El kirchnerismo en su peor momento

El periodista Carlos Abel Suárez analiza el resultado electoral para el kirchnerismo. El miembro del comité de redacción de Sin Permiso ofrece una visión compleja sobre el panorama político en Argentina.

Carlos Abel Suárez

Tras una campaña electoral caracterizada por la ausencia de ideas y abundancia de grotescos, la estrepitosa e inédita derrota del peronismo, a lo largo y ancho del país, particularmente en lo que han sido sus bastiones desde el regreso de la democracia en 1983, provocó una grave crisis política.

La pandemia había puesto en duda la realización de las PASO (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), que originalmente estaban programadas para agosto. Luego de idas y venidas, entre el oficialismo y oposición, se acordó su postergación al 12 de septiembre último y las elecciones de medio termino se pasaron de octubre al 14 de noviembre.

La coalición oficialista definió una única lista de candidatos a la usanza del peronismo, por lo que sólo competían por candidaturas y en algunos distritos electorales, los partidos opositores.

La sorpresa fue mayúscula. Todas las encuestas advertían que los números no andaban bien para el gobierno, pero esperaban un triunfo ajustado en el conurbano bonaerense, la madre de las batallas, el histórico fuerte del peronismo en todas sus variantes. Sucedió que el oficialismo perdió unos 5 millones de votos con relación a las PASO de 2019. Tal diferencia, aunque se trate de un simulacro, provocó desde la madrugada del lunes 13 un terremoto político, que habría encontrado un equilibrio precario, con daños todavía no contabilizados, luego de cinco días de peleas y negociaciones, algunas a voz cantante.

Hay un apotegma en la mitología del peronismo que dice que todo puede ser perdonado menos la derrota. Pasadas las primeras horas de estupor, comenzó la búsqueda del culpable. El presidente Alberto Fernández en un improvisado discurso dijo esa misma noche que si se habían cometido errores iban a ser revisados y corregidos. La vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), que compartía el escenario no pronunció palabra, pero su rostro y su gesto hacia la principal candidata en la lista de la provincia de Buenos Aires (que responde a Alberto Fernández), dijeron mucho.

A las pocas horas se conoció una carta de CFK dirigida al presidente, ampliamente difundida por las redes y los medios de comunicación del Estado, recordándole que ella lo había puesto en ese cargo. Resumiendo, le pasa factura por la derrota, y en términos imperativos le pide una rectificación del rumbo, recordándole que, en una charla privada, ya le había sugerido reemplazar al jefe de Gabinete, al tiempo que proponía un candidato en su reemplazo. Simultáneamente todos los ministros y funcionarios que responden a la Cámpora, la agrupación dirigida por su hijo Máximo, presentaban su renuncia. De ese modo, con esa suerte de ultimátum, la coalición que unificó al peronismo y ganó las elecciones de 2019 quedó colgada de un hilo.

A diferencia de otros tiempos, la calle no fue noticia. El Movimiento Evita llamó a una marcha hacia la Plaza de Mayo en apoyo del presidente, pero rápidamente fue desactivada.

Alberto Fernández, tras negociaciones con su equipo leal, designó un nuevo gabinete, advirtiendo que era de transición para enfrentar la coyuntura hasta las elecciones. Cotejando la trayectoria de los flamantes ministros con el tono y contenido de la carta de CFK, la crisis política parece haberse saldado con una rendición del presidente. La serie Borgen quedó opacada si la comparamos con la intimidad del poder político argentino durante los últimos meses.

Del viejo gabinete sobrevivieron muy pocos aliados de Alberto Fernández. Su vocero, que había sido acusado directamente por CFK de operaciones de prensa en su contra, renunció. El jefe de gabinete, Santiago Cafiero, también un blanco de Cristina, fue trasladado a Cancillería, dejando en el aire al canciller Felipe Solá que estaba en México por pronunciar un discurso en la reunión de la CELAC. Quedaron confirmados todos los ministros que responden a CFK y se agrega como jefe de Gabinete, Juan Manzur, el candidato de Cristina, actual gobernador de Tucumán y ex ministro de Salud. Un personaje destacado por sus vínculos con la Iglesia, antiabortista a lo Trump, y uno de los hombres más ricos de su provincia. También se incorpora como ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, quien fuera jefe de Gabinete en el anterior gobierno de CFK, y uno de los padres de la derrota de 2015 cuando fue candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, mientras que Julián Domínguez, hombre del Opus, retorna al ministerio de Agricultura y Ganadería.

La rosca política se olvida de estos números

El salario real está en su registro más bajo desde la última década. La inflación anualizada supera el 50 por ciento, licuando salarios, jubilaciones y pensiones, aumentando inusitadamente la pobreza e indigencia. La pandemia profundizó un proceso de estancamiento económico de diez años, una década donde el PBI per cápita cayó un 15%. A la salida de la crisis del 2001, la mayor de la historia argentina, los subsidios focalizados alcanzaban a 2 millones de personas, ahora son 22 millones quienes reciben algún tipo de asistencia del Estado. Durante el kirchnerismo, terminado el ciclo del boom de las materias primas, se disparó la pobreza, aunque se pretendió tapar interviniendo el INDEC y adulterando las estadísticas. Luego pegó un salto con la devaluación del entonces ministro de Economía Axel Kicillof, se agravó durante la horrible gestión económica de Mauricio Macri y sigue en franco aumento en los dos últimos años.

Este balance tan desastroso, al que se pueden agregar numerosos datos, no fue leído bien por el gobierno, ensimismado en la política de maniobras, calculando que la capacidad de administrar la pobreza en el conurbano bonaerense - a lo que se va reduciendo la gestión del peronismo - era suficiente para salir airosos de la elección de medio término. No repararon en algo que sí medían bien las encuestas que es al grado de rechazo, de imagen negativa, que acumulan la mayoría de los dirigentes, oficialistas y opositores.

Otras lecturas de las PASO

La baja participación, el 62%, con relación a las PASO precedentes donde la concurrencia fue mayor, alcanzando el 74,91% en 1975, más el voto en blanco, que superó la tasa habitual en algunos distritos electorales, permite especular sobre su posible participación en noviembre y, en tal caso, en qué medida modificar los resultados finales. Sin embargo, son conjeturas, que difícilmente podrían cambiar los números determinantes.

Es importante destacar que, de repetirse los números de las PASO en las elecciones de noviembre, la izquierda podría superar el millón de votos y elegir cuatro diputados. Esta posibilidad está abierta en tanto se desgrana el voto de trabajadores y trabajadoras que tradicionalmente se canalizaban al peronismo. Podrían repetirse casos como en Jujuy donde un obrero, candidato del FIT, alcanzó el 23 por ciento de los votos.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) una parte del voto bronca o antipolítico fue captado por un personaje extravagante, Javier Milei, autodefinido como "libertario" que logró en las PASO 138.000 votos, 13,6%, y podría en noviembre elegir cuatro parlamentarios. Se presenta vestido como una estrella de rock, peinado a lo Trump, de quien se dice admirador - no olvida asimismo a Bolsonaro - y según la audiencia a la quiera dirigirse, canta éxitos de La Renga o recita los autores de la escuela de economía austríaca. Despotrica contra el Estado, quiere eliminar el Banco Central, etc., todo el catecismo, pero de pronto agita la consigna "Argentina Potencia", que identificaba al "brujo" López Rega, cofundador de la Triple A. Igual que el brujo, convoca a una cruzada anticomunista, antisocialista, donde mete en la misma bolsa a Adam Smith, Marx, Keynes, Alfonsín y a quien se le pasa por la cabeza. También sostiene que el calentamiento global es una mentira, lo que dio lugar a una crítica contundente (ver aquí). Lo preocupante de Milei es que las primarias mostraron que su base electoral está entre los jóvenes de los barrios más pobres de la ciudad. Y puede crecer. Vale recordar aquella reflexión de Trotsky frente a la emergencia de Hitler y del nazismo: es el vómito decía, de todo aquello que la sociedad capitalista no pudo digerir. Los jóvenes que escuchan ese discurso anti Estado, no sospechan que Milei fue empleado y está financiado por empresarios que hicieron toda su fortuna en su relación con el Estado.

EL AUTOR. Carlos Abel Suárez es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

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