Desafíos docentes en 10 escenarios de la escuela 2021

El colectivo "Argentinos por la Educación" difundió en su informe Radar Educativo este análisis de un docente, Federico del Carpio, en torno a la tarea que les toca este año en la Argentina.

Federico del Carpio

La escuela del 2021 es muy diferente a aquella de 2019 que dejamos tiempo atrás y es aún distinta de la versión 2020 que nos regaló una virtualidad forzada a la que con mayores o menores dificultades nos terminamos adaptando. La actual es una escuela más compleja, más desafiante y repleta de tensiones internas y externas. Desde mi propio ámbito de trabajo, identifiqué varios escenarios en los que nos desenvolvemos día a día los que trabajamos en dicha escuela. Los plasmé en un hilo de Twitter pensando que otros podían sentirse identificados, y no sólo eso sino que muchos colegas aportaron otros escenarios para sumar complejidad al asunto.
Teniendo en cuenta que debido a los requerimientos espaciales necesarios para cumplir los protocolos (distancia de 1,5 m. entre cada banco), cada curso quedó dividido en dos grupos-burbujas (en el mejor de los casos), y que unos asisten a la mañana y otros a la tarde (o bien unos un día y otros otro), estos son algunos de los escenarios del regreso a la presencialidad en 2021:

Escenario #01: el docente está en la escuela y da clases presenciales al grupo 1, mientras que el grupo dos está trabajando desde su casa de manera asincrónica. Este escenario requiere un gran esfuerzo por parte del docente porque implica una doble planificación: una para los que están en la escuela y otra para los que están en sus casas. Y como si ya no fuera suficiente, suele traer aparejado el recorte y la priorización de contenidos, porque las explicaciones suelen darse dos veces, una para cada grupo de manera presencial, a menos que se utilicen otras estrategias (como el flipped classroom) que requieren una producción y tiempo de trabajo muy grande para el docente.
Escenario #02: el docente está en la escuela y da clases presenciales al grupo 1, mientras que el grupo dos está trabajando desde su casa de manera sincrónica. Este escenario es una variante del anterior, una situación de "normalidad" dentro de esta "anormalidad"; la diferencia reside en que todo el grupo está presenciando la clase de manera simultánea. La dificultad más grande para el docente es duplicar la atención, porque tiene a la mitad del curso frente a ella y la otra mitad en la pantalla. El peligro es hacer de esta clase una enteramente expositiva. Pero he visto docentes muy hábiles que plantean trabajos grupales mezclando niños presenciales y virtuales generando interacciones muy fluidas. Por supuesto, requiere al menos de un dispositivo con muy buena conexión para transmitir la clase, con cámara para que se vea a la docente o al pizarrón, y en el mejor de los casos, dispositivos con conexión para todos los alumnos para que puedan trabajar todos juntos.
Escenario #03: el docente está en la escuela y da clases de manera virtual y sincrónica para todo su grupo que se encuentra aislado. Esto ocurre cuando una burbuja tiene un caso sospechoso o confirmado de COVID-19 y no es el turno o día presencial de la otra burbuja del mismo grupo. En parte es un escenario similar al que vivimos el año pasado, pero el docente se encuentra en la escuela, lo que suele traer consigo la complejidad del espacio donde ubicarse para dar la clase o de las intermitencias de la conexión de las escuelas. Algunos plantearon con una aguda mirada por qué el docente no se va a su casa en vez de permanecer en el colegio. Dejando de lado las escuelas que no lo permiten, sucede a veces que esa hora de clase virtual está en el medio de dos clases presenciales que el docente tiene en esa escuela, por lo que se le hace imposible ir y volver a su casa en el tiempo de un recreo.
Escenario #04: el docente está en su casa dando clase de manera virtual, mientras que el grupo 1 de su clase está en la escuela y el grupo 2 está en su casa trabajando de manera asincrónica. Este escenario ocurre cuando el docente está aislado de manera preventiva por haber sido contacto estrecho de un sospechoso o confirmado de COVID-19. Pasa más de lo que se imaginan: puede ser porque dio clase el día anterior en otro grupo de esa escuela donde apareció un alumno con síntomas, o de otra escuela, por supuesto; o porque tuvo una reunión de planificación y un colega dio positivo y se tienen que aislar todos. Encima el grupo 1 y el grupo 2 ya están desfasados en los contenidos que están trabajando, por lo que no pueden tener la clase juntos y hay que planificar por separado para cada uno. En fin, un escenario que recuerda una antigua viñeta humorística que mostraba a los alumnos sentados en sus bancos mirando al docente a través de una pantalla gigante en el lugar del pizarrón. En el mejor de los casos, el docente logra preparar algo que tiene en cuenta que a pesar de no estar él o ella físicamente allí, su grupo de alumnos está reunido y pueden trabajar juntos o manipular material didáctico que está en la escuela. La verdadera complicación para la escuela es que si varias burbujas están sin docente, se requieren muchos preceptores o docentes que estén disponibles para poner un poco de atención sobre los chicos.
Escenario #05: el docente está en su casa dando clase de manera virtual, mientras que el grupo 1 de su clase está en la escuela y el grupo 2 está en su casa trabajando de manera sincrónica. Este es un escenario más simple que el anterior, principalmente en términos de planificación, porque está en la clase el grupo entero. La diferencia es que una parte está junta físicamente en la escuela y la otra no. Lo que se puede hacer aquí depende mucho de la conectividad de la escuela. No es lo mismo tener 30 cuadraditos en la videoconferencia porque cada uno está conectado desde su dispositivo (familiar los que están desde su casa, pero personal los que están en la escuela) que tener sólo 16 cuadraditos, 15 por los que están en su casa y uno extra de toda la clase presencial porque el ancho de banda no sostiene a los quince que están juntos. Además, la posibilidad de este escenario depende de que ambos grupos vayan parejos en el tema que se está trabajando, porque si uno ya comenzó una unidad nueva y el otro sigue en la anterior, hay que pasar al escenario 4.
Escenario #06: el docente está en su casa dando clase de manera virtual, mientras que ambos grupos están también desde sus casas, trabajando de manera virtual y sincrónica. Este es el escenario que conocimos todos el año pasado, aquel en el que cada uno está en su casa y la escuela ingresa al hogar. Ya estamos todos un poco más cómodos acá. Aprendimos nuevas estrategias, conocimos herramientas útiles, tenemos nuestros propios tips para que la clase virtual salga bien. ¿La dificultad de este año? Que puede ocurrir de un día para el otro (y aún en un mismo día). Tal vez el docente ya tenía planeada su clase presencial con sus alumnos de manera presencial y de pronto hay que virtualizar esa clase. Y por supuesto, no se puede hacer exactamente lo mismo en un entorno o en otro, requiere adaptaciones, que implican más dedicación.

Estos seis escenarios son los que ocurren de manera cotidiana en una escuela cuya población cuenta con conectividad y dispositivos para el trabajo escolar, que les han permitido transcurrir el 2020 en una cierta normalidad académica. ¿Pero qué sucede en otros contextos, que de hecho, son más la regla que la excepción? Aquí empiezan a sumarse otros escenarios o, para ser más preciso, se complejizan los existentes.

Escenario #07: Cuando el docente tiene simultáneamente a los dos grupos burbujas del mismo curso, que se encuentran de forma presencial pero en dos aulas separadas y, en el mejor de los casos, contiguas. Si este fuera el caso, se alteran los escenarios anteriores, porque deja de existir la opción de sincronicidad y asincronicidad al mismo tiempo, mientras no se aisle una burbuja, claro. (Pero si una queda aislada y la otra no, esos escenarios pueden replicarse también en este caso). Imaginen el trabajo docente en este escenario. ¿Se queda 20 minutos con un grupo y va 20 minutos con el otro? ¿Va y viene varias veces? Con ese ritmo e intensidad están trabajando algunos colegas.
Escenario #08: Hay escuelas debido al tamaño de las aulas y a la cantidad de alumnos por curso, tuvieron que hacer más de dos grupos-burbuja. Son chicos con presencialidad mucho más baja que cuando sólo hay dos grupos. En estos casos, el docente tal vez tiene a un grupo presencial y a los otros dos de manera virtual, repitiendo los primeros escenarios, pero con este añadido nada menor.
Escenario #09: Existen grupos burbujas en los que uno o más alumnos no tuvieron una continuidad pedagógica deseable y que por esa razón tienen que trabajar contenidos del año anterior, al mismo tiempo que sus compañeros y él o ella mismo/a avanzan con los contenidos del año en curso. Situación similar ocurre cuando hay alumnos de la burbuja dispensados de la presencialidad, ya sea por la convivencia con alguna persona con factor de riesgo o por enfermedades preexistentes. Mirándolo nuevamente desde la docencia, estamos ante docentes que están planificando no sólo para los escenarios mencionados anteriormente, sino que a cualquiera de aquellos, se le suma la organización de actividades para aquellos alumnos que necesitan o reforzar contenidos o tener todos sus contenidos de manera virtual.
Escenario #10: Último escenario y tal vez el más acuciante. ¿Qué sucede si a todos los escenarios antes mencionados les quitamos la disponibilidad tecnológica? Porque convengamos que aún muchos alumnos (y también docentes) no cuentan ni con conectividad ni con dispositivos para transitar este año. Cuando el docente está trabajando en escuelas que reciben a poblaciones en situación de vulnerabilidad social, todos los escenarios se alteran. Lo antes dicho no puede suceder. Y entonces estos chicos dependen de la presencialidad que la escuela les pueda asegurar y de las tareas impresas que se puedan llevar para trabajar cuando les toque estar en sus casas.

Esta extensa descripción de los escenarios, que no es exhaustiva porque deben existir tantos escenarios como escuelas en la Argentina, no es más que un intento de sistematización de lo que estamos viviendo los docentes en el 2021. Por una parte, puede ser de ayuda para docentes que viéndose reflejados en algún escenario, se cuestionen su práctica, imaginen nuevas situaciones posibles, conversen con otros colegas, diseñen alternativas. Esas son las tensiones internas a las que me refería al comienzo.
Pero por otra parte es también un disparador para que familias y funcionarios empaticen con lo que vivimos quienes trabajamos en las escuelas. Allí residen las tensiones externas. Las escuelas entendemos perfectamente que la organización familiar está siendo alterada y en ocasiones se torna caótica, porque tal vez tienen hijos en varios niveles con horarios diferentes. Pero cada escuela está haciendo lo mejor posible para reducir la incertidumbre y ayudar a organizarse mejor. A medida que los casos disminuyan y podamos asegurar más presencialidad, esto se irá acomodando. Es un reclamo recurrente que se suma a la insistencia por mayor sincronicidad. Confíen en el criterio pedagógico de cada docente. No siempre la sincronicidad es lo más adecuado para lograr un aprendizaje duradero y significativo.
Es también un mensaje a los funcionarios, sin distinción, porque a todos los responsables educativos, nacionales y jurisdiccionales les toca una parte. Por un lado, es hora de dejar atrás anuncios anticipando cambios en los protocolos porque confunden a las familias y generan rispideces innecesarias entre escuelas y familias. Y por el otro, el análisis de cada escenario puede conducir a identificar las necesidades de la comunidad educativa para que pueda lograrse una verdadera recuperación de aprendizajes. Descontando las necesarias inversiones en infraestructura y readecuación arquitectónica de edificios escolares, es claro que se necesita conectividad de calidad en las escuelas y dispositivos para alumnos y docentes. Pero también es momento de avanzar en cambios más estructurales, como la concentración de horas en una misma escuela para los docentes de secundario, con tiempo para planificar, trabajar colaborativamente e idear propuestas pedagógicas mucho más potentes.
La escuela que conocimos hasta 2019 tal vez no vuelva a existir. En 2020 aprendimos mucho, incorporando nuevas estrategias y formas de trabajo diferentes, algunas de las cuales permanecerán. Este 2021 nos vuelve a desafiar con escenarios que no estaban previstos. Este escrito fue una invitación a pensarnos y animarnos a problematizar lo que estamos viviendo, con la esperanza de que el 2022 nos encuentre mejor parados. Pero para eso, aún falta mucho.

EL AUTOR. Federico del Carpio es profesor y licenciado en Ciencias de la Educación. Su artículo fue difundido por "Argentinos por la Educación".

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