Un "cambalache" mendocino: del abandono a dar clases de desarrollo
Tras dejar un municipio endeudado, el parque automotor destruído y de haber guardado vergonzoso silencio ante el desvío de los fondos de Portezuelo del Viento, el exintendente reaparece en la escena provincial dando lecciones de infraestructura.
En política, el sentido de la oportunidad suele ser inversamente proporcional al de la memoria. En apenas cuatro días, la agenda mediática provincial regaló una seguidilla insólita de artículos y apariciones en televisión del exintendente de Malargüe, Juan Manuel Ojeda. El personaje reapareció en la escena pública luciendo el traje de referente técnico en el reciente encuentro de La Púrpura, el experimento de amalgama entre el radicalismo oficialista y La Libertad Avanza, para dar lecciones sobre el potencial productivo y las obras estratégicas que el sur mendocino necesita.
El libreto exhibe un cinismo superlativo. Frente a un auditorio repleto de dirigentes provinciales, nacionales y jóvenes entusiastas reunidos en el hotel Hilton, Ojeda recitó con soltura el menú de reclamos históricos de la región: la culminación de la Ruta Nacional 40, el gasoducto, la cubierta sanitaria, las redes de cloacas, la infraestructura para Vaca Muerta, la activación del Parque Industrial Pata Mora y el Parque Logístico de Potasio Río Colorado. Todo aderezado con la trillada consigna de que Malargüe debe dejar de ser una eterna promesa.
La pregunta que retumba en los pasillos de la política provincial y golpea de lleno en la realidad de cada vecino es tan irrebatible como indignante: ¿dónde guardó toda esa supuesta lucidez estratégica y esa urgencia técnica durante los cuatro años en que tuvo en sus manos los destinos y las arcas del departamento?
En Malargüe todavía se espera el parque de los niños, el reservorio de agua con balneario y tantas otras promesas incumplidas que salieron de su boca y de altos funcionarios provinciales. Resulta profundamente hipócrita que quien condujo los destinos del departamento con una gestión signada por la parálisis, la corrupción, el desorden administrativo y la falta de avances reales, intente hoy erigirse en el descubridor del potencial productivo del sur.
Reclamar desde un atril del hotel Hilton obras que no supo gestionar ni exigir cuando ostentaba el poder territorial no es vocación de servicio; es gatopardismo puro. Es la vieja maña de usar a Malargüe como escenografía para mantenerse a flote en la rosca capitalina.
La herencia recibida contra el colapso provocado
Para dimensionar la magnitud de este espectáculo, hay que hacer memoria contable e institucional. Juan Manuel Ojeda no asumió la intendencia en medio de una catástrofe financiera. Muy por el contrario, la gestión saliente de Jorge Vergara Martínez le entregó un municipio ordenado, con cuentas saneadas y un superávit fiscal comprobable de casi 200 millones de pesos de aquel momento. Le dejó, además, un parque automotor operativo, un plan de obras en marcha y el sistema de tratamiento de residuos y la cubierta sanitaria en pleno funcionamiento.
¿En qué se tradujo esa plataforma institucional tras cuatro años de administración ojedista? En el vaciamiento sistemático y el colapso de la economía municipal. Durante su paso por la intendencia, los fondos públicos se dilapidaron en un desorden administrativo galopante y contrataciones opacas. El superávit heredado se esfumó sin traducirse en obras transformadoras. El parque automotor terminó convertido en un cementerio de chatarra sobre ruedas por falta de mantenimiento, paralizando los servicios básicos en el casco urbano y dejando a los distritos rurales en la más absoluta indefensión. La cubierta sanitaria cayó en el abandono operativo. Mientras el exintendente discursea sobre desarrollo sostenible, en el territorio dejó un municipio financieramente ahogado y una comunidad sumida en la parálisis.
La complicidad en el despojo de Portezuelo del Viento
Nefasta gestión no carente de funcionarios corruptos y accionares indebidos, merecedora de muchas denuncias que alguna fiscal indulgente o indolente graciosamente cajoneara.
La complicidad en el despojo de Portezuelo del Viento El capítulo más grave de este historial no se limita a la gestión doméstica, sino a su silenciosa complicidad frente al despojo de Portezuelo del Viento. Malargüe fue utilizado como el gran estandarte para conseguir los 1.023 millones de dólares de la resarcitoria nacional. Portezuelo era la obra del siglo para los mendocino/malargüinos, la promesa de transformación de la matriz productiva de la provincia y la soberanía energética del sur.
Ojeda sabía perfectamente que los fondos se estaban reorientando mientras el proyecto original se dejaba morir en la burocracia política. En lugar de alzarse con firmeza institucional en defensa de los derechos de su pueblo, actuó como un disciplinado ejecutor de los intereses de la casa de gobierno. Observó en silencio cómo el dinero destinado a la gran obra hidroeléctrica de su departamento era reprogramado, como le gusta expresar a su padrino político, para financiar obras en el Gran Mendoza y otros oasis provinciales. Aceptó sumisamente el despojo financiero de la región.
Cambalache en las alfombras del Hilton
En su célebre tango Cambalache Enrique Santos Discépolo retrató con precisión profética la descomposición de los valores públicos: ¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador! Todo es igual, nada es mejor. ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! Y remataba: ¡Hoy los inmorales nos han igualado!.
La reaparición de Ojeda posando como cuadro técnico en el armado de La Púrpura es la materialización de ese cambalache. Pretender que el autor intelectual de mayor daño político y responsable directo del estancamiento de Malargüe se convierta hoy en el profeta de su desarrollo excede los límites del cinismo. Pueden pasearlo por los canales de televisión de la capital y darle micrófono en los paneles del Hilton, pero en el sur, donde dejo máquinas y camiones destrozados y las obras prometidas nunca llegaron, la memoria sigue intacta. Malargüe sabe perfectamente quién es quién.......continuará.