Las maravillosas virtudes de la burocracia

El autor defiende el concepto de "burocracia", más allá de que por malos ejemplos se haya vuelto sinónimo de una mención con carácter negativo.

Pablo Gómez

Burocracia es una palabra buena, con mala prensa. No es la única, pero en fin, la pobre burocracia es de las pocas palabras que no tienen quien la defienda, quizá porque conllevan en su esencia un montón de acciones a realizarse, y de omisiones a esquivarse. La burocracia es, según la primera acepción del diccionario de la lengua española, una "organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios". Esto es, la burocracia implica al conjunto de actos que se llevan a cabo (por ejemplo) en un organismo estatal, para que tal o cual acción se realice.

La burocracia no es exclusiva del Estado. Las empresas privadas, aún las más pequeñas, tienen también sus procedimientos, que se van complicando a medida que la empresa crece de tamaño; pero como la empresa privada al parecer es un problema de su dueño, y de lo único que somos dueños todos quienes leemos estas palabras es del Estado, es esta burocracia (la estatal), la que nos importa y de la cual nos quejamos. Aquí es bueno aclarar que hay empresas que, por su poderío económico, aunque sean ajenas son de complicarnos la vida con su burocracia, por ejemplo a la hora de dar de alta o baja un servicio (sobre todo al pedir la baja), y es el mismo Estado el que intenta protegernos, aunque de forma no siempre exitosa.

Pero es específicamente la burocracia estatal la que en este escrito se pretende defender, y en su nombre a todas aquellas burocracias que se sumen a las generales de la ley. Porque en el Estado, donde pocas personas manejan los dineros de toda la sociedad, los controles burocráticos son indispensables. La burocracia estatal es la que indica con sus reglas cómo se debe hacer para gastar dineros públicos, en qué casos se debe licitar para obtener mejores precios, y en qué casos es válido, por el bien común, contratar algún servicio que quizá más allá del precio, es mejor que otro más barato. Pero es fundamental este conjunto de reglas claras, escritas previamente, para evitar que personas a cargo de dineros ajenos puedan cometer actos en contra del bienestar general. Sin burocracia, todo sería lícito y justificable, y ninguna persona a cargo de fondos públicos sería responsable judicialmente de sus actos.

Porque es en definitiva la existencia de normas lo que ha permitido y permite, más allá de los discursos altisonantes de las distintas tribunas, sentar en el banquillo de los acusados y las acusadas a quienes trasgredieron los controles públicos; es la burocracia la que diferencia a una buena administración de una mala, y pone en evidencia ante la justicia a quienes no siguieron las reglas preestablecidas. Esa burocracia, en mi opinión, es parte fundamental de la vida en Democracia.

Pero hay otra acepción de la misma palabra (la cuarta, según el diccionario) que declara que la burocracia también puede ser considerada la "administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas". Esta es la burocracia que llega a la tapa de los periódicos, y que tan mala prensa le da a la palabrita en cuestión. Porque es justo plantearlo, las actividades del Estado son llevadas adelante por personas, y son estas las que, a veces por miedo a equivocarse, a veces por la simple necesidad de entorpecer un proceso, se aferran a ciertas normas para frenar cualquier tipo de actividad durante la mayor cantidad de tiempo posible, y más de una vez lo logran: evitan el banquillo de la justicia, es cierto, pero a costa de no actuar.

La burocracia puede ser, en definitiva, una de las principales responsables de una buena gestión de gobierno, prolija, ordenada y sin enriquecimientos ilícitos, o la excusa para hacer la plancha durante algunos años de gestión. Es importante también tener en cuenta la utilización de las nuevas tecnologías, que pueden ayudarnos (o al menos darnos la chance) de hacer "menos burocrática" a la burocracia. La utilización de sistemas informáticos nos permite generar más controles, y no por eso hacer más lentos los procedimientos. Esta herramienta es muy importante, siempre con los recaudos de seguridad necesarios, pues nos permite lograr mayor transparencia y rapidez, todo en un mismo combo.

Pero más allá del camino que cada persona (o grupo) en la función pública elija, la burocracia es también el freno para evitar (o al menos intentar disminuir) las chances de quienes buscan abusar de los bienes del pueblo de la Nación en beneficio personal. Por esta sola razón, y aún a costa de soportar algunas lentitudes evitables, la burocracia estatal debe ser aceptada, defendida y cumplida. Hay que tomar esa posta; es hora de que sean más que dios y la patria quienes lo demanden.


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