Mendoza: de reclamar su independencia a regalar sus recursos

Mendoza pasó de incomodar con el "Mendoexit" a la posibilidad de ceder derechos para no molestar a nadie.

En menos de una semana, Mendoza pasó de levantar la bandera del "Mendoexit" a estar a punto de rendirse frente al lobby de las provincias vecinas y de Buenos Aires. De aquella necesidad de revelarse frente al poder central ante un atropello permanente de Nación, a ceder la potestad sobre sus propios recursos naturales. Todo esto, en el marco de la pelea por la que será la obra civil más importante de la historia en esta tierra: Portezuelo del Viento.

En lugar de reunirse bajo una misma bandera e insistir en la realización de la represa sobre el río más caudaloso que tiene Mendoza, las distintas fuerzas políticas -y las diferentes variantes de cada partido político- siguen dispersas y cada una propone una salida al conflicto. En algunos casos, implica que la provincia siga regalando unos 34 metros cúbicos (34.000 litros) por segundo de su río Grande, que le pertenecen, postergando el derecho de intervenir el cauce malargüino.

La dispersión es tal que, en la última semana, un sector del radicalismo llegó a sugerir un plan que fue denostado por este mismo partido anteriormente: no construir Portezuelo del Viento ante la resistencia de La Pampa y, en su lugar, invertir el dinero que debe depositar Nación para realizar proyectos de energías eólica y fotovoltaica. Justamente, una idea que propuso el mes pasado un diputado peronista, Gustavo Majstruk, por la que el gobierno castigó duramente al legislador sureño.

Resultó raro que algunos dirigentes radicales y hasta el propio Rodolfo Suarez sugirieran la posibilidad de postergar Portezuelo, a cuenta de que el gobernador había planteado la posibilidad de avanzar unilateralmente con la obra, indiferentemente de la postura que adopte el Coirco, el comité de cuenca del Río Colorado que integran Mendoza y otras cuatro provincias que atraviesa la cuenca. Dijo el mandatario que podría desconocer aquel acuerdo y construir y llenar el dique con un caudal no mayor a 34m3 por segundo.

Sin embargo, apareció un plan B (o A para algunos): usar los 1.000 millones de dólares que le debe Nación a Mendoza para otros proyectos, algunos hidroeléctricos, como en Uspallata. Sin embargo, así la provincia seguiría sin utilizar el recurso hídrico que le pertenece en el río Grande; es más: si se descarta Portezuelo del Viento, también se estarían postergando otras cuatro represas diagramadas sobre el mismo cauce.

En este contexto, el objetivo inmediato debería ser destrabar la situación en el Coirco, no sólo por Portezuelo, sino también por las otras represas que vendrían (La Estrechura, Risco Negro, El Seguro y Bardas Blancas) y que incluso se podrían financiar con el dinero de la venta de energía que generará el primer dique. En esta línea, hubo algunos avances del Gobierno, logrando que algunas provincias se diferencien de la postura intransigente de La Pampa.

La semana pasada, Memo contó que luego de distintos encuentros virtuales entre el ministro Víctor Ibañez y representantes de las otras provincias del Coirco (La Pampa, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires), dos de ellas manifestaron voluntad de que Portezuelo del Viento se concrete, bajo algunas condiciones que podrían evaluarse: Río Negro y Neuquén pidieron darle facultades sancionatorias al Coirco; realizar un nuevo informe de impacto ambiental, permitiendo que éste sea un resumen de los dos anteriores; y no adjudicar la obra hasta tanto se sorteen las diferencias en el seno del comité de cuenca.

De esta manera, La Pampa quedaría cada vez más aislada, más aún si Buenos Aires adopta una postura similar a la de Neuquén y Río Negro. En este punto, el gobernador Suarez encontraría en Anabel Fernández Sagasti una gran aliada: años atrás, la senadora nacional del Frente de Todos dijo que, tal como estaba diagramado, Portezuelo del Viento beneficiaría especialmente a los bonaerenses; eso, que en su momento generó malestar en Mendoza, ahora podría abrir la puerta a un acompañamiento de Axel Kicillof.

¿Le pidió Suarez a Fernández Sagasti que interceda ante el gobernador bonarense? Por el momento no. Tampoco hubo un ofrecimiento en el sentido inverso.

Esto deja entrever otra falencia de Mendoza frente al principal detractor de Portezuelo del Viento: La Pampa. En esa provincia, sin importar el color política, la resistencia a la obra es unánime y todos trabajan desde el lugar que le corresponda para ello. Sin embargo, aquel lobby mendocino que se plasmó en otras épocas, especialmente en el Congreso, hoy no existe. Ya sea por color político o por factores territoriales, Mendoza carece de una unión multipartidaria incluso en cuestiones de Estado, como esta. 

En medio de todo esto, Mendoza pasó de incomodar con el "Mendoexit" a la posibilidad de ceder derechos para no molestar a nadie.

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