A descongelar la minería argentina y arrancar con los grandes proyectos

No alcanza sólo con el potencial, la Argentina necesita otros incentivos para generar confianza. Un ejemplo claro y el camino que debemos recorrer.

Desde que se conoció la figura del Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones, RIGI, hubo decenas de evaluaciones e interpretaciones de la norma. En el caso de la minería, hubo decenas de declaraciones y artículos insólitos, asegurando que sin el incentivo el sector crecía y sacaban cuentas que resultaban por lo menos curiosas.

Lo cierto es que en la Argentina hoy tenemos frenadas las grandes inversiones que se necesitan para el desarrollo de proyectos mineros importantes, como es el caso de Josemaría en San Juan. El país no genera confianza y necesita de medidas concretas para que haya mayor certidumbre o atractivo para se inyecten importantes cifras de dinero que hoy no están viniendo.

Quizás el proyecto de cobre sanjuanino es el mejor ejemplo para reflejar por qué es necesario el RIGI. La compañía propietaria del proyecto (Lundin Mining) condicionó -en su momento- la inversión de más de US$4.000 millones a la búsqueda de un socio para arriesgarse a traer ese monto a la Argentina. Sin embargo, la misma compañía no dudó en destinar US$1.350 millones a la compra del 70% del proyecto de cobre Caserones en Chile, monto que desembolsó entre marzo del año pasado y junio del 2024.

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Claramente invertir en minería hoy en Chile más seguro que en la Argentina. Esto no se trata de una cuestión de potencial, porque hablamos de proyectos de clase mundial, pero el vecino país tiene la seguridad que no se encuentra acá en todos los sentidos, desde los económicos a los jurídicos.

Entonces, y si dejamos que todo siga igual, las inversiones van a seguir a la espera. Mientras la macroeconomía no se ordene y funcione de otra manera, necesitas de incentivos para atraer inversiones en un mercado donde hay una alta competencia y que -en los últimos años- tiene menos recursos disponibles para el desarrollo de proyectos.

Además, tal como está pensando Mendoza con su impulso a la exploración minera en Malargüe, el Ejecutivo ve en la actividad minera un motor de desarrollo muy relevante, dentro de las pocas actividades que son multiplicadoras de dólares y que pueden cambiar el panorama si se concretan las inversiones. Recursos que están a la espera de señales de algo nuevo que permitan volver a confiar en la Argentina.

Si bien el país, a partir del boom del litio y los proyectos de cobre que tiene en distintas etapas de desarrollo, se volvió más atractiva para la inversión minera, tiene un largo camino que recorrer en todas las etapas para pensar en ser un país minero. Para eso, el RIGI -y esperando que se conozca la letra chica- puede ser una herramienta importante para dejar de proyectar y comenzar a concretar la idea.

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