Todo empezó entre 4 cacerolas, un par de sartenes y goteras en el techo

María Teresa Corradini de Barbera despliega aquí su memoria del nacimiento de La Marchigiana y muchos otros restaurantes de cocina italiana en Mendoza. Como homenaje, desde Memo transformamos un posteo suyo en Facebook en una bellísima columna, que está al dente y hay que probarla.

María Teresa Barbera

Queridos amigos, les hablo del año 50 hasta casi los 70, Cuando mi madre empezó como ama de casa, en esa pensión frente al mercado central, donde se llovía, despintada y algo más. Ahí empezamos trabajando toda la flia con casi 20 pensionistas, y allí mismo había un pequeño bar que funcionaba desde las 9 de la mañana hasta el atardecer.  Teníamos un cliente que tenía una pierna, que se le solía llamar "Pata de palo" y vendíamos vino suelto, el tintillo y radical blanco, y la patita en escabeche, que le había enseñado a mi madre la señora Marín, quien fue la que nos vendió la llave... 

Cuando habríamos un poco más tarde el bar, el cliente "Pata de palo" echaba la puerta abajo a golpes. Un día, mi madre, sacó camas de una habitación que daba hacia la calle y puso un cartelito que decía que servíamos comida.

Luego pasaron unos días y ya quería poner el nombre de restaurante y mi padre lo acertó. El quería ayudar en nuestro proyecto, aunque siempre vivió por la música (sus hermanos Corradini vinieron a Mendoza, estudiaron, se prepararon, aunque ninguno fue músico). Dijo: pongámosle "La Marchigiana" porque vos, Fernanda, sos de la La Marche (región de Italia).

 Empezamos a trabajar, sacando todas las habitaciones y al venir Cantinflas en el año 52, fue el boom y necesitábamos personal para ayudar en la cocina. Como había muchos inmigrantes italianos, mi madre empezó con ellos mientras que siendo ama de casa, sabía preparar varios platos, pero íbamos aprendiendo con los clientes de Buenos Aires que querían milanesas a la napolitana.  

El éxito de mi madre fue inventar la milanesa "Príncipe de Nápoles" rellena de jamón y muzarella. Otro plato famoso fue la lasaña casera y el chupín de pescado .. unos pedían colchón de arvejas, y otros platos más, que siendo yo mozaa, ayudando en el comedor, era una flor de mentirosa, ya que les hacía creer que sabíamos todo. Entonces, le pedía a los clientes que más o menos me dijeran como era que mas les gustara el plato y les solía repetir: "Para nuestro cocinero, que desgraciadamente tuvo apendicitis...". Y todos los empleados italianos, fueran napolitanos o del norte de Italia, al poco tiempo abrieron cada uno su propio restaurante en Mendoza, en la calle Patricias antes de llegar a Godoy Cruz.

 Un napolitano con la señora abrió "Oh sole mío" en la calle Gutiérrez y 9 de Julio. Arriba de una florería muy famosa abrió "Capri" de quien también fue empleado de mi madre. Luego "Don Angelo" en la calle Lavalle. Después mis primos Antonio y Federico, que habían venido de Italia, inauguraron el restaurant "Trevi" en la calle Las Heras casi San Martín, que fue muy conocido y famoso y por norma, casi todos los hijos de padres que trabajan en gastronomía , no quisieron seguir... 

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En el año 60 también se inauguró "Montecatini", que es el único que queda de esos años, tanto Nicola, Robert y Baneschi, todos fueron empleados de mi madre.

Yo ayudaba en la cocina y solía atender el comedor. Mi hermano José estudiaba para médico y se recibió en la especialidad Cardiología. Su flia siguieron por el lado de la medicina y la mayoría todos sus descendientes son recibidos

Así Mendoza fue historia de la gastronomía Italiana, gracias a mi madre que tenía segundo grado.

Luego, la segunda generación, Teresa y Franco.

La tercera generación: generación, Fernando ( que se estaba por recibir de ingeniero y siguió los pasos de su nonna Fernanda), Beatriz, Santina, Maria Luisa, Bernardita.

La cuarta generación ( hijos de Fernando) Martín, Santiago, Joaquín, que son los que manejan Broda y sus sucursales...

Todo empezó con 4 cacerolas, un par de sartenes y con el techo con goteras... 

Sólo fue obra de creer, mucho trabajo, mucho sacrificio como la mayoría de nuestra inmigración y ahora en la espera que mi nieto Federico siga con la cocina... 

Dios nos dio la posibilidad de no detenernos frente a lo q marca el destino y también en el dolor no hay que dejar de sembrar ES LA VIDA.

GRACIAS... UN ABRAZO.


Una foto de La Marchigiana, en 1950, año de su apertura.

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