La vara de calidad de la política en Mendoza y los Idus de marzo

Con la primera Luna llena de marzo se conjugó una sentencia histórica: una etapa de buena o mala suerte, según quién manipule los sucesos. En Mendoza coincidió con la Vendimia y, más allá de las supersticiones, se abrió la puerta de un nuevo y fuerte lobby informal, y se desataron apetitos electorales personalistas de difícil definición. Escribe Gabriel Conte.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

La primera Luna llena de marzo fue considerada un día de buena suerte, hasta que justo en una noche coincidente, en el año 44 antes de Cristo, Julio César fuera asesinado. El griego Plutarco dejó el dato de que el dictador romano había sido advertido, pero hizo caso omiso.

En el lugar del magnicidio en Roma es reconocido hoy por unas ruinas descubiertas en medio de la construcción eterna de un tren subterráneo que no avanza desde hace 30 años porque se topa con la historia. Hay una parada de micro, un árbol y un mundo de gatos que se refugian justo allí.

Según Plutarco, un vidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los Idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado, Julio César encontró al vidente y riendo le dijo: "Los idus de marzo ya han llegado"; a lo que el vidente contestó compasivamente: "Sí, pero aún no han acabado".

A partir de entonces, la buena suerte se volvió mala en la consideración popular y todavía hoy alguna abuela repite la advertencia: "Hay que tener cuidado con los Idus de marzo", haya leído o no el genial libro de tal nombre de Thornton Wilder.

Así es que, traspolando las fechas y acciones del presente en el terruño, esa fecha coincide con la Fiesta Nacional de la Vendimia, en lo que va del recorrido de la noche del 6 al 7 de marzo, primera Luna llena por aquí este año.

¿Es una fecha de cambios rotundos como sucedió con Julio César y lo asumió Occidente como un dato supersticioso al cual atender?

Créase o no, los políticos han recurrido (y lo siguen haciendo) a videntes, brujas y similares personajes para programar bien su ascenso (cuando las condiciones personales y coyunturales están de su lado) o acaso el asalto al poder (cuando "no le da", y por lo tanto, debe tratar de arruinar con una campaña sucia a su adversario hasta bajarlo a su altura y poder, así competirle en condiciones parecidas).

En este marzo están sucediendo cosas. Hay advertencias latentes formuladas no tanto por personajes arropados de misticismo, sino por estadísticas crudas y duras en torno a la intolerancia social debido a la situación del país, sus consecuencias locales y el estancamiento de Mendoza junto a su pésima configuración como parte del corpus argentino.

Hay también -con nacimiento ya en fecha bajo el influjo de la primera Luna llena del mes- la efervescencia de un nuevo "cuarto poder", que no es el periodismo solo esta vez, sino medios y empresas de múltiples propósitos reunidas para generar un espacio de lobby -entendido como condicionamiento y acción- en un espacio informal, lejos de los grupos gremiales de la economía. En este nuevo espacio que se conformó el día después de la Vendimia en Mendoza hay una alta cuota de legitimidad en sus propósitos, pero sin dudas también se evidencia un fracaso de la política, hecho que les abre las puertas a la incidencia de poderes que no están establecidos en la Constitución, pero que buscan participar de las decisiones, vetando o habilitando, de acuerdo a su conveniencia.

Los políticos pueden o no -como Julio César- tomar nota de esos avisos. Pero sí están los personalistas extremos que intentarán destruirlo todo para poder hacer pie, ya que acreditan incapacidad para ganar por sí solos, con su propia capacidad y fuerza.

De allí que la señal de este año puede ser buena o mala, según quien la tome como insumo para su lanzamiento, en medio de cierres de listas, visitas cruzadas de personajes de relevancia nacional acompañando o apagando a sus referentes locales y así, el presente mes de marzo define el futuro de los gobiernos en cada municipio, provincia y país con una expectativa pocas veces centrada en las reales posibilidades de que alguien empuje el destino hacia otro lado y un humor social caldeado como nunca antes, según las encuestas.

Momento de confirmaciones, restauraciones o revolución, podría pontificar un administrador de información astral aplicada a la realidad. Traducido, un buen momento para no dejar que las cosas pasen por sí solas, sino para participar activamente.


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