El único camino posible es el ajuste del gasto público

En un mercado inundado de pesos y sin dólares, la única salida es comenzar a trabajar en la rebaja progresiva del gasto del Estado. El análisis de Rodolfo Cavagnaro.

Rodolfo Cavagnaro

Más allá de la velocidad a la que se sucedieron los acontecimientos, esta semana ha sido la de los mayores papelones y la demostración de la falta de poder concreto del Presidente. En cualquier orden de la naturaleza, cualquier cosa viva que tenga dos o más cabezas es un monstruo. En la política argentina estamos viendo lo mismo.


Massa, un cuasipresidente

La corrida inicial del dólar, lo habíamos anticipado, estaba fomentada por las decisiones del propio Gobierno. Es que mientras emite grandes cantidades de dinero, intenta bajar la tasa de interés en niveles inferiores a la inflación esperada, con lo cual los inversores se refugian en dólares.

El panorama se mantuvo inestable con el dólar subiendo porque no aparecían señales claras. No se explicitaba un plan y el silencio de Cristina Fernández de Kirchner marcaban una desaprobación o falta de confianza en la ministra Silvina Batakis. Incluso, sus afirmaciones ante autoridades del FMI prometiendo un ajuste ortodoxo y la seguridad de contar con el apoyo de la vicepresidenta no sirvieron para matizar el escenario.

No obstante, la llegada de Sergio Massa no fue sorpresiva. El nombre del nuevo ministro ya venía sonando desde antes de la salida de Martín Guzmán. Pero Massa ponía una serie de condiciones que el presidente Alberto Fernández no estaba dispuesto a entregar, pero además de la crisis hubo situaciones que precipitaron el desenlace.

EL tema fundamental fue la reunión que Fernández tuvo con una docena de gobernadores del Frente de Todos que se habían autoconvocado en Buenos Aires preocupados por el futuro, sobre todo su futuro político. Si bien la situación de la economía los complica porque no tiene respuestas ante las demandas que tiene en sus jurisdicciones.

Pero el nuevo problema que tenían eran las afirmaciones de Batakis, quien había dicho que había que eliminar las transferencias discrecionales a las provincias porque la mayoría tiene muchos meses de sueldos puestos a plazo fijos y le piden a la Nación para solventar gastos operativos. Para los mandatarios, perder esa caja, implica un problema muy severo.

Lo cierto es que Fernández no podía dejar de escuchar a los gobernadores ni a Cristina, y por ambos sectores habían pedidos para que Sergio Massa se incorpore al Gabinete y para que se hagan cambios en el elenco de Gobierno. Pero la corrida al dólar también había hecho mella en el equipo de gobierno y hacía falta tomar medidas.

La tranquilidad del dólar

Hoy el Gobierno y muchos analistas afirman que el dólar bajó porque el mercado aprobó la decisión de designar a Massa como un ministro de Economía con súper poderes. Pero esto no es así. Hay hechos externos e internos concurrentes que explican mejor el movimiento del dólar.

Esta semana la Reserva Federal aumentó 0,75% la tasa de referencia y la llevó a 2,25%, pero, además, se conoció que la economía norteamericana retrocedió un 0,9% en el trimestre y esto hace que, técnicamente, esté en recesión. Todo esto generó un movimiento que hizo que cayera el dólar en los mercados ante el resto de las monedas. Además, hubo un vuelco de capitales hacia bonos de mercado emergentes. Por esa razón también subieron los bonos argentinos.

En lo interno, el día jueves el Banco Central aumentó muy fuerte las tasas de interés. Las tasas crecieron 8% (800 puntos básicos) anual y generó una fuerte absorción atraído por rendimiento real cercano al 90%. Esto motivó la caída de dólar blue que el miércoles estuvo cerca de $350 y el viernes cerraba cerca de $295.

Esta aparente tranquilidad, de todos modos, no soluciona los problemas de escasez de dólares del Banco Central. Ni siquiera las medidas adoptadas para estimar a los sojeros a liquidar, estimular a los turistas extranjeros o los que castigan los consumos en el exterior. Lo cierto es que tenemos 12 tipos de cambio, pero no tenemos dólares.

El camino del ajuste

El escenario que encuentra a Massa es extremo. Con las tasas anuales cercana al 90% se va a generar una gran absorción tanto por el Tesoro, para cubrir gastos y deudas y el Banco Central para cubrir las Leliq. Si, además, se reduce la emisión monetaria, el escenario que se va a profundizar es el de estanflación. Es que se agudizará la recesión y la tasa de inflación seguirá elevada.

Pero lo faltantes de dólares no permitirán habilitar muchas importaciones y esto agravará la situación productiva y hasta generará trabas para las exportaciones. Todo parece llevar a un callejón sin salida: el ajuste de los gastos del Estado.

Estamos en un momento muy delicado. No tenemos dólares y la inflación ya está volando en torno al 100% anual. Ahora ya está claro que no se puede seguir inventando caminos que eviten bajar los gastos. La expectativa positiva que el mercado puede haber abierto se pueden derrumbar si no hay una respuesta que muestre una rebaja del gasto y posibilidad de comenzar a bajar impuestos.

Este es el motivo de preocupación de los gobernadores porque ya les han anticipado una reducción o eliminación de las transferencias discrecionales, que pesan 0,8% del PBI. Otro rubro que está en la mira son gastos de la política, tanto en Congreso como en otras dependencias. Estos gastos equivalen a los subsidios que se le quitarán a clase media por los aumentos de tarifas.

Otro sector que deberían atacar son los subsidios de las empresas públicas. Desde Aerolíneas Argentinas, que es la que más recibe, hasta una infinidad de empresas que requieren fondos y caen sobre las arcas del Tesoro.

Pero el problema de las transferencias discrecionales tiene un componente político complejo porque no las maneja el ministro de Economía sino el que son resorte del ministro del Interior y esto explica la forma del reparto que favorece a los amigos más ineptos, para que sigan administrando con ineficiencia.

El camino se cerró y Massa no tendrá más remedio que poner manos en el gasto del Estado y como el mercado está convencido que no hay otra alternativa, si en las primeras medidas no hay anuncios en concreto, el mercado hará sentir sus opiniones de forma muy dura.

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