Mendoza ante el desafío demográfico

La provincia atraviesa un cambio progresivo en su estructura demográfica, con una menor proporción de jóvenes y un crecimiento sostenido del peso de la población adulta y mayor.

Rodolfo Cavagnaro
Columnista de Memo

La caída de la tasa de natalidad y la mayor expectativa de vida nos muestra una tendencia al envejecimiento de la población Mendoza está atravesando una transformación silenciosa que puede terminar siendo mucho más profunda que cualquier ciclo económico. Cada vez nacen menos niños y, al mismo tiempo, las personas viven más años. El resultado es una provincia que lentamente cambia su estructura de edades: habrá menos jóvenes en relación con los adultos y una proporción creciente de personas mayores.

La transición demográfica en el país, con el aumento de la expectativa de vida, no solo ya es inevitable. Por el descenso brusco de la natalidad en la última década, ese proceso también se volvió "irreversible", según surgió durante un encuentro en el que coincidieron profesionales de la salud, investigadores y funcionarios. "La pregunta no es si la Argentina va a envejecer. Ya lo hizo"

Los datos ya muestran el cambio. Mendoza tenía 2.043.540 habitantes en el Censo 2022. La edad mediana era entonces de 32 años y había 53 personas de 65 años y más por cada 100 menores de 15 años.

Pero el indicador que mejor permite entender la magnitud del fenómeno es la fecundidad. La tasa global de fecundidad de la provincia cayó de 2,53 hijos por mujer en 2001 a 1,34 en 2023. Es decir, se encuentra muy por debajo del nivel de reemplazo generacional, estimado en alrededor de 2,1 hijos por mujer.

La cantidad de nacimientos acompaña esa tendencia. Entre 2014 y 2022 se redujo 41%, una de las mayores caídas entre las jurisdicciones argentinas. En 2024 Mendoza registró aproximadamente 18.500 nacimientos.

La diferencia respecto de una crisis económica coyuntural es fundamental: una recesión puede revertirse relativamente rápido; una transformación demográfica tarda décadas en construirse y, una vez consolidada, resulta muy difícil modificarla. También impactaron en forma positiva las campañas que se hicieron para prevenir el embarazo juvenil no buscado y, aunque no sea significativo, también contribuyo a esa baja de natalidad.

Menos niños, pero no necesariamente menos población. La caída de los nacimientos no significa automáticamente que Mendoza vaya a perder población en el corto plazo. La cantidad total de habitantes también depende de la mortalidad y de los movimientos migratorios.

Las nuevas proyecciones del INDEC, elaboradas sobre la base del Censo 2022, permiten justamente observar cómo interactúan esos tres componentes -fecundidad, mortalidad y migración- y proyectan la población de las provincias hasta 2040.Por eso, la pregunta importante no es solamente cuántos mendocinos habrá dentro de quince años.

El entrecruzamiento de datos poblacionales del Indec más datos previsionales de la Anses ubicó alrededor de 2050 el momento en el que se cruzaría la caída de los nacimientos con el aumento de las defunciones, de mantenerse una tendencia que los técnicos consideran "inevitable". En 20 años, para 2046, los mayores de 65 superarían en número a los menores de 15.

El gran desafío para Mendoza

La discusión debería comenzar antes de que los efectos sean evidentes en las estadísticas económicas. Las proyecciones oficiales del INDEC llegan actualmente hasta 2040.

Eso significa que existe una ventana de aproximadamente quince años para anticipar las consecuencias. La política pública debería comenzar a trabajar desde ahora sobre cinco grandes frentes: educación, empleo, productividad, previsión y cuidados La escuela será una de las primeras instituciones en sentir el cambio

La demografía tiene una característica particular: los cambios aparecen primero en determinadas instituciones y muchos años después llegan a otras. Menos nacimientos significan menos niños en los jardines maternales. Después, menos alumnos en las escuelas primarias. Una década más tarde, menos estudiantes secundarios. Y finalmente, menos jóvenes ingresando a las universidades y al mercado laboral.

Para Mendoza esto plantea una oportunidad y un problema. La oportunidad es que una menor cantidad de alumnos podría permitir mejorar la relación entre recursos educativos y estudiantes, reducir la presión sobre la infraestructura y concentrar esfuerzos en calidad. La pregunta será entonces qué hacer con escuelas, docentes y recursos cuando la cantidad de alumnos disminuya en determinadas zonas. Cada niño que no nace modifica la matrícula escolar de los próximos años. Cada cohorte pequeña que llega a la adultez modifica el mercado laboral veinte años después. Y cada persona que vive diez o veinte años más modifica las necesidades de salud, vivienda, transporte y cuidados.

El mercado laboral enfrentará el desafío inverso

Mientras las escuelas recibirán menos niños, el mercado laboral comenzará a recibir menos jóvenes. Esto puede convertirse en uno de los principales condicionantes del crecimiento económico de Mendoza. Pero también significa que la economía tendrá que encontrar formas de producir más con menos trabajadores. Será necesario aumentar la productividad. Tecnología, automatización, capacitación, inteligencia artificial, mecanización y nuevas formas de organización del trabajo pasarán a ser herramientas demográficas, además de económicas.

Una población envejecida no solamente demanda más servicios de salud. También modifica los patrones de consumo. Habrá mayor demanda de servicios vinculados con salud, bienestar, turismo, recreación, vivienda adaptada, asistencia domiciliaria, tecnología para adultos mayores, transporte y cuidados.

Esto abre oportunidades económicas. La denominada "economía plateada" puede convertirse en un nuevo sector de actividad. Mendoza tiene, además, una ventaja potencial: su oferta turística, gastronómica, sanitaria y recreativa podría adaptarse a un mercado creciente de personas mayores con capacidad de consumo. El envejecimiento, entonces, no debería ser visto exclusivamente como un costo. También puede convertirse en un mercado.

Por eso, el verdadero desafío de Mendoza no es simplemente tener más o menos habitantes. Es construir una provincia capaz de funcionar con "una estructura poblacional diferente". El futuro demográfico no llegará de golpe. Ya comenzó. Y la ventaja que tiene Mendoza es que todavía hay tiempo para prepararse.

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