Educación y política: cultura, valores y ciudadanía en la escuela y en la sociedad
La educación política responde a una necesidad social, para que la sociedad esté conformada por ciudadanos capaces de exigir y ejercer la democracia de manera crítica y autónoma, de acuerdo con un proyecto humano específico. Este proyecto surge de la convicción de que hombres y mujeres son el centro, sujeto y objeto de las demandas políticas, en una relación continua y constructiva entre el bien común y el bien individual.
El bien común se entiende también como la suma de todos los mecanismos legislativos e instrumentales que permiten a cada persona alcanzar sus metas individuales. Por lo tanto, el bien común no se forma por la suma de intereses particulares, sino que es buscado por la comunidad sobre la base de una jerarquía equilibrada de valores, fundamentada a su vez en la comprensión de la dignidad y los derechos del individuo.
Creo que es importante educar en política y derecho porque es necesario desarrollar en los jóvenes un sentido de responsabilidad individual y una conciencia de los derechos en pro del bien común.
Los programas educativos deben enseñar que la delegación de la ciudadanía a través de las elecciones es representativa y no intelectual, y que el compromiso en cualquier nivel debe tender a la búsqueda de soluciones orgánicas a los problemas (problema - pensamiento - acción).
Es necesario reconocer que es hora de perseguir, con todas nuestras fuerzas y en todos los entornos educativos disponibles (públicos y privados), un compromiso educativo en el que la dimensión política no solo esté clara y conscientemente presente, sino que se considere una de sus características principales.
Nuestro tiempo lo requiere urgentemente, la alternativa corre el riesgo de ser la derrota de toda la humanidad y, por lo tanto, la imposibilidad de que la persona realice su más alto significado y valor auténtico. La política y la educación han constituido un par casi inseparable desde el mundo antiguo. Todos sabemos cómo el Estado estaba en el centro de la vida social e individual en la antigua Grecia y Roma: los hombres antiguos (obviamente los libres) eran ante todo ciudadanos.
La educación cívica y la educación humana siempre han estado entrelazadas. La idea de educación se basaba en conceptos clave, los de paideia y humanitas (son los conceptos clásicos de la Cultura Clásica que definen la formación integral, el cultivo de las virtudes y el desarrollo de la esencia del ser humano) que, en gran medida, estaban relacionados con la reflexión ético-política. La imagen del hombre era la de un individuo cuya existencia tenía sentido solo dentro de la comunidad y cuya actividad era esencialmente política.
La polis era un sólido apoyo y guía para la vida; el propio Platón habla de una "ciudad interior que cada hombre lleva dentro de sí", destinada a evolucionar y trascenderse a sí misma (Platón IX, 591).
Por lo general, el concepto de educación ha significado la transmisión de conocimientos con consiguientes propósitos formativos de las generaciones adultas a las más jóvenes (Piaget, 1980). La perspectiva de una educación para la política es actualizada en contextos familiares, escolares y extracurriculares. Compartir un proyecto que potencie al individuo y la convivencia que se busca en las relaciones son factores esenciales para una educación exitosa. La cooperación es el otro factor que favorece la formación de una conciencia comunitaria.
El hecho de que la educación y la política puedan reconocerse como dimensiones primarias y necesarias de la vida y el desarrollo humanos se basa en el supuesto epistemológico de que el individuo requiere una dualidad para su propia supervivencia y realización como ser humano.
Para sobrevivir, el hombre necesita lo que Ferrarotti llama "convivencia social" que, como él mismo dice, "no es aleatoria, pero tampoco responde a los imperativos de los arquetipos metahistóricos. [...] El hombre se ve obligado, en cualquier caso, a elegir, no en términos absolutos, sino en la situación dada y experimentada, a realizar una acción que lo salve o lo pierda en un horizonte puesto en movimiento por necesidades históricamente variables que, sin embargo, son identificables en su esencia profunda: cultura, valores, ciudadanía" (Ferrarotti, 1999).
Educar para la política exige dar cabida a la autonomía y la solidaridad individuales, consolidando el sentido de responsabilidad ligado a la libertad y el sentido del deber ligado a la ley. Por lo tanto, es esencial introducir la educación política en las escuelas, desterrando las ideologías (Snyders, 1986), y desarrollar vías y procedimientos que la posibiliten.
Sin embargo, es evidente que, sea cual sea el significado que se quiera atribuir a la actividad política, ya sea negativo o positivo, debe tenerse en cuenta, pues la educación política no es otra cosa que la institucionalización y el perfeccionamiento de esa «formación» política que, en cualquier caso, ya sea por casualidad o por designio, deficiente o adecuada, se produce en cada individuo. En resumen, no se trata de crear algo nuevo, sino de no dejar al azar el deber primordial del ciudadano, sobre todo, de nuestros niños y jóvenes.
Fuente consultada
Educación y Política: Educación para la Ciudadanía a Través de la Ciudadanía Activa; Edi Puka, Universidad Europea de Tirana y Dilina Beshiri, Universidad A. Moisiu de Durrës, Albania, 2024