De la falsa ignorancia de los antimineros, al oro sin cianuro

A partir de la visita de Suarez a Canadá se volvió a discutir la opción de hacer minería en Mendoza. Otra vez se escucha el discurso antiminero, que no es ignorante, sino que apunta a desinformar. En tanto, se entusiasman con la posibilidad de extraer oro sin cianuro, pero no todo lo que brilla es oro.

Una vez más se vuelve a hablar de minería en Mendoza y para mal de los que creemos en la actividad e intentamos pensar en un debate serio, la industria vuelve a ser manoseada. Otra vez es víctima de los antimineros que instalan su discurso del miedo, con datos errados y con la intención de desinformar. En el medio de eso, se trae como novedad la extracción de oro, pero no todo es tan simple como parece.

Todo lo ocurrido en las últimas dos semanas, con el viaje de Suarez a Canadá y la intención de Juan Manuel Ojeda de llevar un proyecto para dejar a una zona de Malargüe fuera de las limitaciones de la Ley 7.722, volvieron a activar a los sectores que se oponen a la actividad.

Uno de los antimineros que volvió a escena, con un discurso clásico y siempre apelando a la frase hecha de que "Mendoza sería Jachal si no fuera por la 7.722", fue Jorge Difonso. Mientras recuperaba pantalla en Mendoza, un medio sanjuanino le pegó por un proyecto de ley referido al gasoil que usan las mineras y lo tildaron de "ignorante y demagogo".

Lo cierto es que la demagogia es algo que se puede discutir, pero lo de calificarlo de ignorante me parece que para nada le cabe. Difonso y los líderes de los grupos antimineros están lejos de ser ignorantes, saben muy bien cómo funciona la actividad minera y saben que cuando instalan sus discursos lo hacen en base a datos errados o directamente falsos. Saben muy bien cómo manejar las masas y de qué forma atraer su atención y llevar "agua para su molino".

De manera consciente las personas que se oponen a la minería instalan ideas que repiten y fomentan el discurso antiminero apuntando principalmente al temor a través de un trabajo que ya lleva por lo menos dos décadas.

Un ejemplo de eso también es el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, (reconocido activista antiminero) quien en mayo de 2020 durante una conferencia con el ministro Juan Cabandié (otro antiminero), se refería a lo que para ellos fue la defensa el agua de Mendoza en diciembre de 2019, cuando se reformó la 7.722 por 10 días.

En esa conferencia dijo que lo que se intentó hacer en Mendoza con la Ley 9.209 era cambiar el régimen de uso del agua en la provincia. Claramente tocar la ley de aguas estaba lejos de considerarse en la modificación que se hizo a la 7.722, ya que estamos hablando de normas distintas. Sin embargo, el sacerdote insistió en repetir esa idea durante su exposición.

Cualquier podría decir que es un caso de ignorancia, pero en realidad no lo es, menos para una persona como Colombo, quien además de cura es abogado. Por lo tanto, sabía muy bien -por sus conocimiento jurídicos- que la ley que se aprobó en ese entonces en la Legislatura no tenía ningún artículo para modificar el régimen de aguas. Sin embargo, el objetivo claramente era seguir instalado una idea que no era tal, ya que en Mendoza nunca hubo un intento de cambiar el régimen del uso del agua que establece que la industria sólo puede usar el 1%.

Es que más allá del momento puntual de las acciones para derogar la 9.209, los antimineros siguen trabajando el resto del tiempo para instalar los discursos y siempre es una buena oportunidad para trabajar en ello.

El activismo contra la minería es constante y se intensifica en períodos como el actual, donde se ve un avance de la política -a través de Ojeda- de volver a llevar el tema a la Casa de las Leyes, con las consecuencias que hemos visto anteriormente.

El trabajo de instalar discursos antimineros ha sido altamente destructivo, tanto así que como dice el geólogo Eddy Lavandaio, incluso se llegó a erradicar de las escuelas la enseñanza en torno a los beneficios de la actividad y del conocimiento de los minerales, cuestiones que eran materia de estudios en el pasado y que lo siguen siendo en otros países o provincias.

A tal punto ha llegado ese mensaje malintencionado que en muchas escuelas de zonas como el Valle de Uco o General Alvear los niños ven a la minería como una sinónimo de muerte. Con ese trabajo, especialmente en las zonas más rurales de la provincia, pretenden obviar la forma en que la industria aportó al avance de la tecnología, de la medicina y la ciencia. Peor aún, pretenden esconder bajo la alfombra que hoy la humanidad tiene una absoluta dependencia de los minerales para poder pensar siquiera en luchas contra el cambio climático. Seguramente dirán que es mentira, que no es así, que hay otras formas, pero nunca se sentarán en una mesa a discutirlas, porque cuando se pasa del discurso a los hechos comprobables, la campaña comienza a mostrar sus debilidades.

No todo lo que brilla es oro

Una cuestión que dejó el viaje de Suarez a Canadá, más allá de los avances para encontrar un socio para PRC, fue la publicitada reunión que sostuvieron con un grupo que trabaja en la extracción de oro sin utilizar cianuro.

De inmediato comenzó a expandirse la idea, pero sin entregar las precisiones necesarias para estos casos.

Lo primero que se debe aclarar, es que la forma de extracción de minerales no es una cuestión que se decida en la mesa de un directorio de una minera, es una cuestión que está condicionada por el tipo de material que se encuentre en un yacimiento. Es decir, dependiendo del material es lo que se puede hacer.

En el caso del cobre. por ejemplo, los sulfuros se extraen mediante la flotación y los óxidos mediante lixiviación.

Hacienda una explicación simple y básica, en el caso del oro la extracción se aplica la cianuración en casos en que el grano de mineral es fino o medio. El método de concentración gravitacional se puede aplicar cuando se trata de granos gruesos. La diferencia entre uno y otro grano se mide en micrones, medida que es una unidad de longitud equivalente a una milésima parte de un milímetro.

Entonces, no se trata de decir que no se puede hacer uno u otro método, sino aclarar que el método a aplicar hoy depende de los factores técnicos y no tiene que ver con una decisión antojadiza, como algunos antimineros comienzan a deslizar.

Por eso, y con esta explicación, queda claro que bajo las condiciones que pone la ley 7.722, serán los mismos yacimientos y su composición los que determinen si se pueden explotar o no en Mendoza.

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