Impacto psicológico de la pandemia: San Luis y su "Guerra mundial Z"

Por más que hoy quienes empujen las decisiones sean las víctimas de las decisiones de los gobernantes, como es el caso de los productores frente a las arbitrariedades de San Luis, es la dirigencia política la que tiene que hallar el eje, el centro, el punto de equilibrio. Sin exagerar, sin esconderse, sin esquivarle al bulto de tener que actuar.

Pasan cosas inexplicables en materia institucional y política. No solo eso: cuando la política a sido siempre la forma de encontrarle solución negociada a los problemas, ahora éstos parecen acumularse en una larga fila a la espera de que alguien los atienda.

La Argentina no está consiguiendo mostrar que puede afrontar la pandemia de coronavirus covid-19 en todas sus dimensiones, además de la sanitaria y que por lo tanto, tampoco puede diseñar un plan para enfrentar la pospandemia.

La situación parece haber contagiado a todos, porque nadie muestra un horizonte posible. Todos se lanzan golpes en medio de una oscuridad densa y quedan abombados, sin posibilidad de encender un candil que ilumine algún camino.

¿Es posible que la pandemia esté causando efectos psicológicos ya no solo en una sociedad que habla todo el tiempo en forma contradictoria y con mucho hartazgo? ¿O esta percepción es uno de los posibles espejismos de siete meses de seguir un monotema y no hallarle una superación?

Hay cuestiones relevantes que llaman la atención en torno a la pandemia y cómo golpea a la Argentina y uno de los datos más fuertes es lo que pasa con San Luis y el resto del universo, pero también hacia su propio interior.

Allí el Gobernador a diario habla con la gente masivamente y mete miedo, acusando al resto del país de poder acceder con el virus y contagiarlos a todos. En una especie de versión berreta y vernácula de "Guerra mundial Z", el gobierno puntano cierra los límites a los que llama "frontera" e impide lo básico: libre circulación, transporte de alimento, producción agrícola y ganadera, control de bienes privados.

Lo hace contra la Constitución Nacional y quienes reaccionan son los ciudadanos, no las instituciones.

Pero no solo eso. Hacia adentro, igual: hay barricadas entre municipios y es la gente la que cobra protagonismo derribando los terraplenes, muchas veces en la búsqueda de ser atendidos por algún médico en la localidad vecina. Mientras por la siesta tiran abajo los obstáculos que impiden circular, por las noches los policías los vuelven a colocar. 

San Luis pudo construir un Cabildo trucho en La Punta, tener dos autódromos sin estar en la agenda automovilística o dos estadios sin tener equipos de fútbol en Primera, y hasta pintar de colores cada poste de luz en las autopistas, muchas de las cuales no llevan a ninguna parte. Pero no tiene personal sanitario ni camas suficientes para atender lo central: la salud de sus habitantes. Ahora empieza a quedar en superficie la verdad, bien lejos del mito o el relato construido durante décadas por una misma familia en el poder.

Podríamos hacer un mismo repaso por múltiples situaciones que se van dando el abatatamiento mendocino, que no logra avanzar con ninguna reforma de las que se propone, pero se plantea como "la tierra prometida" o "la Uruguay interna" para atraer a ejecutivos y empresas en pánico por todo lo que representa la bomba de tiempo del conurbano bonaerense en y su efecto pinzas junto al gobierno nacional contra la Ciudad de Buenos Aires.

O de la avivada de avanzar sobre otros poderes de parte del gobierno nacional, en medio del aplastamiento que implica el impacto múltiple, en el cuerpo, el bolsillo y las cabezas de los argentinos una situación descontrolada en el manejo de la pandemia y la ausencia de un rumbo en la gestión de la economía, signada por el "vamos viendo" permanente y una especie de rayuela en reversa sobre lo que habría que hacer.

Es un momento crítico y particular. Probablemente, de esos en los que se requiere más claridad de quienes ocupan protagonismo dirigencial. Las confusiones van confluyendo y consiguen que cada debate se haga trizas antes de llegar a alguna conclusión constructiva. 

Y por ello, también, en donde el ejercicio ciudadano requiere de normas sólidas y permanentes que respetar: todos tenemos que saber qué se puede hacer y qué no para conseguir una convivencia acordada con el menor perjuicio posible.

Por más que hoy quienes empujen las decisiones sean las víctimas de las decisiones de los gobernantes, como es el caso de los productores frente a las arbitrariedades de San Luis, es la dirigencia política la que tiene que hallar el eje, el centro, el punto de equilibrio. Sin exagerar, sin esconderse, sin esquivarle al bulto de tener que actuar.


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