Mendoza, mucho más que Malbec: diez vinos para explorar nuevos terruños

Malbec de viñedos centenarios, Criolla Chica, Semillón, Bonarda y Cabernet Franc son parte de una recorrida por etiquetas que muestran cómo la vitivinicultura mendocina amplió sus horizontes y encuentra nuevas formas de expresar el origen, los suelos y la identidad de cada lugar.

Ignacio Borrás

 Durante mucho tiempo hablar de vino mendocino parecía conducir inevitablemente a los  mismos lugares: Malbec, altura y algunas pocas regiones que concentraban buena parte de la conversación. Nada de eso perdió importancia, pero alcanza con mirar lo que hoy llega a la copa para descubrir que el mapa se volvió bastante más amplio.

La vitivinicultura mendocina atraviesa un momento particularmente interesante. Conviven viñedos históricos con proyectos que buscan entender cada parcela con mayor precisión; variedades que durante años ocuparon un segundo plano recuperaron protagonismo y zonas tradicionales volvieron a ser observadas con otros ojos. Al mismo tiempo, el conocimiento sobre los suelos, las distintas formas de crianza y una búsqueda cada vez más precisa del origen abrieron caminos que hace algunas décadas resultaban difíciles de imaginar.

También cambiaron muchas de las conversaciones alrededor del vino. Hoy importa saber de qué lugar proviene una botella, pero también qué sucede dentro de un mismo viñedo.

Volvemos a hablar de plantas centenarias, de variedades que durante años estuvieron prácticamente olvidadas y de regiones históricas que demuestran que todavía tienen mucho para ofrecer. Y mientras todo eso sucede, nuevas generaciones de consumidores comienzan a descubrir que el vino argentino puede adoptar formas muy diferentes sin necesidad de alejarse demasiado en el mapa.

Incluso el Malbec, omnipresente en Mendoza, dejó hace tiempo de ofrecer una única lectura.

Una misma variedad puede mostrar perfiles completamente distintos dependiendo de dónde esté plantada, de la edad de las plantas o de las decisiones que se tomen durante su elaboración. Quizás ahí se encuentre una de las partes más atractivas del momento actual: cuanto más creemos conocer al vino mendocino, más razones aparecen para seguir explorándolo.

Los diez vinos elegidos para esta recorrida permiten asomarse a una parte de esa diversidad.

Hay Criolla Chica y Bonarda, Cabernet Franc y Semillón; hay Malbec proveniente de viñedos viejos, diferentes tipos de suelo y lugares tan distintos como Las Compuertas, Vistalba, Barrancas, Vista Flores o Gualtallary. También hay cinco bodegas con historias, tamaños y maneras diferentes de entender el vino.

Mendoza, mucho más que Malbec: diez vinos para explorar nuevos terruños

Finca Flichman Expresiones Barrancas 2023

OPINIÓN PERSONAL: Me resultó especialmente interesante encontrar en este vino una expresión diferente de Barrancas, construida a partir de Syrah, Cabernet Sauvignon, Ancellotta, Petit Verdot y Cabernet Franc. Es un corte poco habitual que desde el comienzo despierta curiosidad y que en nariz despliega frutas negras maduras, ciruelas, especias y un sutil perfil balsámico que le aporta complejidad. En boca tiene buen volumen, taninos amables y una frescura que sostiene muy bien el recorrido, mientras las distintas variedades aparecen perfectamente ensambladas sin que ninguna busque imponerse sobre el resto.

También me gustó la forma en que está trabajada la crianza. El 50% pasa diez meses en barricas usadas de 500 litros y la otra mitad permanece en tanques de concreto, para luego completar seis meses en botella. El resultado permite percibir el aporte de la madera sin que esta termine condicionando la expresión del vino.

Lo elegí para esta selección porque logra poner nuevamente la mirada sobre Barrancas desde un lugar diferente. En una Mendoza donde muchas veces las novedades parecen venir únicamente de nuevas zonas, encontrar una propuesta así nacida en uno de sus terruños históricos también resulta una buena razón para prestar atención.

Finca Flichman Single Parcel Gualtallary Malbec

OPINIÓN PERSONAL: Gualtallary se convirtió en uno de los nombres más reconocidos del Valle de Uco y este Malbec de Finca Flichman es una buena oportunidad para descubrir qué puede ofrecer la bodega cuando pone el foco exclusivamente en ese origen. En nariz tiene una expresión muy atractiva, con frutos rojos, violetas y un costado herbal que aparece de manera sutil, acompañado por algunas notas minerales que terminan de darle profundidad. No necesita demasiadas vueltas para mostrar de qué se trata y eso fue justamente una de las cosas que más disfruté.

En boca encontré un Malbec de muy buena tensión, preciso, con una textura firme y una acidez que le da energía de principio a fin. Sus doce meses de crianza en foudres usados de roble francés de 2.000 litros están muy bien aprovechados: no hay una presencia evidente de la madera y el protagonismo queda puesto sobre el vino y su procedencia.

Me gustó especialmente porque ofrece una versión del Malbec alejada de la concentración y la sobremadurez, con un perfil más vertical y definido. Dentro de una variedad que conocemos muchísimo y de la que probamos innumerables interpretaciones, todavía encontrar etiquetas capaces de mostrar matices propios es una de las razones por las que Gualtallary continúa siendo un lugar tan interesante para seguir de cerca.

Riccitelli Viejos Viñedos en Pie Franco Malbec 2023

OPINIÓN PERSONAL: Detrás de este Malbec hay un dato imposible de pasar por alto: nace de antiguos viñedos en pie franco de Las Compuertas, plantados entre 1920 y 1940, y de Vistalba, donde todavía sobreviven plantas que datan de 1908. Una historia enorme detrás de la botella, pero que cobra verdadero sentido cuando el vino llega a la copa.

En nariz se muestra profundo y cambia mucho con el paso de los minutos. Aparecen cerezas maduras, violetas, grafito y un interesante registro terroso, junto con algunos recuerdos de tabaco que terminan completando un perfil complejo. En boca tiene estructura y carácter, con taninos finos, una textura envolvente y un recorrido pausado que permite descubrir diferentes capas. Sus 16 meses en barricas de roble francés de distintos usos están bien integrados y aportan algunos matices tostados sin adueñarse del conjunto. El final tiene muy buena duración y deja una sensación seria, con mucho por mostrar todavía.

Es uno de esos Malbec que vale la pena tomar sin apuro y prestándole atención a cómo evoluciona en la copa. Lo recomiendo no solamente por el valor histórico de los viñedos que le dan origen, sino porque detrás de esa historia hay un vino con profundidad y carácter suficientes para sostenerla. Y eso, finalmente, es lo verdaderamente importante.

Riccitelli Viñedos en Pie Franco Semillón 2024

OPINIÓN PERSONAL: Tengo que reconocer que con el Semillón nunca soy del todo imparcial.

Es probablemente la variedad blanca que más disfruto y, por eso mismo, también una de las que más expectativas me genera cada vez que aparece una nueva botella. En este caso, Matías Riccitelli trabaja con viejos viñedos en pie franco, plantados durante las primeras décadas del siglo XX, y consigue un vino que me recordó por qué esta cepa ocupa un lugar tan especial entre mis preferencias.

La nariz es delicada al comienzo, pero rápidamente empieza a abrirse y aparecen notas de pera, cáscara de limón, manzanilla y un recuerdo de almendras frescas. Hay también un componente floral muy sutil que termina de completar un conjunto lleno de matices. Pero donde realmente me conquistó fue en boca: tiene una textura sedosa, casi cremosa, que contrasta con una marcada vivacidad y le permite avanzar con muchísima precisión. Los cinco días de contacto con las pieles y la fermentación en foudres de roble francés aportan dimensión sin quitarle definición. El final es profundo, con un dejo cítrico y ligeramente salino que permanece y obliga a detenerse un instante antes del siguiente sorbo.

Hay algo en los grandes Semillón que siempre me resulta difícil de explicar únicamente a través de aromas y sabores. Tienen una combinación particular de delicadeza y carácter, además de una capacidad extraordinaria para transformarse con el tiempo. Este vino tiene esas cualidades y también esa rara virtud de hacerme pensar que la botella que estoy disfrutando hoy probablemente tenga todavía otras historias para contar dentro de algunos años. Para alguien que tiene al Semillón entre sus debilidades, encontrar uno así es una muy buena noticia.

Durigutti Proyecto Las Compuertas Criolla Chica

OPINIÓN PERSONAL: Durante mucho tiempo la Criolla Chica estuvo ahí, formando parte de nuestra vitivinicultura sin recibir demasiada atención. Por suerte eso cambió y hoy son varios los productores que decidieron volver a mirarla con otros ojos. Dentro de ese camino, la interpretación que propone Durigutti desde Finca Victoria, en Las Compuertas, es una de esas botellas que ayudan a entender por qué esta variedad recuperó un lugar que nunca debería haber perdido.

En nariz tiene una expresión muy particular, con frutillas frescas, granada y algunos recuerdos de hierbas silvestres que le aportan un costado diferente. En boca cambia completamente el registro respecto de muchos tintos mendocinos: es ágil, jugosa y de cuerpo ligero, con taninos delicados y una sensación crujiente que la vuelve especialmente atractiva. La maceración en frío es breve y la crianza de apenas tres meses en huevo de cemento sin epoxi parece pensada justamente para intervenir lo menos posible y conservar esa impronta.

Lo que más disfruté es que no necesita concentración ni potencia para hacerse notar. Tiene otra forma de llamar la atención, apoyada en la sutileza, en la fluidez y en una expresión franca de la variedad. Es un vino que también demuestra cuánto se amplió el horizonte del vino argentino cuando comenzamos a recuperar parte de aquello que siempre estuvo frente a nosotros. Y si todavía hay alguien que sigue asociando a las criollas únicamente con vinos simples y sin demasiadas pretensiones, esta botella puede ser una muy buena manera de empezar a cambiar de opinión.

Durigutti Proyecto Las Compuertas Malbec Cinco Suelos

OPINIÓN PERSONAL: Cinco sectores de un mismo viñedo, cinco perfiles de suelo y una sola variedad. Esa es la idea detrás de este Malbec que Durigutti elabora en Finca Victoria, Las Compuertas, combinando parcelas con suelos franco arcilloso, franco limoso, franco pedregoso, franco arenoso y franco con canto rodado. La propuesta despierta curiosidad desde lo técnico, aunque lo verdaderamente interesante empieza cuando el vino llega a la copa.

En nariz aparecen moras, arándanos y algunas notas de tomillo, acompañadas por un recuerdo de cacao amargo que se percibe con mayor claridad después de unos minutos. En boca tiene una entrada firme, buena concentración y taninos de grano fino, pero conserva una agilidad que hace que el paso resulte dinámico y nunca excesivo. Los ocho meses de crianza en huevos de cemento sin epoxi permiten que esa combinación se muestre sin interferencias de la madera y con mucha nitidez.

Después de probar tantos Malbec a lo largo de los años, encontrar nuevas maneras de acercarse a la variedad siempre resulta estimulante. En Cinco Suelos me gustó que existe una idea detrás de la botella, pero que uno no necesita conocerla para disfrutar lo que tiene enfrente. Se puede hablar de parcelas, composición y perfiles de suelo, pero al final la recomendación aparece por algo bastante más concreto: es un Malbec con identidad, muy bien definido y con suficientes matices como para mantener el interés desde la primera hasta la última copa.

DiamAndes Cabernet Franc

OPINIÓN PERSONAL: Este Cabernet Franc de DiamAndes fue uno de esos vinos que disfruté desde el primer momento. En nariz tiene mucha presencia, con notas de cassis y frambuesas que rápidamente se combinan con pimienta negra, algunas hierbas frescas y un delicado recuerdo de cedro. Con el paso de los minutos aparecen nuevos matices y la copa se vuelve cada vez más interesante, sin perder nunca ese perfil tan reconocible de la variedad.

En boca muestra intensidad y una estructura importante, pero lo que más me gustó fue la forma en que la fruta convive con un carácter especiado que vuelve a aparecer durante el recorrido. Los taninos están presentes y aportan firmeza, mientras que hacia el final surge una sensación mentolada que prolonga el paso y le da un cierre muy particular. Los doce meses en barricas de roble francés, con un 30% de primer uso, aportan algunos recuerdos propios de la crianza, aunque sin llevar al vino hacia un perfil dominado por la madera.

Hay Cabernet Franc que seducen desde su costado herbal, otros desde la fruta y algunos desde su estructura. En este encontré un poco de cada cosa, pero sin que ninguna termine llevándose todo el protagonismo. Esa combinación fue justamente lo que terminó convenciéndome y lo que hizo que, entre varias botellas probadas, esta fuera una de las que quise volver a servir.

DiamAndes Grande Réserve 2020

OPINIÓN PERSONAL: Esta fue mi primera experiencia con los vinos de DiamAndes y Grande Réserve 2020 terminó siendo una excelente carta de presentación para descubrir el trabajo de la bodega y de su enólogo, Ramiro Balliro. El corte está compuesto por Cabernet Sauvignon (45%), Malbec (41%), Cabernet Franc (10%) y Petit Verdot (4%), cuatro variedades que encuentran en esta cosecha una convivencia realmente lograda.

En nariz se muestra expresivo y complejo, con ciruelas rojas, grosellas y especias dulces, seguidas por notas de chocolate amargo, café y un sutil recuerdo de vainilla. En boca tiene amplitud y profundidad, con una textura pulida y taninos maduros que acompañan un paso largo y consistente. Los 18 meses en barricas de roble francés, con un 50% de primer uso, tienen una presencia perceptible, como es lógico, pero están muy bien incorporados y acompañan la intensidad del vino sin desdibujarlo.

Hay un trabajo de precisión que me parece especialmente destacable. Combinar cuatro variedades, una crianza prolongada y una proporción importante de madera nueva podría fácilmente inclinar la balanza hacia alguno de esos elementos. Acá sucede lo contrario: cada parte parece ocupar el lugar que le corresponde y el resultado se siente cohesionado. Fue una muy grata manera de conocer DiamAndes y también de descubrir el trabajo de Balliro, un enólogo al que, después de probar estos vinos, definitivamente voy a empezar a seguir con mayor atención.

Enrique Foster Edición Limitada Malbec 2022

OPINIÓN PERSONAL: Hay vinos que desde el primer acercamiento dejan en claro que fueron pensados para jugar en un registro de mayor intensidad. Este Malbec de Vista Flores es uno de ellos. Sus 18 meses en barricas nuevas de roble, seguidos por otros 12 meses de estiba en botella, anticipan un estilo definido que después encuentra bastante correspondencia cuando finalmente llega el momento de servirlo.

En nariz aparecen frutos negros, higos y violetas, acompañados por notas de moka, vainilla y un recuerdo de tabaco dulce que evidencia su paso por madera. En boca es amplio, concentrado y de textura carnosa, con taninos maduros que sostienen el conjunto y una presencia que se mantiene durante todo el recorrido. La crianza tiene protagonismo, sería difícil que no lo tuviera después de 18 meses en roble nuevo, pero la fruta tiene suficiente intensidad para acompañarla y evitar que el vino quede construido únicamente alrededor de la barrica.

Me gustó especialmente que Enrique Foster tenga una idea muy clara detrás de esta etiqueta.

Hay intensidad, concentración y una crianza importante, pero también un vino capaz de sostener cada uno de esos elementos. Edición Limitada 2022 representa una interpretación del Malbec que apuesta por la profundidad y el tiempo, algo que se refuerza con los doce meses adicionales de estiba antes de salir al mercado. Una producción de apenas 10.000 botellas que encuentra en esta cosecha argumentos de sobra para ocupar un lugar entre los recomendados.

Enrique Foster Firmado Bonarda

OPINIÓN PERSONAL: La Bonarda es una variedad a la que siempre vale la pena volver. Durante muchos años quedó inevitablemente a la sombra del Malbec, pero etiquetas como Firmado muestran que tiene argumentos propios de sobra cuando se la trabaja con ambición. En este caso, Enrique Foster propone un vino que desde el comienzo muestra un perfil atractivo y que fue ganando mi atención a medida que avanzaba la copa.

En nariz aparecen guindas, frutillas maduras y un delicado recuerdo floral, acompañados por pimienta blanca y algunas notas de chocolate aportadas por la crianza. En boca tiene una entrada envolvente y un paso jugoso, con taninos redondos y una fruta que permanece presente durante todo el recorrido. Los 18 meses en barricas de roble francés aportan matices y complejidad, mientras que los posteriores 12 meses de estiba en botella ayudan a que todo se muestre bien integrado.

Lo que más me gustó de Firmado es que conserva ese costado amable y sabroso que disfruto de la Bonarda, pero lo lleva hacia un vino con mayor elaboración y profundidad. No intenta parecerse a otra variedad ni necesita hacerlo para ganar protagonismo. Después de probarlo me quedó algo mucho más valioso que una buena impresión: me dieron ganas de seguir descubriendo Bonardas. Y para mí, cuando un vino consigue despertar nuevamente el interés por una cepa, ya tiene un gran argumento para recomendarlo.


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