Por una escuela sin estrés

El aporte del Prof. José Jorge Chade al debate de los temas educativos y la escuela.

José Jorge Chade
Presidente de la Fundación Bologna Mendoza

En una fábula de Leo Lionni, llamada "Federico" (2012), el autor habla de un ratón no muy bien visto y también reprochado por todos, porque a diferencia de los demás ratones que trabajan duro para acumular frutos y palitos para el invierno, Federico permanece mirando encantado la naturaleza y contempla las flores, las hojas y los árboles con sus colores y extasiado mira el baile de las nubes en el cielo.

Hacia mediados del invierno se empiezan a quedar sin comida. Los ratones, apiñados, no saben cómo pasar esos momentos de hambre y frío.

Federico, entonces, comienza a contar las historias e imágenes que ha acumulado en su mente, mientras lo único que recibió en aquel momento fueron miradas de culpa.

Las palabras de Federico ahora, calientan el corazón, alimentan el alma y traen alegría.

Los ratones sólo desean ahora agradecerle al unísono. Federico responde: "No quiero aplausos, no merezco laureles, básicamente cada uno hace su trabajo".

Hay algo en esta fábula que nos permite repensar el arte de enseñar y aprender dos acciones que tienen lugar en un mismo espacio relacional: físico, mental y emocional. Cuando no nos sentimos bien en estos espacios, surge el estrés.

Con demasiada frecuencia intervenimos demasiado en la relación enseñanza/aprendizaje para que las cosas funcionen como lo hemos preestablecido en nuestra cabeza o para respetar programas y horarios (a veces muy rígidos) establecidos desde afuera. Esto también genera estrés.

Sin embargo, cuando partimos de la conciencia de que cada uno hace lo mejor que sabe en ese momento, todo armoniza. Tal como sucede en el cuento de Lionni.

La escuela, sea cual sea: estatal, municipal o privada , tiene la tarea de mostrarnos la dimensión al plural de la existencia: donde cada niño o joven puede sentirse único y no parte de un rebaño, donde pueda reelaborar lo que ha aprendido con diferentes estrategias e interpretaciones personales.

Es el propio John Dewey en Democracia y Educación (1992) quien nos dice que cuando se proporcionan condiciones que estimulan el pensamiento y se crean relaciones constructivas y cooperativas, se promueve el aprendizaje.

Para lograr todo esto, una opinión muy acertada y que me gusta mucho de la colega de Milán, Giuditta Mastrototaro, psicopedagoga, dice así "se necesita un enfoque pedagógico diferente: donde realmente sea posible dar tiempo a cada persona para que respete su propio tiempo, donde la relación con el educador, maestro o profesor sea individual además de la colectiva del grupo clase y donde el espacio está diseñado para ofrecer experiencias de aprendizaje a realizar de forma independiente, capaces de promover la autoevaluación y la metacognición del propio proceso de desarrollo y aprendizaje.

Debemos procurarnos una escuela en la que cada niño y joven pueda aprender a través del autoaprendizaje y el coo-aprendizaje, y no sólo mediante el hetero-aprendizaje directo. Sin olvidar el papel que tiene el juego en cada grupo de edad, desde los juegos de simulación en los primeros años de vida hasta los juegos de rol cuando son mayores.

Recordemos siempre que los estudiantes no aprenden de los manuales sino del modelo que los adultos somos capaces de transmitir en la forma en que vivimos, trabajamos, discutimos e investigamos juntos."

Así, el propósito de la enseñanza no es producir aprendizaje sino producir condiciones de aprendizaje. En mi opinión, sería bueno continuar con el enfoque pedagógico de las inteligencias múltiples. En este sentido habría una escuela formada por talleres y laboratorios donde el profesor está detrás de sus alumnos, no delante de ellos.

De esta manera, los niños y jóvenes influyen en la experiencia docente educativa en lugar de ser influenciados por ella.

El papel del docente en esta perspectiva cambia. El maestro ya no es quien dicta los mismos tiempos para todos sino que crea empoderamiento y se convierte, como decía el filósofo Sócrates, en una partera espiritual, capaz de sacar a relucir el potencial de sus alumnos. El docente no es otra cosa que el intermediario que crea ese puente entre el saber, el saber hacer y el saber ser.

Sócrates también nos dice que en la formación docente hay una relación con el vacío, con la experiencia de los límites, con la caída y con las infinitas preguntas.

Es precisamente cuando llega ese momento en que el maestro siente que su voz se vacía y que sus alumnos ya no lo siguen, que se necesita el coraje de mirarlos a los ojos y redescubrir la relación con ellos. Empezar de nuevo desde este tropiezo.

En nuestra sociedad actual todo el mundo tiene la presunción de criticar a los maestros, incluso aquellos que nunca han enseñado.

¡No se puede enseñar y no se puede aprender si no existe un clima de confianza y responsabilidad mutua entre toda la comunidad educativa!

Educar es un arte en el que contribuyen no sólo los maestros sino también los padres, los pedagogos, las estructuras educativas y la sociedad en su conjunto. Todas las experiencias contribuyen a la educación. Educar es una apuesta de futuro.

Cada día muchas emociones, sentimientos y necesidades se mezclan en una circularidad contagiosa.

Por eso es importante cuidar las relaciones ,porque, tanto quien enseña como quien aprende trabaja con sus propios sentimientos, con su propia vulnerabilidad y falibilidad. Un educador debe ser primero que nada un experto de la relación. En esencia, un camino que no puede ser lineal sino que está formado por retrocesos y nuevos equilibrios.

El proceso educativo debe realizarse siempre cuidando el respeto de los tiempos y de los ritmos individuales de cada educando. (No sólo en la escuela...también dentro de la familia.) Sin relación y afectividad no puede haber aprendizaje significativo, sólo puede existir el miedo a equivocarse, la ansiedad, el abandono y el sufrimiento emocional. La comprensión, la capacidad de entender al otro es la llave que abre la puerta al respeto mutuo y crea ese clima fértil para todo proceso de crecimiento, desarrollo y aprendizaje.

Bibliografía para mayor información

Dewey, J. (1992). Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación (E. Agnoletti, P. Paduano, Trad). Milán: La Nuova Italia.

Edwards C., Gandini L., Forman G. (2017). Las cien lenguas de los niños" El enfoque de Reggio Emilia sobre la educación infantil. Ediciones juveniles.

Gardner H. (2005). Educación y desarrollo de la mente. Inteligencias múltiples y aprendizaje. Milán: Feltrinelli.

Gordon, T. (2013). Profesores eficaces (N. Lilla, Trad.). Florencia: Giunti

Hart, S. Kindle Hodson, V. (2014). En la escuela con empatía. Enseñanza y aprendizaje basados en las relaciones (F. Rossi, Trad.). Reggio Emilia: Ediciones Esserci.

Lionni, L. (2012). Federico. Milán: Babalibri.

Mastrototaro, G. (2015). Nacer y crecer a la luz de la educación empática. Milán: streetlib.

Montessori, M. (1992). Cómo educar el potencial humano. Milán: Garzanti Editore.

Steiner, R. (2013). Arte de educar, arte de vivir: fundamentos de la pedagogía (L. Diena, Trad.). Milán: Rudolf Steiner.

UE- El nuevo Marco de Compensación de Vida para Personal. Competencia clave social y aprender a aprender (2020).

Vygotsky, LS (2006). Psicología pedagógica: manual de psicología aplicada a la enseñanza y la educación (M.S. Vegetti, Trad.). Trento: Erickson.


Esta nota habla de: