La embestida del "nuevo" peronismo: sumar y seguir, nada que perder

Luego de ser derrotado sistemática y reiteradamente desde las elecciones de 2013, tiene que fijar una impronta tras la nada misma que representó la conducción de Guillermo Carmona.

El peronismo mendocino tomó una decisión difícil y riesgosa: salir a desgastar a un gobernador que tiene buena imagen a pesar de su política de "no hagan olas" y de patear para adelante los proyectos que su partido no conoce, no puede o no quiere defender.

Para justificar esta decisión, hay que preguntarse cuánto tiene para perder el PJ. Y la respuesta es simple: nada. Luego de ser derrotado sistemática y reiteradamente desde las elecciones de 2013, tiene que fijar una impronta tras la nada misma que representó la conducción de Guillermo Carmona. Y está Anabel Fernández Sagasti al frente de todo el Frente de Todos, valga el juego de palabras, una representante de Cristina Kirchner, aunque en Mendoza le convenga disimularlo

Entonces, juegan este juego fuerte, representando la bronca de la gente (en este caso, por el atroz femicidio de Florencia Romano) ya que resulta realmente difícil representar un proyecto: aún hoy, periódicamente sale a la luz el recuerdo de otras épocas que no fueron buenas para Mendoza.

Volviendo al proyecto del PJ, éste no está a la vista en el gobierno nacional y tampoco en el peronismo de Mendoza, ya que allí conviven visiones contrapuestas en torno a temas cruciales y definirse por una de ellas le costaría escisiones hacia la marginalidad política.

El peronismo no está para perder a nadie en el camino electoral y sí para sumar a cualquiera, aun apelando a discursos no peronistas. Y ese plan de instalación no descarta ningún recurso: acusar sin pruebas pero desde bancas que les dan fueros para no ser molestados por sus dichos, gritar fuerte y generar hechos: por ejemplo, bloquear cualquier acción de gobierno con cualquier excusa. 

Tienen la ventaja que desde el otro lado no hay reacción -no la hubo incluso en temas centrales- y es probable que así se camine hasta las elecciones del año que viene y se evalúe el resultado de este juego. Si funcionara (si ganan las legislativas), en 2023 ese espacio tendrá que insistir para volver a la gobernación, con otro dilema: ¿"la hora de los intendentes" o de la candidata que no lo es?

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El análisis de un seguidor de la política estadounidense, Roger Senserrich, el politólogo español que escribe en Politikon.es.