El éxito está en tener un plan para salir de la trinchera

Ya se cumplieron 100 días de cuarentena y pareciera que pasaron años desde que se inició. Nos metimos en una trinchera y aún así hubo demasiados heridos y muertos, por lo que la cavamos más profunda. El problema es que no tenemos un plan para salir.

Han pasado más de 100 días desde que se inició al Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en todo el país y se siente que hace años se inició un camino que nadie sabe cómo ni cuando terminará. Pareciera que fue en otra época cuando estábamos todos de acuerdo con la medida y vivíamos en otro país muy diferente a la Argentina que todos conocemos.

Hoy, en cambio, más allá del nombre que tenga la etapa en la que está cada provincia, estamos antes una sociedad anestesiada que por momentos no reacciona a ningún tipo de estímulo. Una sociedad que vive en un refugio por tiempo indeterminado. Todos los días parecen iguales y ni siquiera los fines de semana son capaces de modificar ese letargo que provoca este proceso.

Al inicio de esta cuarentena la Argentina eligió ingresar a una trinchera en la que se protegió para ver como pasaban las balas. Otros países, como Chile por ejemplo, eligieron quedarse afuera de la trinchera tratando de esquivar las balas. Al principio tuvieron éxito, pero después no lo pudieron sostener y comenzaron a recibir los tiros. En Europa, recibieron los tiros, entraron en la trinchera, salieron y ahora están resistiendo afuera las ráfagas que aún siguen recibiendo.

La Argentina sigue en la trinchera, pero aún allí resultó que se registraron demasiados heridos y muertos. Para que no siga ocurriendo y para cuidarse eligió cavar más profundo. Por ahora no hay ninguna intención, y al parecer, tampoco una idea de cómo salir a enfrentar lo que sucede fuera del refugio. El problema es que allí no podés hacer nada más que esperar y se corre el riesgo de que una vez que ya no se sientan las balas, hayas cavado tan hondo que no tengas las herramientas para salir. En ese momento tu problema ya no serán las balas, sino la subsistencia de tu gente mientras lográs salir de nuevo a la superficie. 

Es cierto que todos los países, en trinchera o afuera, van a recibir un golpe económico muy fuerte, pero hay algunos que ya habrán del refugio y hay otros que antes de meterse estaban en condiciones de resistir y salir en el tiempo indicado.

La Argentina ya venía hundida y ahora que se metió en la trinchera y luego la cavó más profundo, necesitará de un plan muy eficiente e importante para poder salir, lo que seguramente tomará mucho tiempo. Lo que preocupa es que dentro de la trinchera hay algunos que están en los niveles más hondos y si, cuando el país todavía no decidía refugiarse al extremo no recibían lo necesario para vivir, ahora mucho menos. Lo peor, es que ese grupo ha ido creciendo al mismo tiempo que aumentan los días de cuarentena.

Alberto Fernández usa sus filminas para justificar sus medidas y -hoy, porque no sabemos qué pasará mañana- los números indican que en materia sanitaria Argentina está mejor que otros países. Sin embargo, cuando intenta poner al mismo nivel a la Argentina que otros países en crisis, olvida mencionar que esos países -cuyo PBI puede caer lo mismo o más que el nuestro- tiene herramientas para enfrentar la pospandemia y planes para inyectar recursos para reactivar sus sectores estratégicos. Acá, eso está muy lejos de suceder.

Hoy lo sanitario es la única prioridad y en ese sentido el Gobierno -por ahora- puede decir que tuvo éxito. Sin embargo, cuando llegue el momento de enfrentar la pospandemia no podrá seguir repitiendo que la crisis económica es un problema que generó sólo el coronavirus. Cuando veamos que los demás países -incluso algunos que enfrentan una crisis sanitaria tremenda en la actualidad- comiencen una recuperación notablemente más rápida que la de la Argentina, tendrá que darse cuenta que las medidas que eligió cada nación también son relevantes a la hora del impacto y, especialmente, en el tiempo que se extenderán las consecuencias.

Por ahora seguiremos cavando, quién sabe por cuantos días más. Ojalá que cuando se decida dejar de cavar aún podamos mirar hacia arriba y ver la luz del sol.

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