La esperanza: una guía para entender por qué la necesitamos

El autor ensaya sobre la expectativa de que el devenir sea promisorio. Para eso hay un recorrido con distintas esquinas que pueden desviarnos y no lograrlo. Lean por favor.

Por: José Jorge Chade
Educador, analista y escritor

Trataré de hacer un análisis del papel de la esperanza en el bienestar mental para poder descubrir su valor y cómo cultivarla.

La esperanza es la expectativa segura de que un deseo o bien que se hará realidad en el presente o en el futuro.

• Proviene del latín spes, que indica el esfuerzo por alcanzar una meta.

• Es el motor que impulsa a las personas a seguir adelante incluso en tiempos difíciles.

• Nos ayuda a creer que mañana puede ser mejor que hoy.

La perspectiva religiosa

• En la religión cristiana, es una virtud teologal y un don de Dios.

• Nos da la fuerza para caminar hacia el futuro con valentía y confianza.

La esperanza es una emoción muy poderosa. Actúa como una brújula que nos impulsa hacia el futuro, pero también puede convertirse en una trampa si nos aleja de la realidad.

Veamos entonces como podemos comprender las dos caras de la moneda.

El lado positivo (La fuerza que nos impulsa)

El lado positivo de la esperanza es una fuerza impulsora para nuestra mente y nuestro cuerpo.

• Nos da energía: Nos ayuda a levantarnos de la cama incluso en los días más difíciles.

• Crea resiliencia: La resiliencia es la capacidad de superar los momentos difíciles sin rendirse.

• Enciende la creatividad: Quienes tienen esperanza buscan nuevas soluciones a los problemas en lugar de darse por vencidos.

• Es buena para la salud: Reduce el estrés y ayuda al cuerpo a sanar más rápido.

• Une a las personas: La esperanza compartida puede generar grandes movimientos y cambiar el mundo.

Un ejemplo: Imaginemos una semilla bajo la tierra fría en invierno. La esperanza es la fuerza que la impulsa a crecer hacia la luz del sol, incluso si afuera está oscuro.

El lado negativo (la trampa de la espera)

El lado negativo de la esperanza se esconde en la ilusión y la inmovilidad.

• Genera pasividad: A veces esperamos que las cosas cambien por sí solas sin hacer nada para cambiarlas.

• Prolonga el dolor: Nos mantiene atados a situaciones tóxicas o relaciones rotas solo porque "esperamos" que algo mejore.

• Provoca una gran decepción: Cuanto mayor e irreal sea la esperanza, más duele la decepción si las cosas salen mal.

• Nos lleva a escapar de la realidad: Se convierte en una forma de evitar afrontar los problemas del presente.

Un ejemplo: Imagina esperar un tren en un andén donde ya no pasan trenes. Esperar que llegue te mantiene atrapado allí, impidiéndote caminar hacia tu destino.

Esperanza y futuro

La esperanza está ligada a la motivación: si no creemos que el cambio sea posible, no nos comprometeremos con él. La esperanza nos ayuda a alimentar la confianza en nuestra capacidad para cambiar. Consta de dos aspectos muy prácticos: 1. la firme creencia de que podemos alcanzar nuestras metas, y 2. la capacidad de idear estrategias que nos lleven a lograrlas. En cuanto al futuro, la esperanza abre un abanico de posibles escenarios: precisamente porque desconocemos lo que sucederá, podemos tener la esperanza de alcanzar lo que valoramos tomando medidas concretas en esa dirección. En resumen, hay una diferencia entre la esperanza ligada a elementos que escapan a nuestro control y la esperanza relacionada con nuestra vida. Podemos tener la esperanza de que mañana haga sol, pero eso no depende de nosotros. Sin embargo, cuando esperamos que nuestra relación perdure, aunque desconozcamos el futuro, podemos esforzarnos por satisfacer ese deseo. Al igual que el deseo, la esperanza también surge del reconocimiento de una carencia. Pero la esperanza es el siguiente paso después del deseo: implica una fe absoluta en que mi deseo se cumplirá exactamente como lo anhelo.

Construyendo la esperanza

No debemos detestar el concepto de esperanza de entrada. Hay una esperanza personal que tiene sentido para cada uno de nosotros, que respalda nuestra forma de afrontar lo que sucede y sobre la cual sentimos que no tenemos margen de cambio. Si una situación parece desesperada, ¿de qué sirve la esperanza? Si no hay solución a un problema, ¿cómo me ayuda la esperanza? Me ayuda de una manera significativa: me hace sentir bien, optimista y seguro. Y seamos realistas: aparte de un par de casos extremos, ¿cuántas situaciones son realmente desesperadas, sin salida? La esperanza nos ayuda a trazar puertas, ventanas y pequeñas oportunidades donde solo vemos muros.

Con los años se aprende que la esperanza puede ser un rasgo distintivo de los perdedores, pero puede convertirse en una gran aliada. Incluso he descubierto que, más que nutrirse o cultivarse, la esperanza necesita construirse. Cultivamos esperanza cada vez que no estamos conforme con nuestra vida tal como es, pero podemos comprometernos a cambiarla. Cada vez que no dejamos que las experiencias negativas nos endurezcan y nos vuelvan desconfiados. Cada vez que dudamos si podremos levantarnos, pero lo intentamos de todos modos. Cada vez que no nos rendimos ante nuestras sombras y decidimos, en cambio, vivir con ellas en paz. Cada vez que vemos un mundo que no nos gusta y, en lugar de desanimarnos, elegimos confiar en las personas que se esfuerzan por convertirlo en un lugar de encuentro e intercambio positivo. La esperanza se construye dentro de uno mismo. Pero luego debe ser llevada al mundo, para "contagiar" incluso a aquellos que han preferido renunciar a ella. Puede que nos consideren locos, pero aquellos que ya se han rendido y se ríen de nosotros tal vez estén aún más locos que nosotros.

¿Cómo se cultiva la esperanza?

Cultivar este sentimiento requiere un enfoque consciente e intencional. Algunas estrategias efectivas incluyen:

1. Tener metas realistas y alcanzables. Establecer metas realistas y alcanzables a corto y largo plazo puede ayudar a mantener viva la esperanza. Cada pequeño éxito fortalece la confianza en las propias capacidades.

2. Ser positivos. Imaginar escenarios positivos y visualizar el logro de las metas deseadas puede fortalecer la esperanza. Esta práctica ayuda a mantener una perspectiva optimista y a centrarse en lo positivo.

3. Apoyo y sostén social. Rodearnos de personas que nos brinden apoyo emocional y aliento puede fomentar la esperanza. El contacto con personas positivas y solidarias crea un entorno propicio para que la esperanza florezca.

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