No lo soñé...
El autor reflexiona sobre la movilización de un millón de personas al velorio del emblemático músico Indio Solari y el desdén mal disimulado del Gobierno nacional a esa manifestación popular.
Devociones populares, actos multitudinarios, festejos en conjunto, llorar abrazados a desconocidos con los que nada nos debería unir pero estamos unidos. "La argentinidad al palo" debe tratarse de algo de todo esto. Algo que ocurre por estos lados. Algo que no necesita explicaciones. Ni Los Ramones, ni los Rolling Stones entienden lo que pasa. Pero cuando hacen sus recitales en suelo argento, ocurren cosas que desbordan lo musical. Y son cosas buenas. Es algo que solo disfrutan en este rincón del planeta.
Casi un millón de personas sorprendía a la Argentina despidiendo al Indio Solari. Nadie convocó, no había nada para ganar ni para perder. No hubo heridos, no hubo desmanes, no hubo escándalos. Fue una expresión del más genuino afecto y agradecimiento.
Los tiempos que estamos viviendo se han empecinado en convencernos que solo lo utilitario es valioso. Que todo es medible en monedas. Y si no tiene precio, carece de valor. Y, también, hay un grupo de tipos autopercibidos imprescindibles, que quieren que nos convenzamos que todo lo bueno que nos identifica y nos hace sentir cercanos es expresión de decadencia. Por ese lado es por donde fue nuestro gobierno nacional. Quiere que interpretemos como lumpen, marginal y decadente una reunión de un millón de personas genuinamente afectadas por la muerte, como en otros momentos lo estuvieron afectados por la alegría.
El Gobierno nacional volvió a perder una oportunidad de mostrar algo tan simple y humano como es la cercanía y empatía con una parte importante de la sociedad. No lo entienden. Nunca lo van a entender porque están empecinados en gobernar un país que detestan. Lo han dicho en centenares de oportunidades. Seremos Alemania, seremos Irlanda. Seremos cualquier otro país menos este.
No se trata de compartir gustos musicales, afinidades ideológicas ni posiciones políticas. Sin embargo, una vez más, han impuesto las diferencias políticas por sobre la sensibilidad humana.
Desde el Gobierno Nacional llegaron explicaciones forzadas, innecesarias, argumentos desconectados de la realidad cotidiana de millones de argentinos. Deben estar por ahí los motivos para que lo abyecto que vivimos a diario, se nos ofrezca como virtudes a las que han disfrazado de austeridad.
Este año, el presidente viajará a los festejos del 4 de Julio, día de la Independencia de los Estados Unidos.
Este año, se ha suspendido el desfile del 9 de Julio, día de la Independencia Argentina. Razones de austeridad presupuestaria así lo indican. Porque cuando todo lo malo pase, volveremos a festejar nuestra independencia. Por ahora, festejamos la i dependencia de otro país. Individuales. Desconectados. Cada uno en su casa. No hacen falta esas costumbres antiguas, pueblerinas, con fiestas en las escuelas, asados comunitarios, empanadas y desfiles militares y escolares en la calle principal.
Por estos mismos días, otro episodio nos está perforando las sensaciones hasta hacernos llegar al desamparo. Las explicaciones sobre el patrimonio y las declaraciones juradas de importantes funcionarios nacionales se demoraron mucho más de lo razonable. Y cuando por fin llegaron, han puesto un manto de oscuridad a la casi nula credibilidad que podía ir quedando. La imagen pública de quienes habían llegado prometiendo transparencia está mostrando todas las grietas. Los escombros y rajaduras se han hecho difíciles de disimular.
Porque la realidad nos muestra que mientras las cosas no avanzan para la mayoría, las pocas que avanzan parecen hacerlo solamente para unos pocos. Y entonces, como si nadie lo hubiera previsto, como si hubiera nacido producto de casualidades tempranas, apareció la llamada "Ley de Inocencia Fiscal". Fue presentada como una herramienta creada para que los argentinos regularizaran sus ahorros y, en conjunto, con el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros, podamos fortalecer la economía nacional. Sin embargo, terminó convirtiéndose en un refugio para funcionarios y familiares de funcionarios que, al adherirse a sus beneficios, dejaron expuestas contradicciones evidentes entre sus declaraciones públicas y sus situaciones patrimoniales.
Lo que debía ser una herramienta para la ciudadanía, terminó transformándose en una confesión colectiva de irregularidades. Más de medio centenar de legisladores y funcionarios nacionales encontraron en esa norma una salida a la medida de sus entuertos. Hasta el funcionario responsable del organismo encargado de evitar evasiones impositivas y controlar el cumplimiento tributario, se anotó en la lista de beneficiarios de las excepciones a los evasores. Mientras persiguen y embargan cuentas a los que por la caída de la economía, no pueden estar al día, con el organismo que dirige un evasor.
Y como ya lo sabemos, ya lo hemos visto, ya lo hemos experimentado en las mismas situaciones empujadas por otras caras, estos toboganes generan más preguntas que respuestas. Porque nunca estuvo en los objetivos de quienes los diseñaron para traer luz a la penumbra. Su única finalidad siempre fue una salida rápida y pasemos a otra cosa.
No lo soñé.
No lo soñó el Indio cuando escribió aquella canción que hoy resuena como una descripción involuntaria de la Argentina actual. Tampoco lo soñaron millones de argentinos que votaron con la esperanza de que las viejas prácticas quedaran atrás.
No soñamos que quienes prometían terminar con los privilegios terminarían justificándolos.
No soñamos que quienes venían a combatir la casta terminarían pareciéndose tanto a ella.
No soñamos que una simple declaración jurada presentada a destiempo, nos hiciera tener que analizar una sarta de estupideces y de fantasías propias de un mitómano y delincuente como Manuel Adorni, en medio de la inauguración de un Mundial de Futbol, especulando con que la atención pública esté puesta en otro lado.
Ya no podemos tolerar a funcionarios como Adorni ni a una clase dirigente que lo sostiene y defiende.
Las explicaciones de Adorni han terminado contradiciendo sus propias declaraciones anteriores, realizadas en redes sociales, entrevistas y hasta frente al Congreso de la Nación. Y no lo soñamos.
Nadie lo soñó. Es una pesadilla que está ocurriendo en este momento, mientras estamos despiertos y la realidad nos sigue cacheteando con el sistema de salud deteriorado, jubilados que después de toda una vida de trabajo sobreviven con ingresos que apenas alcanzan para subsistir y familias que hicieron enormes sacrificios esperando una mejora que no llega. Y la sociedad, que observa cómo el esfuerzo siempre recae sobre los mismos.
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Este año no habrá desfile por el Día de la Independencia. No se puede. Los miembros de las fuerzas armadas han sido autorizados a trabajar de Uber, a hacer delivery, mensajería y otras actividades por el estilo. Les hemos otorgado sus correspondientes Certificado de Pobreza y Decadencia. No podemos perder tiempo con desfiles que solo producen gastos. Hay que trabajar y dejar el cotillón y esas otras cosas para cuando seamos un país como corresponde. Como los del primer mundo. Como los que sueñan los que diseñaron la "Ley de Inocencia Fiscal", por ejemplo.
Por eso resulta imposible no preguntarse qué pensarían aquellos hombres que imaginaron una patria libre y soberana. Aquellos que soñaron con una nación capaz de ofrecer dignidad y oportunidades a sus habitantes.
Seguramente no imaginaron una Argentina donde la honestidad se convierta en discurso mientras las excepciones benefician a quienes gobiernan.
Seguramente no imaginaron una dirigencia convencida de que los ciudadanos no ven, no recuerdan o no comprenden.
Pero los argentinos sí vemos. Sí recordamos.
Y por eso podemos decir, con absoluta certeza, que todo esto que estamos viviendo...No lo soñé.
Está ocurriendo en tiempo real. Y por más que intenten distraernos y confundirnos, es lo que tenemos que cambiar.