Las fallas estructurales y funcionales del cuerpo humano

Eduardo Da Viá nos cuenta que se ignoró hasta mucho tiempo después de la extinción incluso de estas civilizaciones, cuál era la constitución interna, vale decir el número y caracteres de los distintos órganos y mucho menos de su funcionamiento.

Eduardo Da Via

AFRODITA Y ARES

Sin lugar a la menor duda, el cuerpo humano actual, es la mejor máquina desarrollada sin especular si lo fue siempre así, a través de la creación o si fue fruto de la evolución tal cual sostuvo Darwin.

Lo cierto es que cuando uno lo estudia en detalle al cuerpo humano desde el punto de vista anatómico y funcional no puede menos que maravillarse de la complejidad y el grado de eficiencia y eficacia de sus distintos aparatos y sistemas.

Pero hay un detalle negativo de significativa importancia, que lo distancia de muchos de los animales de complejidad inferior, que lo han logrado con gran beneficio tanto en su calidad de vida como en la duración de la misma y es el Estatismo Evolutivo.

En efecto, a juzgar por la estatuaria y la pintura primitivas, tales como las pertenecientes a la civilización Sumeria, como luego sería la Egipcia, la Griega, La China, la Mesoamericana etc. La representación del cuerpo humano externa es igual a la actual.

A fuerza de ser ,sincero admito que se ignoró hasta mucho tiempo después de la extinción incluso de estas civilizaciones, cuál era la constitución interna, vale decir el número y caracteres de los distintos órganos y mucho menos de su funcionamiento.

Los conocimientos anatómicos derivados de los rituales funerarios egipcios que incluían el embalsamamiento previo vaciado de las cavidades corporales fueron insignificantes por cuanto el interés no estaba en la anatomía sino en la preservación del exterior para la supuesta vida eterna que le esperaba al difunto y ocurrió más que nada en la IV Dinastía, 2300 años a. d. C

Las disecciones estuvieron vedadas y hasta castigadas durante siglos, en gran medida debida a la obcecada renuencia de los sacerdotes de los distintos tiempos y ritos para con los incipientes anatomistas a permitirles ingresar a la intimidad del cuerpo humano, incluso llegó a ser pecado el mero hecho de cortar la piel de un cadáver, en el intento de averiguar qué había debajo.

Las primeras disecciones científicas de que se tiene noticias fueron las de los dos sabios de Alejandría Erasístrato y Herófilo en el s. III a. C. cuyos hallazgos confirman la exacta similitud con la anatomía actual, y por extensión la coincidencia que debe haber existido con los humanos miles de años antes y cuya anatomía externa era también similar.

Luego hubo que esperar hasta la construcción del Hospital y Madraza, donde se enseñaron las ciencias médicas en Anatolia, actual Turquía, el primer centro del mundo que proporciona educación médica y servicios de salud juntos. A poco de terminado el hospital se erigió la Facultad de Medicina entre 1210 y 1214

El hospital contaba con farmacia junto con los departamentos de medicina interna, cirugía y oftalmología, hospital psiquiátrico y enfermedades mentales. En esta madraza se educó y enseñó a médicos turcos famosos de la época.

De ahí pasamos a La Escuela Salernitana fundada en el siglo IX y que alcanzara a su máximo esplendor entre los siglos X y XIII. Algunos autores la consideran la primera universidad europea, donde se permitía una disección cada 5 años y cuyos hallazgos coincidía con los de los médicos de Alejandría del s. III a. C.El hecho concreto es que el humano lleva años sin experimentar evolución alguna en su anatomía tanto externa como interna, a pesar de que la experiencia indica que debería haber habido adaptaciones que le permitieran superar dificultades y riesgos innecesarios, tal como lo han hecho muchas especies animales con excelentes resultados.

Por mencionar algunos solamente: el cambio de pelaje según la estación, el paso de acuático a terrestre o anfibio; el cambio de herbívoro a carnívoro según la disponibilidad de alimentos como los osos comedores de salmones cuando la temporada lo permite, y de hierbas cuando no es el momento de la pesca; los caballos lanudos del ártico que han logrado el cambio genético necesario para que la descendencia nazca ya con la capacidad de desarrollar el pelaje de sus padres etc. etc.

Los insectos que han desarrollado resistencia a los insecticidas, tales como cucarachas y hormigas.

En cambio los humanos hemos permanecido estáticos, aún ante la evidencia de que nuestros cuerpos debieran haber cambiado no para defensa contra el clima, pues para eso su condición de faber permitió fabricar eficientes refugios primero y alucinantes mansiones después, sino que nuestro sistema inmunitario no aprendió a defenderse de la mayoría de las enfermedades infecciosas que diezmaron y diezman a las poblaciones, tampoco aprendimos a hacerle frente al cáncer sin ayuda tecnológica y, lo que es peor aún no hemos evolucionado para vivir dignamente 80 o 90 años, tal cual es la esperanza de vida actual en los países desarrollados, pero merced a adaptaciones artificiales, sin cambios anatómicos ni funcionales.

El Apéndice cecal, es un órgano residual que no cumple ninguna función, su infección produce la llamada Apendicitis Aguda, causa de millones de muertes hasta que por fin se supo de su existencia y se desarrolló la cirugía para extirparla oportunamente. A pesar de todo seguimos naciendo con el apéndice colgando del ciego como hace mucho miles de años. Debió haber desaparecido.

Mi teoría es que el diseño inicial del cuerpo humano estaba destinado a funcionar a pleno durante alrededor de 30 años, edad máxima alcanzada en aquellos remotos tiempos por culpa de las enfermedades, en especial las infecciosas, y de las heridas graves, cuya hemorragia no sabían detener hasta morir exanguinados. También contribuían las hambrunas y las pestes cuyo origen desconocían.

Sin embargo el hombre ya como sapiens sapiens, y poniendo en marcha dos características que le son propias y exclusivas, la inteligencia y el estar provisto desde el nacimiento de la primera herramienta considerada como tal y que no es otra que la pinza digital merced a la condición de oponente del dedo pulgar, pudo acceder al desarrollo de muchas herramientas más, algunas destinadas incluso a fabricar herramientas más complejas, y por otra parte la capacidad intelectual lo llevo a preguntarse primero y a descubrir después las razones de miles de fenómenos que en un principio no comprendía.

Así pues nació la ciencia, y con ella la solución de un sinfín de problemas que a diario le aquejaban, tales como la comprensión de las causas y mecanismos de las enfermedades y con ello el desarrollo de tratamientos de eficiencia tal que se salvaban de morir pacientes que hasta poco antes tenían los días contados. No contento con ello, también desarrolló la profilaxis, vale decir la aplicación de medidas para prevenir la aparición de enfermedades.

Vacunas y cirugía cambiaron definitivamente el panorama de la enfermedad humana, haciendo que la vida se prolongara hasta la esperanza actual, que como dije antes pasa de los 80 años.

Sin embargo ese cuerpo de funcionamiento maravilloso, empezó a flaquear por culpa de la edad y por la falta de evolución necesaria para adaptarse al desgaste que muchos de los componentes anatómicos iban sufriendo con el correr de los años, dando lugar a la aparición de enfermedades inexistentes en aquel lejano principio.

El aparato músculo esquelético, en especial las articulaciones, fueron perdiendo las superficies de roce aterciopeladas para dar lugar a rugosidades y excrecencias (artrosis) que no sólo dificultan la utilización de las mismas, sino que es causa muy frecuente de dolores que llegan a ser insoportables.

Las manos, instrumentos maravillosos que utilizamos casi desde el momento de nacer, transformados en garras semi rígidas, deformes y dolorosas, incapaces de tomar el tenedor o el lápiz. Y no hay medicación ni cirugía que les devuelvan la lozanía perdida.

Auguste Renoir se hacía atar el pincel a la mano inútil y se lo fijaba con vendas para poder seguir pintando, y así produjo todavía cerca de 400 telas. Pero hoy continúa el impedimento para los pintores como en la época de genial francés.

La columna vertebral en la posición erguida y con apoyo solo en dos columnas, los miembros inferiores, debe soportar el peso de todos los órganos de las cavidades abdominales y torácica, que, por así decirlo, realmente cuelgan de ella tendiendo a curvarla hacia adelante para adquirir la forma de la letra C, en cambio cuando el apoyo era en cuatro columnas y su ubicación horizontal, hacía que los trastornos fueran infinitamente menores, a tal punto que los veterinarios rara vez deben tratar cuadrúpedos sufrientes de esa estructura anatómica.

La bipedestación obligó a que previamente la columna o raquis adquiriera la forma de S actual para repartir las cargas entre las cuales prima la cabeza, cuyo peso incluido contenido y los músculos que le confieren tanto estabilidad como movimientos, es de 8 k en promedio. Como el peso se transmite en dirección caudal, o sea de arriba para abajo, los dolores lumbares y el temido lumbago son el pan nuestro de cada día.

La disminución de la agudeza visual y de la audición, que en el mejor de los casos tienen tratamiento paliativo mediante el uso de prótesis que a su vez, aparte de hacerlo dependiente, tienen sus fallas y sus limitaciones de tal suerte que nunca la restauración de la capacidad de los órganos involucrados, sea igual a la original.

La pérdida de la dentadura, precedida de verdaderos calvarios y con la consiguiente dificultad para comer y para disfrutar de la comida. Situación muy diferente a la del tiburón por ejemplo, que no solo tiene tres hileras de dientes, sino que los cambia en plena adultez lo que le permite continuar con su alimentación habitual hasta el final de su existencia

La disminución progresiva de la capacidad sexual, sin ser acompañada de la adecuada pérdida del interés, es decir la libido, también paliada con medicamentos, prótesis o cirugías que dan un alivio transitorio a la situación hasta que finalmente se llega a la imposibilidad definitiva, restando varios años de vida por delante.

Órganos como la mama femenina, diseñados para alimentar a sus hijos y para participar en buena medida en el goce de la sexualidad, termina albergando el cáncer más mortal en la mujer y con mayor incidencia en nuestro país entre los 50 y los 80 años. Resulta evidente que el diseño contemplaba fundamentalmente la función de amamantar y amar, lo que sucede en la edad reproductiva, es decir entre mediados de la segunda, toda la tercera década de la vida y parte de la cuarta.

La glándula prostática que se sitúa en el varón justo debajo de la vejiga y delante del recto. Tiene el tamaño aproximado de una nuez y envuelve a la uretra (el conducto por donde se vacía la orina de la vejiga). La función de la próstata es producir el líquido que forma parte del semen.

Bien, lo notable es que una vez expirada la función sexual, esta glándula en vez de atrofiarse comienza a crecer, por lo general bajo la forma de lo que se denomina hipertrofia (agrandamiento) benigna, pero que va estrangulando paulatinamente la uretra dando lugar a un sinfín de penurias producidas por el antes placentero acto de orinar; sin contar que finalmente es la causa del cáncer más frecuente en el hombre.

Una clara falla de adaptación evolutiva, más bien la falta absoluta de ella.

El sistema circulatorio, en especial las arterias, canales distribuidores de la sangre a todo el organismo proveyéndolo del imprescindible oxígeno que requieren todos los tejidos, van sufriendo el deterioro de sus paredes que conlleva una disminución del calibre y con ello del flujo requerido, cuando no la obstrucción total con la consiguiente muerte del sector anatómico correspondiente y que dependiendo del tamaño del territorio afectado y de la función que le correspondía, puede significar desde la pérdida del olfato hasta la pérdida de la vida.

La memoria y el intelecto, victimas predilectas de la senescencia, y en estrecha relación con el deterioro del aparato circulatorio, transformando frecuentemente al pobre individuo en una cosa desagradable y molesta y para los que a veces, según la capacidad de pago de la familia, hay depósitos llamados Geriátricos de los que medran los profesionales que los regentean.

No hay dudas, según mi parecer, que la matriz original estaba destinada a resistir sin problemas alrededor de tres décadas. Nunca pensó el hacedor, en minúscula por cuanto no tiene connotaciones religiosas, que habría de durar mucho más, el triple casi, y no previó la adecuada evolución adaptativa para que la vida prolongada no sea sinónima de padecer.

Sabedores los humanos actuales y en una actitud ridícula de oponerse a la senectud, realizan tratamientos supuestamente rejuvenecedores a costa de ingentes cantidades de dinero, para finalmente apelar al fotoshop en la imagen que presentan en las redes mientras se guarecen en la intimidad del hogar cuando ya la vejez no se puede disimular.

Ser viejo desde ya no es agradable, pero si además no lo aceptamos, agregamos un cuanto de sufrimiento inútil y por si fuera poco, extremadamente caro.

La solución no es el ocultamiento sino la evolución adaptativa, pero claro eso no está en nuestro poder.

Existen estudios prospectivos acerca de la evolución que tendrá la esperanza de vida hacia el 2040. Aumentará en alrededor de 57 países y disminuirá en casi 90.

Los japoneses, que gozan actualmente de una de las más prolongadas, estiman que su esperanza de vida irá disminuyendo inexorablemente por causa de las condiciones de vida, donde prima el apuro, el estrés y el aumento de la productividad, más el deterioro del medio ambiente fruto precisamente de los anteriores factores.

Aquí también se advierte claramente la falta absoluta de adaptación a las nuevas condiciones ambientales; el aumento de la tasa de monóxido de carbono, la caída en la de oxígeno, la lluvia ácida no sólo no se compensan con algún mecanismo adaptativo, sino que producen enfermedades crónicas como la EPOC, mortal a la larga.

Pareciera que hay una especie de obstinación por parte del cuerpo en manejarse con exigencias rígidas para un adecuado funcionamiento.

Comparemos con el oso polar:

En humanos, si el corazón palpita por debajo de las 40 pulsaciones por minuto, la situación puede volverse crítica. Para los osos este ritmo cardíaco es normal. Y aún más, durante la hibernación puede bajar hasta 5 ppm. Como consecuencia, el flujo de sangre y la cantidad de oxígeno que llega a los órganos vitales también disminuye. Para prevenirlo, se cree que los osos tienen una endorfina que aminora el metabolismo celular. La necesidad y la demanda se acompasan.

Además de sobrepasar la hibernación, las hembras paren durante el invierno. Aunque los oseznos nacen sin pelo y ciegos, sí que tienen forma. La madre no los moldea a lengüetazos, pero les da calor y leche. Conservar la temperatura de los recién nacidos y su lactancia suma un gran gasto energético a la propia supervivencia. Traer nuevas vidas al mundo en plena huelga de hambre parece inverosímil, pero gracias a las reservas y a su metabolismo sacan adelante una nueva familia. ¡La hazaña de las osas es simplemente asombrosa!

Creo que la utópica solución sería aunar fuerzas los humanos al llegar a la mediana edad, para reclamar se nos provea de la capacidad de evolucionar al compás de los años, para finalmente morir por la causa que sea, preferiblemente mediante la llamada muerte súbita, pero aún vigentes.

Claro, estos son desvaríos utópicos, de tal suerte que, admitido que el cuerpo no va a evolucionar en los próximos millones de años, y seremos muy pocos los que lo veamos, no queda otro remedio que aplicar la inteligencia para reducir o eliminar las causas externas e internas que atentan contra una senescencia prolongada y libre. Tales medidas deberán apuntar a no seguir contaminando la tierra, a evitar el progreso del agujero de ozono, a no permitirse ser gordo, a no fumar, alcoholizarse y ni mucho menos drogarse para aumentar la actividad, todo lo contrario: enlentecer el diario trajinar, disminuir el afán de riqueza exagerado, disfrutar del trabajo, alternar con actividad física al aire libre y no en gimnasios donde el aire está contaminado, solazarse con los amaneceres y los espacios verdes, disfrutar de los hijos y ser sus principales maestros, escuchar buena música, preferentemente suave e instrumental, cuidar el jardín y maravillarse con la presencia de los pájaros que a diario nos visitan, disminuir el ruido ambiental en lo que de nosotros dependa etc.

No es feliz el que más tiene, sino el más disfruta de lo que tiene 

Espero sin temerles, la reacción airada de los fabricantes y vendedores de cremas y dietas milagrosas y de los colegas dedicados a disimular la edad mediante la cirugía estética, pero incapaces de amputarle un solo año de la colección que cada cándido cliente cuenta en su haber, de los dueños de los gimnasios llenos de ilusos clientes, por cierto pudientes, que intentan desesperadamente mantener un cuerpo joven y ágil.

PD: La imagen del encabezamiento corresponde al mito de Afrodita y Ares en la plenitud de sus vidas. Cuerpos sanos y perfectos, meta quimérica de los humanos después de la cincuentena y para lo que gastan lo que no tienen.


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