.

Veamos, según datos oficiales, en los últimos 20 años la población argentina aumentó un 25%, en tanto que el número de cargos docentes lo hizo en un 17%, a todas luces deficitario.

En el último año de secundaria, hay 60% de aprobados en lengua a nivel estatal y 80% a nivel privado

En el nivel secundario, 3 de cada 10 estudiantes alcanzan los niveles satisfactorios en Matemática. En Lengua son 6 de cada 10. En este nivel también se observan disparidades según nivel socioeconómico.

La inversión en educación en Argentina en términos reales ha crecido sostenidamente desde 2005 hasta 2011, para luego estabilizarse en los últimos años, y luego disminuir.

Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) señaló que tanto las provincias como la Nación redujeron en forma significativa el presupuesto destinado a inversión en educación en los últimos años.

Desde el principio, el lugar que el gobierno de Alberto Fernández le dio a la educación no fue prioritario. El propio Presidente decía en marzo del año pasado: "Las clases pueden esperar. Si algo que no me urge es el inicio de clases. Después vemos cómo compensamos esos días. Eso puede esperar. Nadie sufrió por recibirse un año antes o un año después. Tampoco van a sufrir por terminar un mes antes o un mes después el colegio", afirmaba. Fue uno de los pocos anuncios que cumplió en lo que va de su mandato: las clases fueron lo último en volver.

Pero estas cifras tienen que ver con las políticas en educación que se implementan y es donde poco puede hacer el educando si el educador, a pesar de las dificultades, no les inculca la pasión por saber, de indagar, de dudar, de esclarecer, y por sobre todo de leer.

Otro dato negativo y lamentable, pero dentro del ámbito de lo personal es el hábito de la lectura.

La Encuesta Nacional de Consumos Culturales revela que, en la Argentina, la lectura promedio por año y por persona es de 1,6 libros. Pero el 28,6% de los consultados dijo que directamente no leía libros. Y el 47,1% explicó que no lee porque no le interesa.

Voy a permitirme citar algunas expresiones célebres acerca de la lectura:

"La persona que no lee buenos libros no tiene ventaja sobre el que no puede leer". Mark Twain.

"Leer incrementa, multiplica, amplía, engrosa, enriquece, eleva, y/o amplifica tu vocabulario".

"Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen". Mario Quintana.

Otro índice preocupante es el que nos da el ranking de las mejores universidades del mundo; entre las primeras mil solo figura la de Buenos Aires, pero en el puesto 392.

En lo que concierne a medicina, a fines de los años 50 la de la Universidad Nacional de Cuyo, disputaba el tercer puesto detrás de Buenos Aires. Y Tucumán; hoy figura en el puesto 17 incluidas las privadas.

Yo ingresé a la Facultad de Medicina en 1958, con examen de ingreso estricto, sin cursos de nivelación y sin exámenes recuperatorios.

Con el tiempo la política de excelencia cambió al facilismo para corregir la alarmante tasa de deserción, lo que lógicamente se logró merced a un notable descenso en la calidad.

Para finalizar este más que sucinto e incompleto análisis de la decadencia cultural argentina, he de referirme una vez más, y seguiré haciéndolo a pesar de los magros resultados obtenidos hasta ahora, a la defensa del idioma.

El español o castellano que hoy se habla en la argentina no es el mismo que yo aprendí hace casi un siglo, en primer término porque se han agregado muchos vocablos en respuesta a las necesidades derivadas de los cambios tecnológicos y de costumbres, pero además está enfermo nuestro idioma, y eso es lo que más me entristece porque a pesar de médico no tengo remedio para las dos graves patologías que lo afectan: los extranjerismos y el lenguaje inclusivo.

De paso sea dicho que Francia prohíbe el uso de lenguaje inclusivo en las escuelas.

"Autoridades de Francia informaron que queda vetado el lenguaje inclusivo por ser considerado un obstáculo para el aprendizaje en las escuelas y del idioma en general".

Los jóvenes hablan una jerga ininteligible, pero sin tener el respaldo de un buen castellano para cuando la conversación o la escritura cambian de entorno. Directamente van perdiendo la lengua nativa y además oficial.

Siempre sostuve y seguiré haciéndolo que un grupo poblacional alcanza el nivel de nación, cuando tiene un territorio bien definido, una lengua común y una similitud de costumbres principales.

La incorporación por parte de los locutores de televisión especialmente y también radiales, de la costumbre de gritar en vez de hablar, el empleo de palabras y gestos soeces, la inevitable inclusión del semi desnudo femenino como absurdo fondo y contra lo cual las feministas callan, más la terrible música disonante de fondo, incluso en el transcurso de ciertos noticieros, hace que el idioma, que debería ser la prima donna, pase desapercibido con sus errores y vicios.

Recuerdo con nostalgia la educación y la prestancia de Cacho Fontana o de Santos Humberto Giunta y la del famoso dúo Mónica Cahen D´Anvers y César Mascetti, la admirable sabiduría y memoria de Gerardo Sofovich y así...

Ruego comparar con Polémica en el Bar o Los Mammones.

Ni que hablar del vocabulario de los legisladores cuando pierden los estribos, cosa que les ocurre a menudo tanto a ellos como a ellas.

También aquí me vienen a la memoria oradores como Palacios, Balbín, Alfonsín, Frondizi y hasta incluyo a Perón que era un hombre culto.

Comparen con Kiciloff o Máximo Kirchner.

Pobre Argentina, los hombres te han hecho mal, remedando el tango Milonguita (Esthercita) de 1920, música: Enrique Delfino; letra: Samuel Linnig.

Si los que tenemos la suerte de haber adquirido un cierto nivel cultural, después de muchos años de estudios y lecturas, cedemos en el empeño de oponernos a la decadencia y caemos en la indiferencia, seremos responsables por omisión aunque no por comisión.

Yo insto a luchar por una educación de excelencia, muy exigente y un respeto casi diría religioso por la lengua.

Por último mi más sincero homenaje a Elia Ana Bianchi Zizzias, columnista de este periódico y luchadora incansable por la cultura.

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