El arte de abrir el paraguas antes de la crisis
Cómo el arte de anticipar el fracaso se convirtió en la principal herramienta de gestión. Una radiografía de los silencios que convienen, las promesas postergadas y una ciudadanía atrapada en un relato que naturaliza la falta de respuestas.
El peligro de una política institucional que anestesia el reclamo social y convierte la desidia en un escenario inevitable.
La forma ya es un clásico, el mensaje oficial del intendente Celso Jaque en su columna de opinión grabada de los viernes. El encuadre global, la fuga hacia adelante adobada con cortinas musicales que apelan a la sensibilidad popular desde Dyango hasta la autorreferencia del hombre común con mil defectos y un tono de voz pausado, casi paternal, al que ya nos tiene acostumbrados.
El intendente volvió a utilizar los micrófonos el pasado 26 de mayo para hablarle a los malargüinos. Sin embargo, detrás de la cuidada retórica, la supuesta moderación y la moderación inteligente. Lo que verdaderamente se escuchó fue un prolijo intento de abrir el paraguas y sacarse el lazo de encima ante un presente que excede a la gestión municipal.
El libreto, extenso y tedioso, arrancó desde la estratósfera. Para explicar por qué las contestaciones locales tardan en llegar, el intendente nos invitó a mirar las guerras globales, la inflación internacional y las migraciones masivas. Una estrategia de manual para licuar las responsabilidades propias en el mar de las crisis mundiales. Según la óptica oficial, el municipio es apenas una primera ventanilla que recibe el bombazo de un tembladeral ajeno. Pero el vecino que camina las calles de Malargüe no busca respuestas sobre geopolítica; busca saber qué pasa con los servicios básicos, con la planificación urbana y con el destino de los recursos del departamento.
El punto más flaco y políticamente disciplinado de la alocución radica en su llamativo y conveniente silencio frente al gobierno de Alfredo Cornejo. Al referirse al escenario provincial, Jaque abandonó el traje de líder y se limitó a indicar, casi como un cronista resignado o un espectador de lujo, que la provincia ajusta, reorganiza y prioriza.
¿Esa es toda la resistencia? ¿Esa es la supuesta firmeza de un liderazgo que no se achica ante la adversidad? En lugar de ponerse a la cabeza del reclamo por un sur históricamente postergado, el intendente prefiere la comodidad del lloriqueo impreciso y vulgar para no fastidiar los despachos de la capital, dejando a Malargüe en una posición de preocupante desamparo político.
Mientras tanto, la Ruta 40 sigue mostrando las huellas de la desidia, al igual que la ruta 186, cuyo abandono e indiferencia terminaron conspirando contra la instalación de una nueva antena en el complejo DS3. Este es un mensaje directo al todopoderoso Alfredo Cornejo, cuyo compromiso firmado con el complejo incluía el asfalto del tramo hasta la Laguna de Llancanelo. Una muestra más de la matriz de desprecio de un gobernador que parece disfrutar el ninguneo constante a Malargüe, usando las necesidades de nuestros ciudadanos como simple material de descarte político.
Pero sigamos, porqué hay más, el desarrollo real de Pata Mora o el inventario ambiental del Río Grande avanzan a paso de tortuga, y las cloacas de Malargüe, que directamente no avanzan ni a ese paso, Una actitud perversa y soberbia de quien, desde el sillón de San Martín, continúa dándole la espalda a Malargüe y pisoteando la dignidad de sus ciudadanos.
Para nuestra comunidad, ve que la conducción local prefiere ir por un reclamo diligente y tenebroso ya que este silencio no se traduce como prudencia estratégica; se lee como una preocupante sumisión. El temor a incomodar al poder central en Mendoza parece pesar más que la obligación de defender los derechos locales.
Gobernar es elegir, dice Jaque desde el micrófono. Lo que se olvida de expresar es que elegir callar ante el guadañazo del ajuste provincial también es una elección política. Una elección sumisa cuyos costos no los paga el funcionario, los paga el vecino.
Tampoco pasó desapercibido el frente interno. Cuando advierte que ningún municipio sale adelante si cada área tira para su lado y que ningún gabinete funciona si sus integrantes compiten entre sí, Jaque no hace hipótesis política; está ventilando las internas de su propio equipo. Exponer públicamente las rispideces de las secretarías clave, en momentos donde se discutían temas tan trascendentales como el Plan de Ordenamiento Territorial, revela que la falta de coordinación no es un invento de la prensa, sino una realidad que golpea el día a día en el ámbito municipal.
El intendente insiste en que el oyente es el único juez. Una lástima que, mientras el relato oficial se desvanece en el aire de su audición de los viernes, la cruda realidad de la calle ya esté señalando su veredicto..............Continuará