Desafíos pendientes para las mujeres

"En la actualidad aunque las mujeres hemos ocupado mayor cantidad de puestos de trabajos que hace años, estos en comparación cuantitativa y estadísticamente son peores pagos, de peor calidad, o precarizados, y además necesariamente la mujer debe saberlos complementar con las tareas familiares y domésticas".

María Eugenia Moyano

Desde un conocimiento situado siendo abogada en ejercicio liberal de la profesión desde hace 16 años, y madre de tres hijos, pretendo trasmitir como las mujeres profesionales en general tenemos un desafío muy grande a afrontar en este siglo XXI, quizás de tanta complejidad y dificultad como el que tuvieran nuestras predecesoras al insertarse por primera vez al mercado laboral-profesional en el siglo pasado y por ello he titulado esta columna de opinión como "Desafíos Pendientes".

Los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados constituyen el principal obstáculo, pero no el único, en la trayectoria de miles de mujeres profesionales. Hay otras cuestiones como el ejercicio y maneras del poder y el juego de la meritocracia que también nos afectan en cuanto al acceso a puestos de liderazgos o mejores pagos en cada profesión.

Parto de entender desde la praxis del feminismo social que en nuestra sociedad patriarcal por constitución y funcionamiento milenario, la mujer es erróneamente considerada como aquella que con más y mejores aptitudes en los cuidados reproductivos necesariamente debe ocuparse de ellos en su totalidad o en forma proporcionalmente mayor al hombre que a veces a acompaña o convive con la familia, si esta fuere biparental. Por ello históricamente se le ha delegado la responsabilidad de los cuidados de los niños y niñas, de los ancianos o personas que por algún motivo en cada familia la requieren. En consecuencia la mayor producción de políticas públicas y sociales, han sido individualistas y privativas de una división sexual del trabajo que nos ubica en ese tipo de laborales, o en la obligatoriedad de prever la mejor combinación de tareas productivas-reproductivas en todos los casos.

En la actualidad aunque las mujeres hemos ocupado mayor cantidad de puestos de trabajos que hace años, estos en comparación cuantitativa y estadísticamente son peores pagos, de peor calidad, o precarizados, y además necesariamente la mujer debe saberlos complementar con las tareas familiares y domésticas.

Para un análisis profundo de esta situación que atravesamos las mujeres profesionales, deberíamos analizar en qué áreas del campo ocupacional se insertan mayormente las mujeres, cómo ultilizan sus tiempos, que representaciones o aspiraciones cumplidas y no cumplidas trasmiten, por donde pasan sus criterios de éxito profesional, que relaciones de tiempo hay entre las tareas productivas y reproductivas, etc.., y son estas discusiones las que nos llevaran a un correcto análisis de la tensión poder y meritocracia que nos afectan.

Existe un modelo feminista o con perspectiva de género del ejercicio del poder, y en él hay distintas posiciones como la de que necesitamos tener más mujeres desde lo meramente cuantitativo en posiciones de poder y liderazgo, o que más bien que las mujeres, aunque en menor cantidad deberían tener una perspectiva diferente que interpele el sistema, y abra el juego a las demás de su género. Quienes han tenido la oportunidad en su vida de llegar como mujeres a algún puesto o cargo de poder o decisión relevante, cuantas veces son reproductoras de patrones heteronormativos y patriarcales del ejercicio de ese poder, colaboran en forma pretendidamente imparcial y claramente discriminatoria a poner mayores dificultades de acceso, permanencia y desarrollo de otras mujeres en distintas espacios profesionales, entonces ¿cuál es la solución nos preguntamos quienes después de años de esfuerzo en nuestros trabajos, capacitaciones constantes, perfeccionamiento buscado, sentimos imposible poder siquiera vivir de aquella profesión que elegimos y estudiamos?

Finalmente venimos escuchando del argumento y bandera de la nueva independencia de pensamiento que nos habla de la "famosa meritocracia", argumento recurrente y justificador que permite no desterrar la vieja política de designación a dedo en los cargos calificados sin haber siquiera pasar por un análisis previo mínimo de la idoneidad que ciertas labores profesionales requieren, entre otras cuestiones. El mérito es una cuestión de cualidades académicas mínimas necesarias si nos referimos a cargos o empleos de tipo profesional-calificados, de trayectorias profesionales, de consideraciones que en cada caso deben llevar en paridad en el acceso, a la igualdad no solo cuantitativa entre hombres y mujeres profesionales, sino hasta entre las mismas mujeres que pretenden lo mismo, y que en base a sus capacidades puedan acceder, permanecer y ascender en sus empleos. De otra manera, además de las dificultades propias de compatibilización en las tareas productivas y reproductivas, para nosotras las mujeres profesionales que nos vemos atravesadas por ellos, nos enfrentamos a cuestiones insalvables como lidiar con lo que nuestro género lleva consigo milenariamente y nunca cambio, y con los inaccesos a un empleo profesional digno cuando no es por cuestiones políticas u económicas, es por falta de contactos en ese camino de acceso, el desempleo o la baja remuneración propias, que afectan a todos por igual en las distintas profesiones, pero que para nosotras las profesionales es un "desafío aún más difícil y pendiente".

LA AUTORA. María Eugenia Moyano. Abogada independiente de Mendoza (Matrícula SCJM 6224) Diplomada en Derecho de Familia y Minoridad. Diplomada en Intervenciones en Violencia, y en Género

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