Hay gente en su casa que el Gobierno necesita

Sostiene Darío Lopérfido en esta columna: "Se puede ser como Scioli y elogiar estúpidamente al líder o decirle la verdad. Los que queremos que le vaya bien a Argentina tenemos la obligación de hablar con palabras verdaderas".

Darío Lopérfido

Cuesta mucho mantener el optimismo en la situación argentina. El triunfo de Milei despertó adhesión de mucha gente que valora algo que es esencial en la Argentina: la eliminación de áreas completas del Estado argentino que ha sido, casi siempre, una máquina de exprimir a los ciudadanos y una herramienta para enriquecer corruptos.

A muchos nos pareció bien cuando, por ejemplo, se cerró el ministerio de la Mujer, porque era un antro de militancia berreta donde por lo único que llamaban la atención era porque hablaban y publicaban en lenguaje inclusivo, una práctica que resulta un eficaz detector de indigentes intelectuales.

Por eso y porque no servía para nada, para una gran mayoría de las mujeres argentinas, que trabajan duramente y están preocupadas por el futuro de sus hijos, se hace menester celebrar su cierre. Del mismo modo es motivo de celebración el cierre de todos los organismos que representaban la decadencia peronista y eran antros de corrupción.

El tema es que la Argentina es un tema mucho más complejo que esas necesarias medidas. Hace falta coraje y Milei lo tiene, pero también hace falta inteligencia y buena praxis. Tener el discurso correcto es necesario, pero es necesario contar con gente preparada y de un gran nivel para que los discursos puedan convertirse en hechos.

Lo principal es saber manejar las situaciones que se generan en el Congreso, donde hay muchísimos impresentables que pondrán todo tipo de obstáculos para seguir manteniendo el nefasto status quo argentino.

El proyecto de nueva fórmula jubilatoria marca una mecánica conocida. Es verdad que los jubilados merecen ganar mucho más. El tema es que ese proyecto lo votaron los kirchneristas, que son los que destrozaron el sistema previsional. Desmantelaron el sistema privado para manotear ese dinero por iniciativa del delincuente de Amado Boudou.

Luego incorporaron jubilados sin aporte, con lo cual destrozaron los ingresos de los jubilados con aportes. Esa gentuza K ahora dice defender a los jubilados después de esquilmarlos. No les interesan los jubilados, les interesa disparar sobre el déficit cero, que es el gran objetivo de estos primeros meses junto a la baja de la inflación.

La votación contó con el voto de los radicales que desconocen el principio básico de la política sana argentina: nunca hay que coincidir con los kirchneristas. También votaron muchos de los mini bloques que hay en la cámara.

Mientras tanto, los diputados se aumentaron el sueldo y tuvimos la desgracia de escuchar a gente como Pichetto defendiendo con énfasis las jubilaciones de privilegio. Con el mismo énfasis (los memoriosos recordamos) que hablaba en contra del proyecto de extinción de dominio, un proyecto que, entre otras cosas, apuntaba a recuperar bienes obtenidos por delincuentes a través de la corrupción.

El proyecto perdió estado parlamentario por no tratarse y hoy los corruptos (miles durante los años kirchneristas) pueden disfrutar de los bienes obtenidos gracias a la corrupción descomunal de esos años.

El tema es que esos son los legisladores que existen y para evitar que te hagan goles no alcanza con enojarse: hay que ser más astutos que ellos y anticiparse a sus malas decisiones.

El gobierno viene perdiendo con la Ley Bases y muchos legisladores aprovechan para hacer tiempo.

Los que quieren presentar dictámenes propios para modificar la ley están haciendo tiempo. En la emergencia en la que está el país, lo lógico es darle al gobierno la herramienta legal que necesita, y una vez sancionada, presentar proyectos propios sobre el tema que deseen.

El gobierno debe evitar por todos los modos la imagen que tiene riesgo de consolidar: la de las buenas ideas y muy mala gestión para ponerlas en prácticas.

Cada tanto surgen personajes como Leila Gianni, que apareció esta semana como personaje importante del ministerio de Capital Humano. Nos enteramos, luego, que la tal Leila se había tatuado un pingüino (por Néstor) y que pertenecía a la agrupación de Cabandié.

Formó parte del gobierno de Alberto Fernández en el ministerio que comandaba Cabandié, que llegó a ministro luego de muchos cargos y nunca supimos que haya hecho algo productivo.

Lo que sí sabemos es que construyó una carrera política a partir de ser hijo de desaparecidos. A Leila también se la vio posando en fotos, haciendo de cuenta que leía un libro de Perón llamado Conducción Política (¡qué gran detector de imbecilidad ese libro!). Una típica frecuentadora de unidades básicas con especial predilección por los dineros estatales.

¿De verdad Milei piensa que se puede cambiar el país con gente que representa las ideas responsables de la decadencia argentina? En la última elección, esta señora había posteado "No hay imposibles para Dios. Con la Virgen de Luján a tu lado, futuro Presidente. Fuerza compañero, Sergio Massa". Si no fuera tan patético sería desopilante.

Otro personaje que apareció por estos días fue Daniel Scioli, que empapó las medias de Milei diciendo: "Si esto sigue así, a Milei le van a tener que dar el Nobel de Economía". Yo me pregunto: ¿decir idioteces es una condición necesaria para estar en un gobierno? Scioli es un especialista en decir cosas insustanciales y hay que alertar al presidente acerca de Scioli, empapador serial de las medias de Menem, Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner, y de Alberto Fernández.

¿De verdad alguien piensa que la necesidad imperiosa de pensamiento y de calidad de gestión puede llegar con los Scioli, las Gianni y todos los peronistas que tienen cargos importantes después de haber pasado por todos los nefastos gobiernos K?

Argentina necesita el éxito de Milei y de sus reformas. Ese éxito no llegará de la mano de gente que le quiere poner garra, pero que no le da el nivel. Lo único serio que hay en la Argentina está del otro lado del peronismo, es decir, el PRO y aledaños.

Los verdaderos halcones que saben de gestión están ahí. No hay más gente que esa. Solo como ejemplo es bueno recordar que gente como María Eugenia Talerico y Javier Iguacel parecía que iban a estar en la gestión y quedaron afuera.

Gente de ese nivel solo está en el PRO y en lugares independientes. El gobierno actual pone funcionarios kirchneristas y el kirchnerismo lo quiere voltear en el Congreso. El PRO es el único partido que lo apoya y tiene gente de gran nivel que está en su casa.

El gobierno debe entender que las áreas donde le va bien son áreas donde hay gente que entiende de lo que habla como Toto Caputo, Bullrich, Mondino o Petri. Recién ahora tiene un Jefe de Gabinete con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que tiene experiencia como Francos. Seis meses perdidos en un lugar clave como ese.

En todo lo demás hay un amateurismo que da miedo y el Estado Argentino es enorme y es un mar lleno de tiburones.

Decir las cosas es la mejor manera de contribuir al programa de reformas que encarna Milei. Ir a Silicon Valley, dar entrevistas en medios internacionales y tomar la posición correcta en temas como el apoyo a Israel es muy bueno. Pero el éxito o el fracaso de Milei dependerá de cómo le vaya en Argentina.

Hay mucha gente pasándolo mal como para dejar los asuntos importantes en manos de amateurs.

Se puede ser como Scioli y elogiar estúpidamente al líder o decirle la verdad. Los que queremos que le vaya bien a Argentina tenemos la obligación de hablar con palabras verdaderas.

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